Diversas son las corrientes del tebeo que han explotado el realismo cotidiano y cercano de sus presentes, desde las revistas de humor gráfico de nuestro país hasta el comix underground norteamericano. La escena francobelga no es ajena a este tipo de tebeos y, en los últimos años, Joann Sfar los ha cultivado de forma bastante prolífica a través de sus diarios y reflexiones. Sin pertenecer abiertamente al plano autobiográfico, como tantas otras obras del género, es difícil no ver en el Seaberstein de
No tienes nada que temer de mí
a un cierto alter ego del autor (sobre todo considerando sus altibajos sentimentales). Acaso por disimularlo, la obra opta por un doble protagonismo: el pintor obsesionado, medio perdido y en busca de inspiración; y la musa desinhibida e independiente.
Argumentalmente, el cómic recorre todos los caminos esperables de este tipo de historias: la fascinación y enamoramiento repentinos; el coqueteo y cuestionamiento juguetón de los motivos para la relación; el sexo como lubricante de una pareja que nunca acabará bien... No hay espacio para la sorpresa, por lo que el interés de la obra recae en los diálogos y reflexiones de los protagonistas sobre el amor, la creación artística, la religión o la vida en general. Un interés ciertamente escaso cuando resulta en Sfar siendo la voz de casi todos sus personajes, como un monólogo dialogado con cierta tendencia onanista que dice más del autor que de los temas que trata. Pero no siendo esto un ensayo sino un tebeo, Sfar sabe apoyarse en su muy reconocible arte (con un bellísimo contraste de calidez y frialdad en la paleta de colores planos de Brigitte Findakly) y quien guste de su estilo encontrará aquí un recital tanto figurativo como simbólico con una estilización siempre cambiante.
No tienes nada que temer de mí
es, pues, "la comedia romántica francesa del año" que aterriza en nuestras carteleras dos o tres veces al año, con un apartado artístico muy personal y una manera de mirar al mundo y a las mujeres (el pintor nunca llama a la coprotagonista por su nombre, sino por el de una famosa actriz y modelo que se le parece) que solo define el momento vital en que estaba sumido Sfar cuando el tebeo se publicó originalmente, en 2016. No en vano, del mismo año es su cuaderno de terapia Si yo fuera una mujer, me casaría conmigo.