Desde un luchador que a los 38 años, enfrentado a las limitaciones que le plantea la edad, debe asumir el ocaso de su carrera y el vacío que supone el después; hasta una mujer que luego de años se cruza en la calle con el hombre que, en un pasado que creía lejano, la entregó a las personas que la secuestraron para vengarse de su marido. Hombres y mujeres que, invadidos por una vieja tristeza, o por lo que sea que vuelve al mundo un lugar hostil e inexplicable, solo parecen poder ocuparse de su propia herida. Un libro con aire cinematográfico y una prosa austera y potente, que consigue capturar un mundo de crudeza y sordidez.
Maximiliano Barrientos nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 1979. Es uno de los escritores latinoamericanos más relevantes de su generación. Sus artículos sobre literatura, música y cine, así como algunas de sus crónicas, han aparecido en las principales revistas y suplementos culturales de Bolivia. En 2009, su libro de relatos Diario (2009) recibió el Premio Nacional de Literatura de Santa Cruz. Sus dos primeros libros, Los daños (2006) y Hoteles (2007), fueron revisados, corregidos y transformados para convertirse en los volúmenes Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer y Hoteles, publicados por Periférica en 2011 con gran éxito de crítica y en vías de traducción a diversas lenguas.
En estos cuentos los personajes están rotos y no hay cómo arreglarlos. La violencia se presenta en todos de maneras más o menos explícitas, como una marca. El autor nos muestra escenas difíciles de digerir y de olvidar pero funcionales a las historias que se cuentan. Y si bien son fuertes, no me parecieron desmedidas, hay un balance justificado con la trama. Eso sí, no creo que sea un libro para leer en cualquier momento porque te deja tocado.
Una selección de cuentos muy bien narrados, un poco melancólicos, en algunos casos inquietantes; destaca especialmente el último, El gringo, difícil de olvidar.
En los 6 cuentos de Maximiliano Barrientos, el narrador te invita a palpar con tus propias manos las heridas de los protagonistas, heridas que reconstruyen historias traumáticas. Esas nuevas texturas en la piel o en el alma de los protagonistas es la excusa para reconstruir un episodio traumático que es el eje de cada cuento.
Este es un libro de cuentos que definitivamente ha cumplido con mis expectativas. Son relatos breves y muy bien escritos, y cada uno contribuye con la unidad del libro.
Venía con la expectativa arriba por la novela En el cuerpo una voz, y estos cuentos me han dejado caído de perfil, esperando a que suene la campana o con el puño listo para tocar tres veces el piso. Con apenas dos libros leídos acepto mi debilidad por este autor. Es la derrota fascinante que siempre busco en la ficción.
Prosa brutal, precisa y seca -cuando debe ser precisa y seca- y acuosa o nebulosa -cuando debe serlo. Maximiliano Barrientos consigue crear situaciones verosímiles, que ponen en jaque la psicología de los personajes, los llevan al límite y sus cuerpos reaccionan. Hay vómitos, diarreas, lágrimas, síncopes, sudoración. Hay dolor real, reacciones reales a tragedias humanas. Pero también hay imágenes que no se van de la mente del lector, imágenes tan bien logradas que parecieran haber sido vistas y no leídas.
Si lo anterior fuera todo, sería suficiente para ser un gran libro. Pero hay más. Y lo que hay le hace subir el escalón de la excelencia. Hay poesía. Y la hay, cuando debe haberla. No es ostentosa, no es devaneo de principiante. Al contrario: es lujo. Desde Guadalupe Nettel o María Gainza (que conocí el año pasado) no presenciaba unas historias narradas con tan poderosa prosa.
El mejor consejo que me ha dado mi viejo es siempre ser amable con los extraños porque nunca se sabe por el infierno que están pasando. Y es que hay veces en los que querer que todo arda solo significa que uno es el que desea estar quemándose hasta las cenizas. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Estos cuentos narran tales infiernos, especialmente los vividos en soledad, esos dramas personales que solo sus protagonistas conocen mientras el mundo de afuera sigue normal, pateándolos como si los creyeran más fuertes y resistentes de lo que son. Son cuentos sobre la "vejez", pero no necesariamente la que da la edad sino aquella que llega cuando notamos lo que perdimos con el paso del tiempo: la agilidad en el caso de un deportista, el miedo a la venganza perfecta en el caso de una mujer violentada, la compañía y la envidia en el caso de un joven que pierde a su hermano... ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ En todos los cuentos el whisky está presente como un silencioso extra. En cada cuento me tomé uno para pasar el mal rato de acompañar a tanto pobre diablo que solo intenta hacerse cargo de su herida.
