Una mirada crítica a la ley contra la Violencia de Género.
Las mujeres maltratadas recibieron un escudo necesario con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004. En veinte años de vigencia, muchas se han salvado gracias a él, pero nadie ha querido mirar a esas otras mujeres que, fingiéndose víctimas, emplean el escudo como espada. La sociedad ha respondido siempre con un «Esto no existe» a cada denuncia falsa que estas mujeres han utilizado como arma arrojadiza.
Hay quien dice que es mejor no hablar de esto. Pero no se hace daño diciendo la verdad, sino callando. Si ayer se callaba sobre la vida oculta y martirizante de las mujeres maltratadas y encerradas con un bestia, hoy se calla sobre la vida oculta y martirizante de los hombres enganchados en los resortes puntiagudos de un mecanismo de protección empleado como trampa mortal.
Es un fracaso palmario de un país en su lucha por la igualdad. Se ha tachado de «negacionista» a quien mencionaba este fenómeno y se ha impuesto una espiral de silencio. Este libro, donde todas las víctimas tienen su lugar con independencia de su sexo, pretende contribuir a destruirla.
Sobre NADIE SE VA A REÍR se «La literalidad achica el mundo, lo convierte en un claustro de gente cognitivamente plana y perezosa, insensible a la ironía y al humor. La crítica de Soto Ivars a este mundo literal es su nuevo libro, Nadie se va a reír, publicado en Debate, en el que cuenta la extravagante historia de Anónimo García, un artista que acabó enfrentándose a una pena de cárcel por una sátira y una crítica que los medios y la sociedad española se tomaron de forma literal». Carlos Granés, The Objective
Sobre LA CASA DEL AHORCADO se «Soto Ivars desmonta la simpleza de los debates binarios y demuestra que el duelo a garrotazos de Goya es un fenómeno global. No contento con eso, reivindica el valor del pensamiento crítico e individual frente a las obcecaciones grupales, ideológicas y casi ecuménicas como nuevas formas de persecución y censura». Karina Sainz Borgo, Vozpópuli
Sobre ARDEN LAS REDES se «Soto Ivars toma la palabra y lleva a cabo, a fuerza de buen periodista, una investigación encaminada a desvelar los entresijos del sucio asunto de los linchamientos digitales». Fernando Aramburu
«Si has escrito tuits y los has borrado antes de publicarlos, Soto Ivars te explica el porqué». Jordi Évole
Escribir un libro en el que referencias el 20minutos… No se me ocurre ninguna cabeza en la que este libro pueda suponer un "antes y un después" a no ser que su último contacto con el ámbito académico se diera en la EGB hace 40 años. Es un insulto para la fundamentación teórica y un milagro para la ingenuidad epistemológica. Bibliográficamente es un horror se mire por donde se mire, un insulto al ámbito académico y científico. Ya no me meto en moralidades.
Afirma en la página 46 que “tampoco el porcentaje de asesinatos en el ámbito de pareja en comparación con el total es significativo como para poder concluir que la causa es el género”. Siendo el primero un 92% (no menciona la cifra porque sabe que nadie que lo lea la va a buscar) y el segundo un 62%. Esto quiere decir que del total de homicidios aproximadamente un 20-30% son calificados como violencia de género; por lo tanto, es la primera CAUSA (palabra importante) de homicidios en España. Si ambas cifras te parecen equiparables y “no significativas” no solo eres malo con la palabra, sino también con los números. Sobre todo cuando posteriormente afirma que “si cada año mueren en estas circunstancias diez o doce hombres y cincuenta o setenta mujeres, la proporción está alrededor del 15 o 20% de los casos. No parece tan irrelevante” Los números son relevantes o no según convengan a su relato, entiendo.
Llama la atención cómo dedica un par de páginas a cuestionar la legitimidad de estudios por su muestreo y sesgo, y a su vez el primer apartado del libro está plagado de noticias y “testimonios” sin ningún tipo de veracidad.
Cuando habla del Convenio de Estambul y dice que “no excluye a los hombres de violencia de género” parece no tener en cuenta que en la propia definición de “género” se habla de los comportamientos atribuidos a una sociedad considerada propios de mujeres u hombres; por lo tanto, coincide perfectamente con la definición “de nuestras ministras” y de todos los órganos nacionales.
Tampoco España es el único país de la Unión Europea que establece una asimetría penal entre hombres y mujeres.
Para sorpresa de nadie, deja completamente de lado el argumento principal por el que la violencia de género es considerado un tema específico: la causalidad y el patrón. Algo que te explican en absolutamente todos los informes elaborados al respecto.
