Japón, primera mitad del siglo XX, roto el aislacionismo el país se está militarizando y transformándose en una potencia emergente en Asia. En su interior, pese a los recelos de los poderes conservadores, el gobierno de Meiji está gestando los primeros intentos de establecer una democracia moderna.
En medio de esta convulsa sociedad, surgen tres de los mejores escritores del Japón contemporáneo: Ryūnosuke Akutagawa, Kenji Miyazawa y Osamu Dazai, quienes a pesar de su temprana muerte, dejaron un legado insuperable en la literatura japonesa.
En esta antología, lectura imprescindible para todo aquel que quiera disfrutar de la prosa exquisita de tres de los mejores escritores de la literatura asiática de todos los tiempos, disfrutaremos de una selección de relatos que nos arrastrarán a un país plagado de mitos y leyendas ancestrales, un remoto lugar en el que misterio y realidad van de la mano.
Akutagawa Ryūnosuke (芥川 龍之介) was one of the first prewar Japanese writers to achieve a wide foreign readership, partly because of his technical virtuosity, partly because his work seemed to represent imaginative fiction as opposed to the mundane accounts of the I-novelists of the time, partly because of his brilliant joining of traditional material to a modern sensibility, and partly because of film director Kurosawa Akira's masterful adaptation of two of his short stories for the screen.
Akutagawa was born in the Kyōbashi district Tokyo as the eldest son of a dairy operator named Shinbara Toshizō and his wife Fuku. He was named "Ryūnosuke" ("Dragon Offshoot") because he was born in the Year of the Dragon, in the Month of the Dragon, on the Day of the Dragon, and at the Hour of the Dragon (8 a.m.). Seven months after Akutagawa's birth, his mother went insane and he was adopted by her older brother, taking the Akutagawa family name. Despite the shadow this experience cast over Akutagawa's life, he benefited from the traditional literary atmosphere of his uncle's home, located in what had been the "downtown" section of Edo.
At school Akutagawa was an outstanding student, excelling in the Chinese classics. He entered the First High School in 1910, striking up relationships with such classmates as Kikuchi Kan, Kume Masao, Yamamoto Yūzō, and Tsuchiya Bunmei. Immersing himself in Western literature, he increasingly came to look for meaning in art rather than in life. In 1913, he entered Tokyo Imperial University, majoring in English literature. The next year, Akutagawa and his former high school friends revived the journal Shinshichō (New Currents of Thought), publishing translations of William Butler Yeats and Anatole France along with original works of their own. Akutagawa published the story Rashōmon in the magazine Teikoku bungaku (Imperial Literature) in 1915. The story, which went largely unnoticed, grew out of the egoism Akutagawa confronted after experiencing disappointment in love. The same year, Akutagawa started going to the meetings held every Thursday at the house of Natsume Sōseki, and thereafter considered himself Sōseki's disciple.
The lapsed Shinshichō was revived yet again in 1916, and Sōseki lavished praise on Akutagawa's story Hana (The Nose) when it appeared in the first issue of that magazine. After graduating from Tokyo University, Akutagawa earned a reputation as a highly skilled stylist whose stories reinterpreted classical works and historical incidents from a distinctly modern standpoint. His overriding themes became the ugliness of human egoism and the value of art, themes that received expression in a number of brilliant, tightly organized short stories conventionally categorized as Edo-mono (stories set in the Edo period), ōchō-mono (stories set in the Heian period), Kirishitan-mono (stories dealing with premodern Christians in Japan), and kaika-mono (stories of the early Meiji period). The Edo-mono include Gesaku zanmai (A Life Devoted to Gesaku, 1917) and Kareno-shō (Gleanings from a Withered Field, 1918); the ōchō-mono are perhaps best represented by Jigoku hen (Hell Screen, 1918); the Kirishitan-mono include Hokōnin no shi (The Death of a Christian, 1918), and kaika-mono include Butōkai(The Ball, 1920).
Akutagawa married Tsukamoto Fumiko in 1918 and the following year left his post as English instructor at the naval academy in Yokosuka, becoming an employee of the Mainichi Shinbun. This period was a productive one, as has already been noted, and the success of stories like Mikan (Mandarin Oranges, 1919) and Aki (Autumn, 1920) prompted him to turn his attention increasingly to modern materials. This, along with the introspection occasioned by growing health and nervous problems, resulted in a series of autobiographically-based stories known as Yasukichi-mono, after the name of the main character. Works such as Daidōji Shinsuke no hansei(The Early Life of
Hablando de manera general puesto que las impresiones de todos los relatos las he escrito conforme iba avanzando en la lectura, para que me resulte más práctico, tengo que decir que este libro a resultado ser toda una sorpresa.
Aunque admito que leyendo algunos comentarios con respecto a que la traducción no era muy buena, sentí cierto desanimo anticipado, puesto que tratándose de cualquier libro traducido pero de manera particular tratándose de autores japonés, considero que pueden hacer muy confusa la lectura si resulta no estar a la altura. Y aunque en mi lectura me encontré con algunos párrafos confusos y una que otra mala redacción, el punto bueno es que los relatos están traducidos por diferentes personas, por lo que de antemano tienes una idea de la calidad que te vas a encontrar dependiendo de quién lo haya traducido. Al final la traducción no me resultó tan deplorable como esperaba.
Eso sí, empecé a leerlo con una idea preconcebida de qué autor era el que quería que me gustase más y me he llevado una enorme sorpresa, puesto que el que menos imaginé, fue el que me gustó más.