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Imaginen a un tipo recién graduado de un posgrado en escritura creativa, que va a una multinacional petrolera a pedir un puesto. Eso no le ocurrió a Maximiliano y posiblemente a nadie en ningún lado, pero es el tipo de historias weird que le gusta narrar a este escritor boliviano. De hecho fue su cabeza la que imaginó tan descabellada aunque no imposible situación, y es en ese límite de lo bizarro en donde parece sentirte cómodo él, un convencido de que el realismo literario se volvió aburrido, complaciente, cobarde y hasta cómplice del establishment. ⠀ Barrientos fue uno de mis descubrimientos casuales de librería, uno al que se llegó pasando libro tras libro en los estantes esperando encontrar esa rara avis que llene todos mis actuales requisitos: contemporáneo, andino, desconocido (por mi) y cautivante. ⠀ Es un rockero, un metalero realmente, lo cual, he notado, en la literatura más que una anécdota es una promesa de ímpetu, desparpajo y algo de anarquía narrativa. Él, con su escritura fluida e historias que incomodan, cumple con mi imaginario
Maximiliano Barrientos, más allá de la pertinente construcción psicológica y mental de sus personajes, nos sitúa dentro horrorosos ambientes colectivos, en los cuales el alcohol se constituye el elemento catalizador de una violencia desenfrenada. Por lo tanto, el whisky, el ron, el tequila, se muestran como brebajes macabros que además de alteran las voces, como la del joven cazador asesino, que cobra gratuitamente la vida del luchador retirado, Mark Hernández, también pueden alterar ferozmente la conducta, provocando la transgresión fatal que acarrea al crimen; o al robo, como en el cuento “El fantasma de Tomás Jordán”; o pueden conducir hasta la venganza perversa, como la que se cobró Sara. Por otra parte, la saturación de la ebriedad, del alcohol, en todos los cuentos, parecen mostrar dos intenciones por el autor: la primera, el ejercicio de una pedagogía preventiva; y, en segundo lugar, una intención moralizante que estaría ligada a la denuncia del malestar de una sociedad donde el consumo del alcohol se presenta como el recurso que sirve para colmar las horas vacías y el sinsentido de la gente, de los personajes. En la perspectiva formal, los relatos están construidos en planos temporales, cuyo presente narrativo está constantemente golpeado por los recuerdos de los personajes; ya sea como nostalgia, como consuelo, o como profundo dolor. Por eso, los personajes de Una casa en llamas carecen de futuro y, sujetos a una memoria irresuelta, viven anclados en una extraña existencia. En fin, Una casa en llamas son relatos de horror, pero no de un horror sobrenatural, fantástico; sino de un horror real, ligado a la vida de unos personajes que sólo revelando sus traumas y frustraciones logran emerger del anonimato, de la nada. Esos son los relatos de Maximiliano Barrientos.
Interesante libro. Barrientos inscribe su literatura en aquella que tiene como tema la violencia. Desde el primer relato hasta el último, la violencia está presente como una contracara de todo lo que el humano toca. El relato que cierra el libro no deja de ser intertextual con aquel personaje de Bolaño que aparece en La literatura nazi y en Estrella distante. Leeré más libros de Barrientos.
Todos los personajes iguales, los masculinos rotos, bebedores y con mambos con la madre o alguna minita; las mujeres: la que no es una loca es una pt4 zzzz Me recordó un toque a ese tuit d los escritores puaners aunque éste no es argentino igual aplica
Encuentro lejanísima esa fauna de boxeadores, delincuentes, locos y bebedores, de los tiempos en que leía a Bukowsky y me quería tatuar el rostro de Rimbaud en el antebrazo. Me alegra haber envejecido y que todas estas cosas ya no signifiquen nada.
Hay violencia todo el rato, es muy hábil, consigue que te lo quieras leer todo y quieras más. No soy fan de los cuentos pero creo que ha sido una buena manera de empezar con Barrientos.