Temo decir también que SÍ se nos informa anualmente de cuantas veces al año asesina una lesbiana a su pareja (la formulación de esta frase da ganas de llorar, pero así se presenta en el libro): el CGPJ realiza un informe anual donde lo detallan.
El dato de filicidios cometidos en españa por padres y madres es erróneo, supongo que es lo que pasa cuando buscas el ABC en vez de las sentencias firmes que admite el Ministerio de Justicia.
Las mujeres SÍ trabajaron en la mina, en la guerra y en el campo. Un poco de historia tampoco nos vendría mal.
Tiene diversas citas en las que si entras puedes ver que está bastante lejos de la realidad que él referenciaba en su libro. Por no hablar de las citas de citas de citas de citas de citas.
Y así con todo. Podría seguir con cada página pero ya he perdido bastante tiempo leyendo el libro.
Para dar esta clase de contenido es más recomendable quedarse en los Podcast que frecuenta para que cuatro quinceañeros de Tiktok -que no saben ni lo que es un Paper le aplaudan con las orejas porque “charo” y demás vocabulario para subdesarrollados- que intentar dárselas de “intelectual” sociológico.
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Me aseguraré que pase por muchas manos. Una lectura absolutamente obligatoria en nuestra sociedad, que pese a locura y deprimente, ofrece un mensaje e incluso una respuesta esperanzadora. Avanzaremos juntos, y no estais solos.
"Esto no existe", declaró la ministra Irene Montero, comunista y fanática, cuando se empezó a hablar de denuncias falsas entorno a los casos de violencia de género. Esta obra de Juan Soto Ivars no deben leerla los que nieguen que haya mujeres asesinas, malvadas, manipuladoras, interesadas solo en sí mismas, capaces de utilizar a hijos como instrumentos para obtener éxitos económicos o vengarse de sus parejas, motivadas únicamente por el odio. Si alguien cree que lo anterior es imposible, que no comience a leer este libro. El autor no niega que estos casos sean marginales dentro de la violencia machista, apenas unos pocos miles, sin embargo no renuncia a dejar patente que hay varones avasallados por una legislación totalitaria que les impide vivir como personas de una sociedad avanzada. La ley española de violencia de género no tiene comparación con ninguna otra de los países más avanzados socialmente (Reino Unido, Países Bajos o estados nórdicos...) es un caso exagerado e injusto de tratar a determinados perfiles de víctimas (con hijos o con necesidades económicas) para aplicarles un conjunto de disposiciones y destruirlos como seres humanos. Está ocurriendo y vemos cada vez más casos porque la verdad se va imponiendo, son las propias madres, amigas o nuevas parejas de las víctimas las que demandan que pare esta locura.
«Ahora, al menos, la espiral del silencio se ha roto».
Una lectura que resulta beneficiosa tanto para las víctimas reales de violencia de pareja como para los hombres que han sido acusados falsamente o de manera instrumental.
“Hay que volver a considerar a los hijos como fines y no como medios. Protegerlos de situaciones de violencia machista es tan importante como de las que provocan las denuncias falsas de una madre. La alienación parental puede llamarse violencia vicaria, la etiqueta no importa, pero debe ser perseguida en ambos sexos con la única voluntad de la protección del menor. Las infancias rotas por padres y madres que no saben, no pueden o no quieren mantenerlos ajenos a sus rencores son algo insoportable”.
“El Estado de derecho debe abordar la conflictividad de los divorcios de otra forma. La apuesta debería pasar por la mayor intervención de terapeutas y menor de los jueces: más mediación y menos procesos contenciosos. Potenciar los equipos de conciliación, la mediación extrajudicial y la intervención de unos servicio sociales liberados de la perspectiva de género sesgada, en particular cuando hay hijos”.
“Esto nunca fue una batalla de mujeres contra hombres, ni de hombres contra mujeres, sino de delincuentes que atentan contra la integridad de inocentes. No hay más frontera que esta: la de la buena y la mala gente. La del criminal y la sociedad. El Estado quiso arrinconar a unos delincuentes y terminó amparando a otros. Una vez que la clase política lo comprenda, podrá arreglarlo. Pero la ciudadanía debe exigírselo primero”.
Ensayo valiente y muy necesario sobre las denuncias falsas contra hombres y contra el relato de que "eso no existe". Entiendo la lluvia de odio feminista sobre Soto Ivars después de este estudio pormenorizado y muy documentado que deja claro que la ley VioGen es una ley que despoja de derechos a los hombres en pos de una justicia que reduce a ciudadanos de segunda a los del género masculino por el mero hecho de serlo. A ver si las cosas cambian un poco a raíz de este libro y se equilibra la balanza de la justicia como es debido. ¡¡Hale, a tildar de fascistas a todos los que apoyen este escrito (para variar)!!
