Quince años después de haber leído por primera vez los capítulos que corresponden a este volumen (en los tomos 36 y 37 de la edición tankoubon, si no me equivoco), no sabía si me iba a causar la misma gracia y entretenimiento que entonces. Y creo que la misma, lo que se dice la misma no, pero eso no quita que me haya divertido muchísimo repasando el comienzo de la que sería la etapa más bestial de este genial manga. El dibujo, los diálogos, los personajes nuevos, los disfraces, el grandísimo Mr. Satán. Todo suma en este festival de violencia colorida que es DragonBall. Lástima que justo en este tomo no tocó ninguna página a color. Ahora no sé si seguiré haciéndome una mini maratón con los kanzenban o si mejor sigo con alguno de los más de mil cuatrocientos libros que tengo en espera (en su inmensa mayoría historietas, claro), pero al menos hasta ahora fue un lindo paseo.