“Ésta es la historia de un hombre que sin saberlo fue su siglo y la de un lugar que se condensa aquí en un nombre propio; Germán Alcántara Carnero.” Es el inicio de El cielo árido, la novela de Emiliano Monge, uno de los 25 escritores secretos más importantes de América Latina, según la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en 2011. Nos presenta a Germán Alcántara Carnero, los hombres y mujeres que vivieron a su lado y las situaciones e impactos que generaron en su vida.
Desde el principio, podemos percibir el extraño narrador que llevará el hilo que contiene los distintos nudos, como él se refiere, de los recuerdos de la vida de Germán Alcántara Carnero. Es un narrador que se permite romper con todos los paradigmas que tenemos sobre un narrador en tercera persona. Podemos considerarlo como algo innovador por parte de Monge, ya que primero te descoloca, para luego permitirte sentir curiosidad por esta peculiar forma de llevar la historia. Y es que hace cosas muy inusuales como contarnos una escena de la vida de Germán y, cuando está por terminar lo que nos debe mostrar para la continuidad de la historia, nos cuenta, de manera breve, lo que va a suceder después con el personaje sin olvidarse de aclararnos que eso ya no lo vamos a ver porque no es relevante para lo que nos importa.
No es una narración lineal, nos movemos de un recuerdo a otro, saltando adelante y atrás. Empezamos en un punto de la historia donde Germán toma una decisión que, a su parecer, cambiará el rumbo de lo que ha sido su vida y le otorgará el consuelo y perdón que busca y ansía. Sin embargo, de ahí el narrador nos regresa a un punto dónde vemos los orígenes del propio Germán, incluso antes de que este exista; y de ahí, nos movemos a un punto posterior a esa decisión que vemos en un inicio. Es como si tuviéramos un rompecabezas que solo está conformado por una fila de piezas y esas piezas se nos fueran entregadas en desorden. Parece que unas embonan con otras, pero después recibes una más y tienes que cambiar el orden para que tenga sentido lo que estás armando. Definitivamente, es una obra que como lector te pone a trabajar.
A lo largo de la lectura, no hay manera que no surjan preguntas sobre quién es el narrador, pues en varias ocasiones establece que él solo contará la historia de otro hombre llamado Germán Alcántara, como si él hubiera sido un testigo de esto. Incluso hay momentos en la obra en los que nos comunica que pronto él aparecerá como un personaje de la historia, que su vida se entrelaza con la de Germán, pero que él no tiene mucha importancia en la vida de este. Aunque luego admite no serlo, más bien le gustaría pertenecer a esta, presentándose casi como el autor de la historia que estamos leyendo. Esto, después de haber terminado la novela, no suena imposible. El narrador desde el comienzo toma el rol de cómo se presentará la historia que nos va a contar. Decide otorgar una caracterización, conforme a su función y sentimientos, a los personajes por la forma en la que nos vamos a referir a ellos; como Nuestombre, Elprimero, la Queapostola, etc. Lo que para mí lo hace más probable, es como si estuviera armando la historia mientras nos la está contando, es decir, que no fue pensada previamente.
“Pero hoy, a diferencia de otros días, podría decir: del resto de los días, es decir: pero hoy, por vez primera [...]” Esta oración en particular me volvió loca, tuve que releerla como tres veces porque no daba crédito. Cualquiera viendo esta oración podría creer que el autor perdió la cabeza, por lo tanto, es una novela muy difícil de leer y solo pocos pueden entenderle. No es así. Si bien nos topamos con un estilo muy marcado e “inusual” por parte de Monge, también tenemos una historia que, con ayuda del narrador, nos atrapa en este juego de: ven, acompáñame a armar estos recuerdos. Nos hace querer saber cómo es que el protagonista fue llevado a las circunstancias que se nos presentan cada vez que viajamos en su memoria. Eso sí, no les voy a engañar, requiere de cierta atención y participación por parte de los lectores para que vayamos desenredando este hilo y podamos ver los nudos principales en el orden que se hicieron.
La profundidad con la que se abordan los pensamientos y sentimientos del protagonista y otros personajes me hizo recordar En búsqueda del tiempo perdido de Marcel Proust. Ambos estilos tienen en común estas grandes descripciones de la mente de los personajes, que nos permiten otro acercamiento a la historia, a veces claro, a veces intrusivo. Pero, al ser una narración que viaja en la memoria y pensamientos, no puede ser de otra manera. Una persona recuerda una y otra vez momentos importantes de su pasado. Recuerdos felices, tristes, decepcionantes, dolorosos, pasivos; todo aquello que conforma el recorrido de esa vida humana. Monge decide mostrarnos estas memorias que brotan y nos abruman cuando nos sentimos insatisfechos o asfixiados por nuestra realidad. Esto que necesitamos rememorar una y otra vez para poder entender nuestro presente y continuar una construcción de nuestro futuro. Nadie puede seguir adelante, al menos no en paz, si no resolvemos aquello que nos aflige. El propio Germán Alcántara está oprimido por el arrepentimiento, por sus errores.
Aunque para mí, Germán nunca toma la responsabilidad de sus acciones. Todo lo que ha sucedido en su vida, lo malo, obviamente; ha sido porque las circunstancias lo han llevado a cometer actos violentos, por lo que él se arrepiente tanto y decide cambiar de estilo de vida. La misma narración se la pasa justificando estos actos como algo que no se podía evitar por la manera en la que el destino había trazado, desde su concepción, la vida de Germán. No niego que muchas de las decisiones de vida que tomamos, las hacemos con respecto al contexto con el que crecimos. El contexto de Germán está lleno de violencias, negligencia, falta de apego y abusos, por lo que tiene sentido la manera en la que se desenvuelve el personaje. Más no queda clara una toma de responsabilidad de estas acciones tan violentas que podemos leer en la novela.
La mayor característica de la novela son los diálogos. No las oraciones que dicen los personajes, sino las conversaciones que se implementan entre recuerdos. Los paralelismos que podemos ver en la muerte de María, su hermana, y Camilo, su hijo. Ambos débiles, Germán con el deber de cuidarlos y protegerlos de cualquier amenaza. O la muerte de Anne, con Guzmán tratando de taponar la herida para impedir que se le salga la vida, mientras que, en el pasado, el nacimiento del mismo Guzmán tiene una alegoría similar, con su madre, la Quecontiene, tratando de impedir que Guzmán llegue al mundo porque no está lista, dentro lo puede proteger mejor de lo que lo haría afuera. Alterar lo inalterable. Estos mismos diálogos son lo que le permiten al narrador no centrar un punto como inicio de la historia, sino ponernos un universo cíclico que no tiene ni inicio ni fin.