Vaya por delante que en mi opinión este es un libro que vale la pena ser leído, pues obliga a la reflexión y las ideas que pueda tener un lector crítico le serán enriquecedoras. Sin embargo, dista de ser un gran trabajo que sirva para plantar cátedra. Su principal fallo es que el motivo del mismo, el que da título al texto, no es el más trabajado ni el más extenso, así como la metodología muestra importantes fallas. Para empezar, que en realidad son dos los temas tratados: una extensa disertación a caballo entre el ensayo y un larguísimo artículo de opinión sobre el feminismo institucional por un lado, y por el otro el tema de las posibles denuncias falsas en violencia de género. El primer punto ocupa más o menos las primeras 100 páginas del libro y otras 100 o 150 diseminadas entremedio del que se supone es el tema central del trabajo. Centrándome en las primeras 100, las fuentes (en extremo señaladas, llegando a los 281 pies en 93 páginas) son pobres, puesto que la mayoría son frases descontextualizadas extraídas de periódicos –no en pocas ocasiones simplemente sus titulares-, youtubers e incluso tweets. Teniendo en cuenta el nivel de la prensa actual, así como los exabruptos de X, estos sirven para escandalizarse, pero no hay que perder el oremus: se producen miles y miles a diario, y sin saber el número de cuantos por el estilo a los mencionados se escriben enfrentados al porcentaje de aquellos que dicen lo contrario, esto solo sirve para darle peso a ideas ya confirmadas previamente y que parezcan una generalidad cuando en realidad son una visión muy sesgada que, además, responde a diversos factores: el beneficio que sus autores pueden sacar con ellos (autopublicidad, un clic rápido, etc.), la facilidad por escribirse algo que uno ni piensa (o, por lo menos, no ha pensado en profundidad) pero comenta, la baja capacidad intelectual de quien lo rubrica, el interés ideológico de una persona única y por ende no extensible a un colectivo, la facilidad de dar un titular en la prensa reproduciendo lo que alguien ha dicho buscando el impacto (siendo este, por desgracia, la finalidad última muchas veces de la prensa, más que la verdad [motivo también por el que no parecen tener un código deontológico que les obligue a entonar el mea culpa al exponer datos falsos o erróneos, como muy bien expuso justamente Soto Ivars en ”Nadie se va a reír”]), etc. Además, el libro está lleno de hipérboles del tipo “se generaron cientos de titulares como este”, pero vas a la nota que lo referencia al final del libro y tan solo hay una noticia, en no pocas ocasiones, de un medio poco fiable (si es que, hoy día, existe alguno que de forma general sea fiable). Total, que haciendo partes por el todo y sin mostrar contrarréplicas construye su discurso que, por cierto, aporta poco nuevo. Otro elemento que quita fuerza al texto –y es una pena, pues el tema, según yo entiendo, es importante- es el tono capcioso del mismo. Para que se entienda mejor: exhala un léxico picajoso incluso cuando los datos que da son reales, con un “gustillo de listillo” y en una obra que trata dicho tema creo está fuera de lugar. Aun así, hay algo que remarcar: no creo que se invente nada; simplemente, expone hechos sin contrarréplica, dejando al lector con la obligación de ser crítico con lo que lee pero sin facilitarle motivos, por lo que estos seguro que por los sesgos de confirmación quien antes de abrir sus páginas este de acuerdo o en desacuerdo con lo que el relata solo verá reforzada su opinión. Esto me parece muy triste en un libro que podría abrir un interesante debate donde cada uno puede alimentarse de unos hechos que maticen sus posiciones preconcebidas. Volvamos a las ideas capciosas con un ejemplo. En varias partes del libro comienza a desglosar la morterada de dinero público que se ha dado a proyectos con perspectiva de género, muchos de ellos sin sentido. Esto, en verdad, es generalista con las políticas públicas: en vez de crear centros dirigidos por ellos, se hacen donaciones importantes para que asociaciones civiles gestionen aspectos que podrían depender de dichos organismos. Pensemos en el fin de las perreras municipales en pro de asociaciones que se llaman “refugios de animales”, que en vez de cobrar de una institución, podrían estar dirigidas por la institución misma y así estar más controladas. Pensemos también en las subcontratas que llevan tantos pisos de menores tutelados, con los que las instituciones se lavan las manos cuando aparecen titulares que anuncian