Detenerse a observar es la actividad predilecta del poeta Fabio Morábito. En la quietud, en el silencio, en la atención total se gesta el poema. La persona a la que alude el título de este libro, Alguien de lava, es ese testigo detenido (y que, como la lava, está por petrificarse) que mira las cosas que suceden. Y las cosas no es una mera generalización, sino al es las cosas mismas, los objetos, las menudencias con que la vida se adereza. Los poemas de Morábito comienzan con lo particular (el microscopio) y poco a poco se esponjan, se expanden con la ayuda de una sabiduría dúctil y terminan en lo universal (el telescopio).
Muchos dicen que la literatura intimista es un espacio exclusivo de las mujeres que escriben pero esta obra hace que esa afirmación sea un mito. Si alguien aún duda o esquiva la poesia, denle al género una oportunidad con esta obra.
Nunca deja de pasmarme la cotidianidad y domesticidad de la poesía de Morábito, siempre tan bella, tan necesaria para sanar las heridas con esa saliva milagrosa que es su palabra.
viendo mis huellas que se imprimen en la arena, pienso que esas pisadas mienten, que ya no piso así desde hace no sé cuándo; son huellas de otro que sobrevive en mis pisadas, pues las mías son mucho menos elocuentes. Tú, en cambio, que me ves completo e indivisible, sabes mejor que nadie cómo soy mortal, cómo mis huellas en la arena me describen y cómo se plasma en ellas lo que soy, sabes mejor que nadie cómo no escucharme.
¡Qué preciosidad de libro! Su transparencia, sencillez, música... su música sobre todo, pero también su sencillez, su transparencia y, debajo de todo eso, su serena profundidad.
"y los que quieren caminar sobre la lava se paran en el borde y estudian la conformación rocosa que tiene un sinsabor de océano dividido y un aire de ser piedra sólo en las orillas, aunque tal vez todas las piedras son de lava y no han dejado de enfriarse, e imperceptibles círculos y rasgos interiores, si conociéramos el arte de abrir piedras, nos mostrarían la lentitud de su convalescencia"
«Hay que prestar oído, cerrar el libro que leíamos y unirnos a ese rezo; no levantarnos a cerrar la puerta, sino quedarnos quietos y oír, oír hasta sacarle alguna música al crujido.» Fabio Morabito