EL 10 DE NOVIEMBRE DE 1985, un pueblo balneario llamado Villa Epecuén —en ese entonces, uno de los polos de turismo termal más impor-tantes de la Argentina— sufrió la crecida de un lago y en pocos días quedó cubierto por ocho metros de agua. Los habitantes debieron desarmar y abandonar sus casas con urgencia, mientras los ataúdes del cementerio local salían flotando. Los funcionarios públicos se em-peñaron en negarlo todo hasta último momento. Y la localidad entera se convirtió en un Titanic bonaerense en el que confluyeron las mez-quindades humanas, los dramas domésticos, el dolor del desarraigo, los temores de la posdictadura y la negligencia de un Estado tomado por el interés individual. Hoy, las ruinas de Epecuén resurgen de las aguas —que se fueron evaporando con el paso de los años— y traen consigo un paisaje de posguerra, y preguntas. ¿Es posible que un pueblo desaparezca en silen-cio? ¿Qué tipo de relato queda escrito en Epecuén? Josefina Licitra bus-ca las respuestas entre los evacuados, las fotos viejas y las voces de una generación que habla de su pago chico como se habla de la infancia: con nostalgia, con cierta vocación de mito, y con la necesidad urgente —y a la vez antigua— de encontrar culpables.
Periodista, cronista y narradora argentina. Ha escrito para Rolling Stone, Newsweek, Vogue, Brando, El País Semanal, Etiqueta Negra y Gatopardo, entre otras. En 2004 ganó el premio CEMEX-FNPI en la categoría texto. Dictó talleres de crónica periodística y publicó el libro de crónicas Los imprudentes.
Excelente ensayo sobre un pueblo que desapareció, por negligencia, corrupción y necedad. La autora hace tan buen trabajo que, al final, uno se sorprende de lo predecible que es una historia como esta, por tanto que rompa la lógica.
De alguna manera reformulo a Forest Gump y digo que Josefina siempre describe las cosas de modo que yo pueda imaginarlas.
Hay un fragmento, una oración en dos renglones, en las que dos hermanas cuentan que aguantaron quedarse solo tres días después de la inundación, porque los aullidos de las perros abandonados no las dejaban dormir: no exagero si digo que es una de las frases que más me impactaron leer en mi vida.
¿Cuanta angustia puede despegarse de una escena como esa?
Leer la historia de Epecuén se siente mucho como la de un pasado mágico y prometedor que se perdió por el agua que arrasa, como si viéramos a ese lugar a través de un kinetoscopio, imágenes en movimiento de un pasado que ya no existe y que ahora es sólo silencio y horizonte.
Josefina Licitra es una gran narradora latinoamericana de historias. Me ha recordado mucho al estilo cortante, seco, sin dar todas las respuestas, de Leyla Guerriero.
En esta obra, no solo habla de un episodio muy triste de la historia argentina, la inundación de todo un pueblo. Sino que bajo su mensaje, subyace la crítica a aquello que se veía llegar, a aquello que se pudo evitar y nadie lo hizo, a la corrupción política, a que el pueblo es siempre el mayor perjudicado, y que hay momentos en la historia en la que no hay que pasar página hasta lograr responsabilidades.