que algunos menores ejercen la prostitución, en vez de existir un plan de verdadera responsabilidad por parte de los gobiernos autonómicos cuyos esfuerzos sirvan para que realmente estas personas salgan adelante. Pues bien, entre ejemplos vergonzantes que hablan claramente de que bajo el título “feminismo y violencia de género” hay dinero que se va a cosas objetivamente cuanto menos dudosas, el autor nos habla de un ayuntamiento que destinó 1’2 millones para proteger a 80 mujeres en riesgo de exclusión social al que no pueden acceder hombres. Mi pregunta es: ¿ese ayuntamiento tiene programas generales al que pueda acceder cualquier persona que se encuentre en la calle? Si es así, ¿tiene algo de malo el que exista uno específico para que mujeres en riesgo de exclusión social y con sus propios traumas vivan sin hombres? Cojo la calculadora, pues soy de letras y 1.200.000 € me parece muchísimo. Pues el proyecto para 80 mujeres sale a 15.000 € por mujer y año. La verdad, pensar en dar un techo, alimento, ropa y posibilidad de reinserción social con ese montante no me parece demasiado. Pero bueno, es que este es uno de los fallos del libro: muchas veces acaba juntando churras con merinas, exactamente igual que hace ese feminismo institucional que ataca. Podría seguir, pero creo que ya he hablado suficiente de los aspectos menos admirables del libro. Algo bueno que tiene es que, si bien expone una visión sesgada de los hechos buscando aquellos que prueben su discurso sin apenas contrapuntos –los cuales, por lo menos, aparecen en las partes más importantes del texto–, algo bueno es que no se inventa nada. Ojo, que no decir mentiras dista mucho de decir la verdad, pues esta es inalcanzable y acercarse a ella requiere de un sinfín de datos, siendo estos difíciles de obtener, pues nada más sesgado que los datos oficiales. Cuando abarcamos el drama de las denuncias falsas o instrumentales, la primera sensación es de relativa esperanza: de las denuncias que llegan a ser juzgadas, más del 80% concluyen con una sentencia condenatoria del acusado, por lo que las denuncias que se archivan por no ser probadas son las menos. Esto implica dos cosas: que de las 62.173 denuncias a las que se dictó sentencia en 2024 fallaron a favor de la denunciante y por ende, en principio, la inmensa mayoría no mienten, así como un 20% entrarían dentro de la categoría de no probadas, y dentro de estas tendríamos un porcentaje elevado en que el acusado no había hecho nada, por lo que el sistema funciona. Pero claro, aquí comienzan el baile de números que el autor no es capaz de aclarar (bien por la imposibilidad de hacerlo, bien porque el trabajo resultaría ingente, requeriría del apoyo de las instituciones y estas, eso sí, mienten descaradamente). Me he entretenido en buscar los datos oficiales en bruto (los cuales, es triste decirlo, no pasan por los filtros del Ministerio de Igualdad, razón por la que no están sometidos a una intencionalidad política). Una denuncia por violencia de género implica la detención del denunciado per se. Esto no ocurre con otros delitos o no siempre, y algo que me apena muchísimo: violencia de género tan solo es aquella que inflige un hombre (con excepción de que se haya autopercibido previamente como mujer en el registro) a su pareja o expareja. No voy a entrar en el debate de los hombres maltratados para que esto no parezca una justificación del tipo “y tú más”, pues realmente lo que me sofoca es la indefensión de una mujer ante otros postulados igual de peligrosos: así, una mujer agredida por su primo, su padre, su suegro o su hermano no es víctima de violencia de género, del mismo modo que una mujer agredida por su pareja tampoco lo es si esta es otro mujer. Horroroso. Primero porque implica que tan solo se percibe y merece especial protección aquella mujer cuyo denunciado sea su pareja o expareja y no por el mal sufrido. Segundo, porque niega la mayor de que una mujer puede herir, insulta o matar a otra mujer. Volvamos otra vez a los datos, que para algo me he molestado en mirarlos: se presentan de media 200.000 denuncias por violencia de género cada años, de las cuales en 2024 menos de la mitad (62.173) fueron a juicio y tienen una sentencia firme, un 80% de ellas condenatorias. ¿Qué pasa con las casi 130.000 que no llegan a juicio? No puedo creer que la mayoría sean falsas, aunque mis ideas feministas radicales, quizá algo anticuadas, siempre me han hecho pensar algo tan estridente como que las mujeres son personas igual que los