Discover the origins of Diana Prince aka Wonder Woman as part of DC’s major new line of collected editions!
Welcome to DC Finest, a major new publishing initiative presenting comprehensive collections of the most in-demand and celebrated periods in DC Comics history, spanning genres, characters, and eras!
This collection spotlights the origin of Wonder Woman: her arrival in Man’s World with the wounded Steve Trevor and her secret identity of Diana Prince.
Explore Wonder Woman’s heroic beginnings as she faces off against infamous villains such as Baroness Von Gunther (a recurring villain during her early adventures) and loses her strength!
Dr. William Moulton Marston (May 9, 1893 – May 2, 1947), also known by the pen names Charles Moulton and William Marston, was an American psychologist, feminist theorist, inventor, and comic book writer who created the character Wonder Woman. Two women, his wife Elizabeth Holloway Marston and Olive Byrne (who lived with the couple in a polyamorous relationship), served as exemplars for the character and greatly influenced her creation.
He was inducted into the Comic Book Hall of Fame in 2006.
Después de leer este volumen, mi admiración por el gran William Moulton Marston ha aumentado hasta alturas estratosféricas. Por supuesto, ya sabía que el buen doctor vivía en una relación poliamorosa con su esposa y su amante, y que le iba cosa mala el bondage, pero el cómo logró salirse con la suya durante tantos años guionizando unos cómics dirigidos al público infantil en los que el sadomaso y las relaciones homosexuales femeninas eran protagonistas absolutos se me escapa, y solo puede ser obra de una mente privilegiada y adelantada décadas a su tiempo. Y lo digo totalmente en serio.
Porque, vamos, estamos ante una oda al amor sumiso, al sometimiento —casi siempre consensuado— a las relaciones ama-esclava, al jugueteo erótico entre mujeres. También al pacifismo, por cierto, y a la creencia en la redención y el perdón. La malvadísima baronesa Von Gunther (me encanta esta villana) en realidad resulta ser una víctima de las circunstancias y, cosas de la vida, extraordinariamente eficaz como dominatrix; ambas cualidades la convierten en candidata ideal para que Diana la ponga de nuevo en el buen camino, tras enviarla a la silla eléctrica unas cuantas veces, eso sí... pero pelillos a la mar, una mala tarde la tiene cualquiera. ¿Y qué decir de la maravillosa Etta Candy, una mujer obesa y orgullosa de ello, capaz de plantarle cara al más pintado y de preparar las más refinadas torturas para las desgraciadas que pretenden unirse a su sororidad universitaria? Normal que los guionistas actuales no tengan ni idea de qué hacer con ella...
Como contraste, los hombres que aparecen en estos tebeos son extraordinariamente aburridos, incluso los villanos, todos perfectamente genéricos. Marston apunta hacia un mundo dirigido por mujeres fuertes, y, como modo de prepararnos para su llegada, despliega una imaginería de dominación amable y consensuada, una utopía sadomasoquista en la que ni siquiera hacen falta palabras de seguridad. ¿Raro? Hombre, pues sí, para qué vamos a negarlo, pero, oigan, ni que el mundo real fuera mejor...