Los que regresan, de Javier Peñalosa M., es el primer volumen de la serie Alberca vacía, colección Presente, que reúne libros de poesía con vocación nó poemas para ser leídos en plazas, banquetas, cafés y jardines. Obsesionado con el pasado acuático de la Ciudad de México, Peñalosa propone un recorrido imaginario por un territorio de ríos entubados; una ciudad en la que el concreto aleja el agua de la gente y de los animales. Los que regresan es un relato a muchas voces, un diálogo con los muertos, una invocación a lo que desaparece (o cambia de lugar). Javier Peñalosa M. nació en la Ciudad de México en 1981. Escribe guiones para cine y televisión, libros para niños y poesía. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y del FONCA, en la categoría Jóvenes Creadores. Vivió en Nueva York, donde estudió una maestría en la Universidad de Nueva York (NYU) e impartió cursos y talleres. Su trabajo poético ha sido publicado en Aviario (Tintanueva, 2005), Los trenes que partían de mí (Ediciones Sin Nombre, 2010), y en algunas antologías, incluyendo Arbitraria. Muestrario de poesía y ensayo (Ediciones Antílope, 2015). Los que regresan Javier Peñalosa M. Colección Presente, México, 2016, 88 págs.
Me lo recomendaron varias veces y al final sucumbí sólo para enamorarme de él. ¡Qué espléndido libro! Sin duda uno de los mejores hallazgos de este año. Habrá que seguirle la pista muy de cerca.
Hay inquietud en el acero oxidado de los puentes, en su manera de suspenderse sobre el agua que pasa. Un puente no es la unión de dos orillas, un umbral no es una puerta. La inmovilidad está viva en la corteza de los árboles.
En este cuerpo hubo años, palabras, oscilación. La tarde en que murió mi padre caminé entre la gente.
Cuando cierras los ojos al hablar imagino que vienes del abismo a tus palabras, que vienes de la oscuridad a la luz doméstica de los cuerpos.
Cuando cierras los ojos, tus palabras son sombras que se alargan por la recámara, más allá de la puerta, y más allá todavía, hacia la calle. Sombras que se alargan sin romperse.
Mas nunca se sabe lo que se está mirando por última vez. Toda hora es despedida.
Un poemario sobre ríos y el reclamo de volver a retomar sus cauces. El agua no olvida sus caminos. También es sobre personas queridas que vuelven a través del recuerdo. Uno es el camino trazado/andado y las personas queridas.
"Los paisajes no conservan lo que sucede en su extensión. Un cauce no guarda el agua corriente del río; las piedras no retienen los musgos, no guardan el vuelo de los pájaros que pasan, no acumulan las sombras. Pero detrás del cerro, el cerro. Y el cauce era una cuenca vacía. Por aquí el agua, dijo. Y señaló como un dios torpe una hondonada seca."
"Nosotros queremos llegar al lugar que nos llama. Pero seguimos un camino trazado en la memoria y nuestra línea recta es espiral."
"Así lo que creímos evidente nos abandonó en la madrugada. O no sabemos si apresuró el paso, si esa claridad está rezagada o si viaja con ellos, si la robaron. Si la volveremos a ver."
"También ellos tienen sed, dijo. Y son el corazón dolido de alguien."
"No sabemos si estamos yendo o vamos de vuelta. Somos las palabras que van a llagar. Y decidimos hablar en voz alta, no dejar caer la voz, mantenerla como una flama. Y repetimos una y otra vez: el agua que se va debe volver, el agua que se va debe volver."
04/03/2025: Ya pasaron más de dos años y sigo pensando en este libro y por qué le habré dado 3 estrellas nunca sabré, cambio.