hombres, y por ende pueden mentir. Aun así, no creo que existan 130.000 personas cada año en España poniendo denuncias falsas solo para joder a su pareja. ¿Qué ocurre con ellas? ¿Por qué las retiran? Silencio. Otro dato, este oficial: el número de denuncias falsas sería del 0'0084%. Esto sería maravilloso, pero de ser así, implica que casi un 20% de los maltratadores que llegan a juicio quedan impunes. Si esto es así, la ley VioGén está haciendo aguas. Pero claro, aquí hay gato encerrado: que un juez sentencie incluso la inocencia de un acusado no contabiliza como denuncia falsa, pues solo lo hace en aquellos casos que el denunciado en falso o la fiscalía abran otro juicio y allí se sentencie que la primera denunciante mintió de manera intencionada. Siempre he pensado que la exageración de los hechos los empobrece. Si uno escucha que durante la Segunda Guerra Mundial mataron a 20 millones de judíos y luego al leer un libro ve que fueron 6, esa cifra demoledora parece poca. Si a alguien le dicen que el catalán durante el franquismo fue perseguido con uñas y dientes pero al hablar con sus padres (mi caso) o sus abuelos (mi caso también) escucha que ellos lo hablaban incluso en la calle (mi padre en un pueblo, mi madre en Barcelona) y que nunca les paso nada, pero que se guardaban de hablar en catalán a un Guardia Civil y algunos profesores o curas (esto que digo es cierto: en algunos seminarios catalanes, en los años 60 de la dictadura estaba la política de hablar entre los seminaristas en castellano, menos con los que eran de territorios donde no existía dicha lengua, hablándoles a estos en catalán para que todos dominaran los dos idiomas) pues parecen unos exagerados quienes hablan de represión lingüística, que sí la había. Pues aquí lo mismo: si de 200.000 denuncias se anuncia a bombo y platillo que solo son falsas el 0’0084%, lo dejas a huevo para que venga Vox y te diga que realmente de esas 200.000 solo se prueban 67.000, y que como no se quiere saber qué ha pasado con el resto, pues estas serán falsas. Como digo, esta es la parte más reseñable del libro, pues muestra datos que no encajan y ahí viene la pregunta del millón: ¿qué pasa con la persona honrada que jamás ha hecho daño a nadie y se ve metido en un proceso judicial en el que debe demostrar su inocencia partiendo de que la palabra de la acusada vale tanto como para llevarlo esposado al calabozo? Indiferentemente del asco que de un delito, la pena que genera una persona inocente es algo simplemente propia de la empatía humana. Y no solo una denuncia falsa, pues en este país, con lo dilatados que son los tiempos, la posibilidad de meter recurso sobre recurso, etc., el trauma de pasar por un proceso judicial, de lo que sea y tanto como víctima como falso acusado es tremendo y no hay vises que nadie lo tenga que arreglar. Aquí se abre otro melón, pero el autor no remarca, y puesto que en su trabajo va de lado a lado pienso que darse una vuelta también por aquí hubiese sido bueno, el sufrimiento general que sufre un ciudadano en un proceso judicial. La exposición objetiva de algunos casos atroces da cuerpo a estas ideas en el libro, y son, además, las mejores y por las que vale la pena leerlo (en verdad, si hubiera dejado todo el tema del feminismo para otro libro y se hubiera centrado en lo que reza el título, con 150 páginas y un buen trabajo de gráficas quizá hubiese conseguido uno de esos extraños caso en los que una investigación consigue llamar suficientemente la atención como para hacer el mundo un poco mejor). Sigue el tema de la manipulación de la prensa, en un tono que recuerda al de las 100 primeras páginas, perdiendo fuelle, para acabar con sandeces ideológicas impuestas a los jueces, la práctica prohibición del SAP (síndrome de Alienación Parental) pero la potenciación de su versión femenina e intransferible que es la violencia vicaria y el lugar en que quedan los hijos. Por último, una cosa más debo remarcar: a lo largo del libro habla de cientos de entrevistas con abogados y abogadas, jueces y juezas, además de hombres víctimas de denuncias falsas, pero no sabemos al final ni cuantas entrevistas y casos fueron realmente (nuevamente la hipérbole “cientos de” enmascara un dato concreto), pero en ningún caso menciona una sola reunión con víctimas reales de violencia machista (quizá piensa como el gobierno con las víctimas de la dictadura: que ya se ha hablado demasiado de las víctimas franquistas y que hay que redimir a las otras). Entiendo que estos datos no se