Pocos saben que, antes del asesinato del candidato a la presidencia en el norte de México hace algunos años, se efectuó otro atentado en su contra en una ciudad distinta del Pacífico. Este hecho significativo no habría sido olvidado si no es porque en ese periodo el país observó el levantamiento de la guerrilla y sufrió otra debacle económica. Entre los que lo recuerdan está Jorge Macías, un sicario receloso, traicionado por su amante y su mejor amigo, y hábil manipulador de un sistema al que sirve con rencoroso cinismo. A medida que Macías se interna en un territorio que se disputan narcotraficantes y policías judiciales, y evade a los guardespaldas de su objetivo, va descubriendo que varias conspiraciones pueden coincidir en un solo hombre de manera simultánea. Asediado en una ciudad hostil, está por comprobar si en verdad le es útil el singular código que se impone a sí mismo y que le ha valido el sobrenombre de El Europeo, entre otras cosas, por la precisión con que cumple sus contratos.
Élmer Mendoza (*Culiacán, Sinaloa, México, en 1949) es un escritor mexicano. Además de dramaturgo es también autor de tres volúmenes de cuentos: Mucho qué reconocer (1978), Trancapalanca (1989), El amor es un perro sin dueño (1992); y de dos de crónicas sobre el narcotráfico, Cada respiro que tomas (1992) y Buenos muchachos (1995). Imparte en la actualidad cátedra en la Universidad Autónoma de Sinaloa y es un incesante promotor de la lectura e instituciones culturales. Afirma que: "Ha llegado un momento en el que la violencia no nos sorprende como antes". Desde su primera novela, Un asesino solitario (publicada en la colección Andanzas en 1999 y reimpresa en Fábula en 2001), Élmer Mendoza se había dado a conocer, a juicio de Federico Campbell, no sólo como “el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país”, sino también como autor de una aguda y vivaz exploración lingüística de los bajos fondos mexicanos, convertidos en rigurosa materia literaria. Élmer Mendoza es nativo de la colonia popular en la ya mencionada ciudad de Culiacán, lugar del que hace menciones y ambientaciones comúnmente en sus obras, cómo lo podemos apreciar en Un asesino solitario, y con mayor regularidad en El amante de Janis Joplin, bajo el seudónimo de Col Pop, Efecto Tequila y Cóbraselo Caro. En noviembre de 2007 ganó el III Premio Tusquets de Novela, por decisión unánime del jurado por su obra Balas de Plata, el que se le otorgó durante el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, México. En 2010 publicó el libro "La prueba del ácido" bajo la colección andanzas de Tusquets Editores donde retoma al personaje de Edgar "El Zurdo" Mendieta, quien también protagonizó su novela "Balas de Plata".
Una novela trepidante que narra, desde la perspectiva de su protagonista, Jorge Macías, un recorrido por ciertos días de 1994 cuando Luis Donaldo Colosio era candidato del PRI a la Presidencia de la República.
Jorge Macías, "El Yorch", antiguo guarura culichi en Los Pinos, se ha quedado sin trabajo a finales de 1993. Su jefe, el Jefe H, estaba convencido que, durante el último año de gobierno, el Presidente solo tendrá que inaugurar hospitales, puentes, escuelas y sonreír para la foto.
Sin embargo, en los primeros días de enero, el Veintiuno se pone en contacto con El Yorch para pedirle que le dé piso a un bato. ¿En cuánto se cotiza el jale? En la friolera de medio millón de (aquellos) dólares. ¿Dónde debe ocurrir todo? En Culiacán. ¿Quién es la víctima? El propio candidato Barrientos (Colosio) que pasará por Culiacán antes de seguir su campaña por Tijuana y pisar Lomas Taurinas.
Esta fue la primera novela de Élmer Mendoza y sirvió, como ninguna otra, para poner el habla, la cultura y la idiosincrasia sinaloense en el mapa literario de nuestro país y el Mundo. Un ejercicio monumental de técnica narrativa que nos acerca al flujo de conciencia de Faulkner y de Joyce, "Un asesino solitario" es una radiografía de los bajos fondos que retratara Héctor Aguilar Camín en "La guerra de Galio", desde la perspectiva de los que hacen el trabajo sucio y jalan del gatillo. ¿Su único contra? El cierre es un poco rosa con el héroe romántico haciendo acto de presencia a lo largo de la arista en que se cruzan los destinos: un final que hubiera entusiasmado a Schelling, a Hölderlin o a Goethe; pero que desentona ligeramente aquí.
