Una poderosa llamada a reconstruir la confianza en una sociedad fracturada.
La desconfianza es hoy una forma de respirar. Un gesto aprendido, casi involuntario. Desconfiamos de los gobiernos, de los otros, de los discursos, de las promesas. Desconfiamos incluso de nuestras propias decisiones. Y, sin embargo, seguimos viviendo juntos, compartiendo el espacio público, pidiendo ayuda en silencio, buscando sentido.
Este libro parte de una preocupación ¿qué pasa cuando dejamos de creer en lo común? Victoria Camps escucha ese murmullo de fondo que recorre nuestras democracias cansadas y nuestras vidas fragmentadas. Lo interroga sin estridencias. Lo piensa con cuidado. Porque tras la desconfianza habita siempre una ¿cómo seguir?
La sociedad de la desconfianza es un ensayo sobre el presente herido por el individualismo, la precariedad y el desencanto. Pero también es una la de reconstruir un ethos compartido que nos permita sostenernos, confiar, cooperar, convivir. Un gesto filosófico y político para no ceder a la indiferencia, y recordar que la libertad —si quiere ser digna de su nombre— necesita de los otros.
Quizás no se le dé la importancia debida a esta mujer, por aquello de su coqueteo político con cierta izquierda, pero allá cada uno. Victoria Camps ya no forma parte del Consejo de Estado, pero debería ser considerada la mejor CEO para cualquier empresa de desarrollo personal. Desde que leí El gobierno de las emociones, cuya mayor virtud recuerdo que era la de diseccionar y explicar conceptos complejos de una manera estructurada y muy accesible, no la había vuelto a catar. Ahora, con ochenta y cuatro años, la clarividencia de siempre y en medio del duelo por el fallecimiento de su marido, el filólogo Francisco Rico, escribe este ensayo sobre un tema de lo más candente, cuya tesis es que la raíz de la desconfianza social está en eso que llaman "individualismo", dado que concebimos de forma distorsionada el concepto de libertad: la libertad apropiada por las ideologías de derecha e izquierda, la libertad negativa y positiva, la libertad de los antiguos y de los modernos, la libertad reduccionista y el libertarismo, etc. Como siempre, es una artista de hacer fácil lo difícil. Con suma claridad -es tan accesible que recomendaría el ensayo a cualquier adolescente con inquietudes-, desmadeja el hilo que más le conviene de las tesis de destacados filósofos con obra reciente publicada (Wendy Brown, Frédéric Lenoir, Byung-Chul Han, Michael Sandel, Pascal Bruckner, Nancy Fraser...) para ir confeccionando sus propuestas para un nuevo contrato social en una sociedad más humanizada. Si bien es cierto que añade determinados capítulos (sobre la esperanza, la bioética, el buen envejecer y la educación) que son síntesis de otras de sus obras ya publicadas, al menos no trata de imponer con nostalgia aquellas formas anacrónicas y kumbayás de un mundo más comunitario, sino que desvela unos cuantos ases en la manga más imaginativos, cuestionando, por ejemplo, la tiranía de la meritocracia, y que tienen que ver con el camino hacia la igualdad, la justicia distributiva, la dignidad en el trabajo, etc. No llega a profundizar demasiado, pero por lo menos abre el debate.
“La política puede ser capaz de resolver problemas, de llegar a pactos y de eludir la confrontación estéril si se lo propone. Así de sencillo. Falta voluntad, lo repite todo el mundo (…) ¿Por qué no tiene que ser posible una política basada en la moderación y la palabra constructiva?” ~ La sociedad de la desconfianza de Victoria Camps.
Creo que no me equivoco al decir que somos muchas las que cuando vemos el espectáculo que nuestros políticos dan en el Congreso de los Diputados, se nos cae el alma a los pies. En los últimos años hemos pasado de debates sobre política a insultos; de presentar propuestas y analizarlas a posiciones de oposición simple y llanamente porque las propone el contrario, y en los que el supuesto “bien común” queda de puertas para afuera, si es que aún le dan espacio.
Esta situación, entre otras muchas, ha ido minando nuestra confianza en el sistema político y favoreciendo el auge de movimientos extremistas. Esa falta de confianza se da también con relación a otros aspectos, como los medios de comunicación, la educación o los sistemas públicos. ¿Cómo recuperarla? Precisamente en este libro Victoria Camps analiza el contexto actual en el que vivimos y cómo afrontar estas situaciones y lo hace con un lenguaje claro y sencillo que favorece la lectura de este ensayo.
“La economía consumista nos ha habituado a desear mucho y quererlo todo de inmediato”, indica la autora que nos anima a formarnos, a educarnos y a desarrollar opiniones críticas asentadas. “Para que todo cambie hay que empezar por la educación, pero educar es una tarea colectiva”, recuerda y reconoce que queremos otro tipo de sociedad “pero nos sentimos incapaces de diseñarla mínimamente”. Aun así, defiende una actitud positiva y productiva, a la unión, el pluralismo, la integración social y educar en la libertad pero enseñando a “aceptar como propias las normas adecuadas, lo contrario de crecer en la ausencia de normas”.
Un ensayo que aborda más temáticas, como la vejez, las redes sociales o los populismos, y que sin duda recomiendo.
Una radiografia serena però incisiva de com la democràcia contemporània es veu erosionada no tant pel conflicte visible, sinó per una desconfiança lenta i persistent que s'infiltra en els mecanismes de convivència.
Camps dissecciona amb precisió filosòfica la manera com l’individualisme i la polarització han anat substituint el projecte comú per identitats tancades i opinions impermeables, convertint el debat públic en un espai emocional més que racional. Sense recórrer a l'elitisme acadèmic, i amb una voluntat deliberada d’escriptura oberta i accessible, l’autora ens guia per les fissures on la democràcia es desgasta: la fragilitat institucional, la seducció del populisme i la renúncia creixent al matís i a la reflexió pausada. El llibre revisita un període polític convuls marcat per pandèmia, emergències climàtiques i inestabilitat energètica, recordant que governar en temps d’incertesa és també sostenir el fil fràgil de la confiança col·lectiva.
A través d’una mirada crítica però profundament humanista, Camps defensa una educació cívica que no imposa, sinó que convida a pensar, i una política que no busca enemics, sinó ponts entre compatriotes que comparteixen destí social. La seva prosa, clara i deliberadament antiacadèmica, esdevé un gest polític en si mateixa: fer que la filosofia torni a ser pública, llegible, necessària.
Una reflexió incòmoda i elegant sobre la democràcia com a espai de responsabilitat compartida, i sobre el perill de confondre la llibertat personal amb la impostura de l’aïllament i la certesa absoluta.
Excelentes reflexiones, mesuradas y relevantes - es la literatura de divulgación que vale la pena leer. El capítulo 'El desconcierto educativo" me llegó, recuerda que instrucción y educación se complementan y la escuela no es playground. Perfecto para que Los padres replanteemos la como las instituciones y hogares plantean la educación de nuestros hijos, a desarrollarse en virtudes y libertad.
Es un libro que hay que releer. Tiene mucho contenido para absorber.