muestren por confidencialidad, pero al final, se cuentan un puñado de casos resumidos muchos de ellos en menos de 10 palabras, mientras dos o tres caso también con pseudónimos sí poseen unas cuantas páginas más, pero tienen más espacio casos conocidos de mujeres a las que la prensa consagró como madres protectoras que, por lo menos según lo que el autor ha indagado, en realidad eran secuestradoras que buscaban apartar a sus hijos de sus padres. Para acabar: echo muy en falta la presencia de imágenes documentales de algunos de los casos que narra; ni una denuncia con los nombres ocultos, ni la primera página de esos ataques de más de diez denuncias seguidas todas ellas falsas que se mencionan, así como tampoco he podido ver ni leer exactamente una sentencia desfavorable para la denunciante (el autor las describe, que no trascribe, aunque alguna sentencia puede que esté online y quizá me entretenga a mirar si es así en los pies de página/fuentes). Aun así, la conclusión de mi lectura es la siguiente: pudiendo comprender y en general estando de acuerdo que la posibilidad de peligro para una persona sea tal cómo el que trata de impedir la ley contra la violencia de género, que permite acciones previas quizá tan solo semejante antiguamente al terrorismo, ¿No debería ser este tipo de protección extensible a otros posibles casos de igual peligro [el acoso que sufra una mujer por un hombre obsesionado con ella pero que no es su pareja ni su expareja, por ejemplo]? Y también: ¿No debería existir un plan para devolver la dignidad y apoyar emocionalmente a una persona que ha sufrido una injuria tan grande como una falsa denuncia de violación de su pareja y sus hijos, y que ha sufrido todo un calvario judicial durante años siendo inocente? Ojo, nada más lejos de que yo piense que la mayoría de denunciantes mienten. Pero negar que esto pueda suceder, aunque sea en un 0'0084%, no tiene sentido. Que pueda pasar creo que es razón suficiente para pensar en esas pobres personas, sin que esto quite un ápice del apoyo y empatía que siento por cualquier mujer que sufre algo tan atroz como que aquella persona que debería hacerla feliz le esté destrozando la vida y, en el peor de los casos, se la quite.
Esto es Café para los cafeteros, un entrecot al punto para amantes de la carne. una foto borrosa para los ufologos. Huelga decir que este libro trata sobre la proteccion de las mujeres victimas reales y las cuales siempre son puestas por debajo de victimas artificiales que instrumentalizan la justicia para ejercer violencia, ya que física no es posible ejercerla. Me gusta que de detalles lo suficientemente concisos para que entiendas que es asi, que otras mujeres no tienen justicia ni medidas de proteccion rapidamente por culpa de la Jessi que ha denunciado por malos tratos a Juan porque lo ha dejado y le ha puesto los cuernos, a ella si le llego rapido la proteccion y medidas aunque no las necesitaba, a Lucia la apuñalaron a los dos dias porque los jueces estaban ocupados en el otro caso. Arriesgado libro, hace 4 años habrian pedido su cabeza, hoy, abre debates
Imprescindible. El libro relata la otra cara de la moneda de la Ley Viogen. De una ley que eras necesaria en este país y que se ha pasado de frenada al intentar combatir a delincuentes de sus víctimas creando otras. Como bien se dice, hecha la ley, hecha la trampa. En este caso habla de las denuncias falsas e instrumentales que son invisibilizadas por el estado y los medios de comunicación para no verse como machistas y que la ley es infalible. Los daños colaterales a padres, hijos y familiares de estos no importan en la batalla contra los "agresores " que prácticamente son todos los que caigan ante una mujer con pocos escrúpulos. El libro no niega la violencia de género sino que pone el foco sobre las mujeres que utilizan el escudo que protege a las verdaderas maltratadas como espada.
Muy buen libro, hablando de una verdad incómoda para el resto de la sociedad que es el feminismo actual y el maltrato institucional hacia el hombre, especialmente sobre las denuncias falsas que tantos hemos sufrido. Yo también formo parte de ese 0,00001%.
Muy necesario un debate serio sobre las consecuencias de este feminismo misándrico que lo único que consigue es enfrentarnos a hombres y mujeres pagando nosotros el pato.
Un libro totalmente necesario, una marea de datos para acabar con este fanatismo, aunque decía Mark Twain que ninguna cantidad de datos sería suficiente para convencer a un fanático. Indispensable.