Había regresado a clases de francés en la Alianza Francesa, en Monterrey, con la intención de presentar el examen para obtener el diploma de ese idioma, tenía años de no estudiarlo ni practicarlo así que el pronóstico era un rotundo fracaso.
Entre mis compañeros, estaba alguien unos años mayor que yo que yo imaginaba que leía como desesperado porque cada sábado que teníamos clase llevaba un libro diferente.
De todos los que llevó solo de este me acuerdo, por la portada, por el tema que nos cimbró a todos como país cuando sucedió, y porque según yo, fue el único que dio de qué hablar con el profesor de la clase, Thierry.
Me leí otros de Mendoza: El amante de Janis Joplin, Efecto Tequila y Cóbraselo caro, y en ese entonces opinaba que así debía escribirse, Saramago había ganado el Nobel de Literatura no hacía mucho, y ese estilo que había descubierto en el portugués, me hacía sentido a la hora de trasladarlo al lenguaje mexicano.
Es como si Mendoza hubiera ido hacia su literatura desde Rulfo y pasando por Saramago con la mera intención de otorgarnos personajes literarios que pudieran permear la realidad de una manera verosimil y duradera.
En Un asesino solitario encontramos uno de los primeros ejemplos literarios que se acerca a desesntrañar los vínculos del poder económico y político del estado y las personas de poder junto con la delincuencia organizada y el narcotráfico: la segunda no podría ser sin la primera.
Más allá de si la novela logra captar el habla popular, Mendoza entiende que es ficción y no una etnografía, decide crear personajes creíbles dentro de universo del libro y no ir más allá, conciente, quizá, de que esa es la mejor manera de aprehender la realidad que cada vez se vuelve más tétrica y sangrienta.
Este 23 de marzo recordé que tenía el libro a mano y sin pensarlo comencé a leerlo, en poco tiempo le había avanzado suficiente como para decidir terminarlo, ya que si algo tiene bien dominado Mendoza es cómo escribir bien, conciso, preciso, selectivo en su elección de lenguaje para que un lector pueda adentrarse en la trama sin perderse o distraerse.
Elmer Mendoza será siempre recordado como el autor que da el banderazo de salida para la llamada nueva narrativa del norte: la literatura de la frontera donde narcos y migrantes dan voz a través de sus páginas a una región azotada por la violencia institucional.
Y es precisamente dentro de la obra de Élmer Mendoza que un “Asesino Solitario” da inicio a la búsqueda de una literatura ajena a los chilangos y su manía por asumirse como el ombligo de México.
O al menos dentro del mainstream porque estoy seguro que si lo rascamos vamos a encontrar algunos antecesores.
En términos generales es amena, original, divertida y al mismo tiempo logra captar la idiosincrasia norteña a través de un protagonista picaresco. Y además lo hace usando como telón de fondo un contexto histórico muy noventero: la candidatura de Colosio y el levantamiento del EZLN.
El resultado es uno de esos libros que se adelantan a su época y que utilizan el humor para poner el dedo en llaga.
El gran contra es que el fenómeno del narco, como la hidra de mil cabezas, se ha vuelto tan grotesco y gore que quizás esa risa pilla a la que intenta hacer alusión Mendoza se sienta un poco demasiado fuera de lugar dado el contexto actual.
Aún así a largo plazo creo que este libro quedará para la historia por ser el parteaguas de un universo literario que apenas comienza a dar frutos: David Toscana, Cristina-Rivera Garza, Eduardo Antonio Parra, Luis Humberto Crosthwaite o incluso en su vertiente transfronteriza Cormac Mccarthy y Jeanine Cummins.