"esto no existe" es, si no me equivoco, el primer intento (quizá el segundo, si contamos con "algunos hombres buenos", de quico alsedo) de colocar en el debate público un problema del que se lleva hablando durante años en foros y canales de youtube de oficialidad dudosa, y solo recientemente comenzó a permear en la prensa.
personalmente me aproximé al libro sabiendo que la gran mayoría de cosas las conocía de antemano, pero un libro como es este, con una sección de referencias de 100 páginas, siempre tiene algo que enseñarte. lo recomiendo a todo el mundo. especialmente a los que creen en las bondades de la ley de violencia de genero.
destaco, si el lector me lo permite algunas píldoras de información: - uno creería que los recursos del pacto de estado contra la violencia de género se dirige mayoritariamente a las víctimas, y no es cierto. - hay estudios muy serios que confirman dos cosas: que estadística y socialmente, el maltrato doméstico no se explica por estructuras de poder basado en el sexo y lo mas sorprendente todavía, que el maltrato en la pareja no es buen predictor para el asesinato. - cuando la ley de viogen se aprobó en 2004 ya había gente advirtiendo de lo que pasaría. incluyendo la mismísima manuela carmena, que publicó un artículo en el país. nadie les hizo caso. - con buenas intenciones (presuntamente), la ley le brinda diversos mecanismos perversos a las mujeres que no son víctimas, que no están sufriendo, pero que quieren putear a la contraparte para conseguir algo, o simplemente para hacer sufrir. tanto el sistema judicial como la opinión pública mayoritaria niegan esta posibilidad, o lo despachan rápidamente, diciendo que no importa, que es muy minoritario, o que cualquier cosa vale la pena para proteger a las verdaderas maltratadas - el tema central del libro: las denuncias falsas. el famoso 0,001%. en resumen, esto es así porque así lo quiere el poder judicial. no solo se contabilizan las denuncias falsas que cumplan una serie de criterios muy específicos, sino que además, aquellas sentencias de conformidad o de absolución en los que existen indicios de denuncia falsa o instrumental, incluso si el juez lo indica expresamente en los hechos probados, no se persigue de oficio (he aquí uno de los incentivos perversos). es tal la falta de información que los expertos tienen desacuerdos en el número verdadero de denuncias falsas que creen que hay. soto ivars compra la estimación de un abogado que calcula que la cifra llega al 33% del total. - faltan datos, en general. faltan datos de todo. y los que no faltan, pueden estar manipulados (un beso a la estadística de los filicidios perpetrados por las madres). el caso más flagrante: el ministerio de igualdad, en realidad, no conoce el número total de víctimas de violencia de género. (¿no me cree? lea el libro) el asunto hace pensar que los recursos no se están destinando para lo importante, que la verdad no quiere saberse y que al estado, en realidad, no le importan las víctimas. (palmadita en la espalda para mí, he descubierto américa). - el tema de la presunción de inocencia es bastante más enrevesado de lo que parece. es cierto que los jueces no sentencian sin pruebas, y que el testimonio de la víctima no suele ser suficiente. pero por el camino se puede hacer daño de muchas otras maneras, especialmente cuando se trata de luchar por la custodia de los hijos. hay abogados de familia que tienen el asunto estudiado al dedillo, y recomiendan la denuncia por malos tratos a sus clientas, incluso si no es cierto, para asegurarse la victoria judicial. - empecé a leer este libro pensando que los políticos que nos gobiernan más que malvados, sobre todo son inútiles. ahora sé que son más malvados que inútiles. - por favor, que alguien bombardee el tribunal constitucional. no elaboraré.
añado que me hace gracia el trato que se le está dando a este libro desde cierto sector de la opinión pública. gente que no se ha leído el libro, ni piensa leérselo, acusando a soto ivars de "negacionista de la violencia de genero" y afirmando que quiere que las mujeres mueran, y que se enfoque en el "verdadero problema", de la "forma correcta", que es por supuesto, la que ellos digan. mientras, niegan con rotundidad la posibilidad de que pueda haber mujeres con malas intenciones que utilizan los recursos que les brinda el estado para hacer daño a sus parejas. y te dirán que no importa, que vale la pena si así se evitan las muertes. pero en realidad, se sabe el total de personas perjudicadas por esta ley? no. nadie lo sabe. nadie sabe nada. de ahí la importancia capital de este libro.
con la gente cegada por la ideología, me temo que es complicado debatir. genuinamente, quiero que este libro se discuta y se rebata. estoy esperando. yo me atengo a los datos y a lo que veo y percibo, y de esa forma, llego a la conclusión de que urge una modificación estructural severa de la Ley de VioGen, sino su abolición, para la aprobación de una mejor, para salvar a mujeres verdaderamente maltratadas, pero también al resto de víctimas de violencia doméstica (que puede ser cualquiera, cosa que, por cierto, la ley, niega).
TL;DR: soto ivars, te quiero. no te duele la espalda? de cargar con todo el peso del periodismo español, digo.
Apostaría a que las valoraciones de 1 estrella son de personas que no lo han leído. Libro 100% recomendable que te aporta una visión que los medios de comunicación esconden.
Como ex-feminista en rehabilitación, leer este texto resulta esclarecedor. El trabajo de documentación de Soto Ivars es un esfuerzo ímprobo, absolutamente admirable. El resultado es un texto irrefutable y lleno de una refrescante sensatez que arroja luz no solo sobre las denuncias falsas, sino sobre la red clientelar que el feminismo ha armado en los últimos veinte años de este país y de la que yo he sido testigo en numerosas ocasiones.
Como dice Soto Ivars al final del libro, saldremos juntos.
me gusta mucho que el libro no se quede en que las denuncias falsas son "fallos administrativos" sino que muchas son una forma de maltrato y de que ninguna o casi ninguna feminista denuncie en RRSS los asesinatos a niños perpetrados por mujeres como hacen con los hombres que hacen lo mismo, lo cual es asqueroso.
me parece que es un libro necesario y no me extraña que lleve ya 6 ediciones en menos de 2 meses
Soberbio. Tremendamente documentado, el 30% (literalmente) del libro son notas. A pesar de conocer muchos de los hechos que narra, el hecho de verlos todos juntitos, uno detrás de otro, resulta impactante.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo es posible que no se haya cambiado nada o se haya cambiado a peor? La triste realidad española, funciona pro ideología y por dogmas aliñadas con un poco de maldad. Señores cámbiense de género.
Ahora, que redescubrimos al feminismo como lo que es. El equivalente al machismo de los años 50. Por lo que encierra a miles de víctimas (hombres y mujeres) como su principal legado. Yo sé que el autor le encuentra, no sé si legítimamente o por pose, algunas bondades a la Ley de VioGen. Esperemos que con el impacto de este libro se pueda profundizar en hacer de esta ley algo con más justicia.
Leer #estonoexiste de de Juan Soto Ivars, es una invitación a pensar y a hablar de algo incómodo.
Me ha gustado. Y lo digo así de claro porque el tema que aborda me parece necesario. El libro se atreve con algo que muy poca gente quiere tocar en público, los posibles abusos, distorsiones o efectos secundarios dentro del sistema de protección contra la violencia de género. No niega la violencia machista ni su gravedad, pero sí cuestiona que el debate esté tan cerrado que no admita matices.
Y ahí está, para mí, su mayor acierto, pone el foco en una zona incómoda del discurso público.
Ahora bien, que me haya gustado no significa que lo haya leído sin reservas. Es un libro que convence en algunos momentos y en otros genera dudas. A veces el peso de los testimonios y casos concretos resulta potente y revelador, otras, da la sensación de que la experiencia individual se usa como base para conclusiones demasiado amplias. Esa es una de las críticas más repetidas que está levantando, que el relato emocional tiene más fuerza que el respaldo estadístico en algunos pasajes.
También se le reprocha el tono. Bicheando un poco he visto que para algunos lectores, el libro abre un debate necesario; para otros, corre el riesgo de alimentar discursos simplificados o de ser utilizado políticamente en un contexto muy polarizado. No es casual que haya generado polémica, debates encendidos y reacciones muy viscerales. Es de esos libros que no se quedan en lo literario sino que entran directamente en lo social.
Y quizá por eso me parece interesante. Porque obliga a posicionarse, a cuestionar certezas propias y ajenas y a reconocer que hay temas donde la conversación pública se ha vuelto demasiado rígida. En ese sentido, el libro es valiente.
Pero también creo que esa valentía tiene un precio, el de moverse en una frontera muy delicada. Cuando se habla de violencia de género, cualquier matiz se interpreta como ataque o como defensa, y el libro no siempre logra escapar de esa lectura binaria. Que este libro me lo regalara mi hijo, @worth_it_ me parece significativo. No sé si coincidimos en todo lo que plantea y tampoco es lo importante. Lo importante es que es un libro que invita a hablar, a discrepar sin miedo y a no conformarse con versiones simples de realidades complejas.
No es una lectura cómoda. Tampoco perfecta. Tiene aristas, provoca, incomoda y en algunos momentos se excede. Pero precisamente por eso deja huella.
Me ha gustado por el tema que aborda, por el debate que abre y por la sensación de que, nos guste o no, hay conversaciones que no deberían evitarse.
«sería fácil hasta cierto punto prevenir la violencia si se estudiara». Así que lanzó un augurio: «[Como la ley] no se plantea las causas ni las concomitancias de este fenómeno de la violencia, difícilmente lo va a prevenir».