Un asesino solitario va recreando en su narrativa una realidad con nombres, apellidos y fechas dando su propio estilo de novela del narcotráfico con tintes detectivescos y elementos policiacos. En esta novela cada personaje tiene su referente en el acontecimiento del asesinato del 94: Colosio como Barradas, Cuauhtémoc Cárdenas como Cardona y Marcos como Lucas. El personaje principal, Jorge "El yorch" Macías es un claro ejemplo del criminal profesional muy usado en la época de los noventa en México como medio de control y represión. Todos estos elementos realistas en las obras de Mendoza se vuelven objetos estéticos para el análisis de una literatura llena de eventos violentos resultados de una ficción histórica-política. La función de esta obra no es aclarar los hechos por medio de la ficción, sino mostrar el ambiente oculto de la cultura política y de la cultura de la violencia en México, donde los personajes del poder son los ejecutores y personajes como Jorge Macías son los actores que sirven como instrumento para mantener el control y como consecuencia traen un ambiente reprimido y aterrorizado.
Increíble manera de narrar, desde el 50% del libro en adelante es imposible dejar de leer , hay que saber que sucede con este personaje! Todo es tan móvil, Increíble lo que trasmite, tiene mucha acción.
El miércoles platicamos con Élmer Mendoza en una video llamada, ya en el pasado había leído uno de sus libros del Zurdo y escuchado otro. Me entro curiosidad por este, su primer novela de exito así que aprovechando Storytel me puse a escucharla hasta que no hubo mañana.
Muy buena historia, y la forma en que esta escrita te hace participar en ella, sabes desde el principio que algo esta mal en el trabajo del protagonista, pero no te queda más que escuchar su historia. El narrador es excelente para esta historia.
Un asesino solitario fue el primer libro de Élmer Mendoza. A través del libro se descubre un retrato psicológico de la mente de un asesino a sueldo con un gran encargo por delante y las dificultades que debe atravesar para cumplir su encargo. Ambientada en México y con hechos que parecen sacados de la realidad, por momentos te pierdes y creer estar leyendo la reconstrucción forense de un crimen real de los turbios años 90. Además, Mendoza logra plasmar el lenguaje de la calle en una obra literaria con mucha naturalidad.
Mi favorito de Elmer Mendoza es Janis Joplin, este libro trata de cuando privaron de la vida al candidato del PRI en 1994, el personaje principal es Jorge Macías que su misión será acabar con Barradas, el candidato Cardona de oposición muy terco, la novela se desarrolla en Culiacán con un lenguaje soez.
El único libro de los primeros de Élmer que por equis o ye se me olvidaba leer. Es muy, muy bueno, pero sigue sin ser mi favorito. Me quedo con Cobráselo caro. Me gusta más el Élmer imaginativo y excentrico, creo.
Primer libro que leo de este escritor y solo puedo decir que tiene mucho, pero mucho talento en su lápiz.
El personaje es fascinante, aún más si es mexicano. Una historia de lo que es México, sus costumbres más allá de la historia principal. He sido por unos días un asesino solitario o por lo menos un espectador del mismo. “¡A poco sí!
El europeo, más por sus métodos y reglas, de gran puntería y sangre "fría", como los de su oficio, los de su "línea de chamba", un sicario "pintoresco", amante de las galletas pancrema y la Coca Cola (como buen norteño) y que es "puerco, pero no trompudo", está ante el trabajo de su vida, el proyecto más importante de su oficio criminal. Con un lenguaje y estilo muy propio, te sumerge en un mundo y una historia de realidad friccionada, que bien podría pasar por anécdota, o una historia secreta del lado B de este "asombroso" y a veces incierto país. Y con realidades tan absolutas, como la que reside en la frase "En esta vida a veces se pierde y en otras se deja de ganar".
For all of you that enjoy reading Latin American literature, this one is a MUST! Beautifully told in Mexican street slang (in Spanish, I'm not sure if it is published in English as well) I couldn't put this one down.
Leído por una clase. ¡Qué lenguaje fatal! Aun los nativoparlantes en la clase confundidos de vez en cuando. El fin me gustó y me iba gustándola cada vez más lo más leí, pero al principio estaba tan lento en desarrollar que nunca la había terminado si era opcional.
Me gustó! Divertido en la forma de contar, sólo cansó un poco la jerga del norte de México, de donde soy y entiendo perfecto, a huevo no, bato! jajajaja pues sí ni modo que qué! Un asesinato narrado desde el punto de vista del sicario!
Si bien es cierto que debe ser muy difícil escribir un novela con la técnica que hace el autor, a mí esta historia acabó cansándome, me pareció buena a secas. El tal Yorch me hartó.