Ahora bien, hablando de ellos:
Akutagawa, este es un autor que tenía muchas ganas de leer, siendo que anteriormente había leído otros relatos y tenía más o menos una idea de lo que podría encontrarme pero ha sido mucho mejor. Tiene un estilo muy característico y elegante, al menos en estos relatos se nota que es muy multifacético y en ningún momento pierde su esencia, habla de todo y esa es una de las cosas que más me han gustado, aunque eso sí, sus desenlaces se sienten un poco cortados, como si no necesitases más explicaciones y la historia acabase ahí sin más. Ahora quiero leer más de este autor y descubrir más de sus historias.
En cuanto a Dazai, este autor es al que le tenía más curiosidad y con ganas de que fuese el que más me gustara pero ha resultado el que menos he disfrutado, no he podido congeniar con su estilo. Los cuatro relatos hablan sobre la misma temática, gente contando anécdotas y vivencias pasadas. Aunque en sí los relatos no son del todo malos y terminan contando cosas diferentes, el hecho de que no nos presente otro estilo, lo torna un poco tedioso. Creo que por el momento es un autor que dejaré para después.
Y por último, Miyazawa, vaya sorpresa ha resultado ser este autor, ahora quiero leer todos los libros que pueda conseguir de él. Que yo recuerde hasta ahora nunca había leído un autor japonés de literatura fantástica, porque si no es fantasía lo que escribe, entonces no sé cómo llamarle. Sus relatos se sienten como cualquier cuento clásico de fantasía, se nota que escribe sobre la misma temática pero que ha diferencia de Dazai, no se siente pesado, si no que nos presenta una amplia gama de posibilidades. Y es que en cada uno de sus relatos se siente la presencia importante de la naturaleza. Lo cierto es que no he podido evitar pensar que sus historias muy bien podrían congeniar con Hayao Miyazaki, puesto que encajarían muy bien con su estilo. Un autor que ha sido para mí toda una revelación.
Sin duda un libro en el que me encontrado de todo y de lo que menos me esperaba, siendo una gran oportunidad para conocer a estos tres autores y disfrutar mucho con sus historias, como una caja llena de sorpresas donde no sabes con qué te vas a encontrar. Y si, lo recomiendo mucho.
Cómo será de olvidable el libro que se me fue marcarlo hace dos semanas.
Hubo un par de cuentos que me gustaron, de Dazai y el último de Miyazawa, el resto eran muy nada.
Si usted es nuevo en el mundo de la literatura japonesa, no compre este libro como introducción, no sirve y terminará desmotivado. Váyase por clásicos y novelas mejor.
Es medio difícil dar una opinión general de una antología. La mayoría de los relatos me agradó y los que no me gustaron tanto eran más un ni fu ni fa que algo derechamente malo.
Akutagawa se me hizo el autor más atrapante, me gustó esa como mezcla de contexto de modernidad con algo sobrenatural. Con Dazai me pasa que no me gusta tanto, al menos no tanto como esperaría. “La billete” fue mi relato favorito de este autor, los demás no estaban mal, pero no me marcaron más allá. Miyazawa tiene ese toque medio infantil que es enternecedor y divertido según el cuento. Este último creo que es mi autor favorito.
En otros comentarios sobre el libro se critica harto la traducción. La verdad me cuesta un poco darme cuenta de esas cosas, pero si sentí que el glosario estaba algo pobre y faltaban más notas al pie para explicar algunas cosas, algo que he visto en otros libros de cuento de autores japoneses. También habían unos cuantos problemas de edición, palabras juntas, errores de tipeo y a ratos la impresión estaba como rara.
Da la sensación de que las traducciones no son buenas. Varios de los textos en español se notan con redacción forzada, que entorpece la lectura, y eso le resta mucho a relatos que sin duda merecían un trato mejor.
En el pasado, el exotismo que despertaban lugares como el medio oriente, China o Japón, era una fuente inagotable de divertimentos para el lector en busca de diversidad. Pareciera que en estos timpos modernos, eso ya no tiene que ser vigente, dadas las facilidades que tenemos para aprender acerca de culturas distantes desde la comodidad de nuestro hogar, sin embargo, sigue existiendo.
Desde luego, las diferencias culturales entre los pueblos aún pueden marcar una diferencia a la hora de leer historias surgidas en un determinado contexto. Puede ser que "el lejano oriente" ya no sea tan lejano, sin embargo algunos de sus usos y constumbres lo siguen siendo para un lector occidental. Es por eso que libros como este no dejan de ser vigentes, y aún son capaces de soprendernos con su lectura.
La obra esta compuesta de varios relatos de Ryūnosuke Akutagawa, Kenji Miyazawa y Osamu Dazai, aunque el primero abarca la mayoría del libro. Hay de todo: desde relatos costumbristas típicos, relatos fantásticos al estilo clásico, fábulas, horror, etcétera. Todos salpicados de esa pequeña dósis de exotismo que nos producen por si solas las situaciones abarcadas en ellos. Si debo reconocer que en algunos casos parece que la traducción pudiera no ser la más acertada, sin embargo no es impedimento para disfrutar de la obra a plenitud. Aunque diversos, los estilos de cada uno de los escritores incluidos garantiza una buena variedad que hace que la lectura sea muy fluida.
El libro tiene doce relatos de tres autores distintos, clásicos de Japón que como indica el prólogo (un prólogo que podría haber tenido una redacción un poco más amena), son historias que se leen en los colegios.
En general las disfruté, siempre disfruto de la cultura japonesa pero debo resaltar que me choca en sobremanera el machismo que aflora en muchos cuentos. Frases como "La avaricia femenina tiene, aparentemente, un aspecto más deplorable y espantoso que la masculina" son frases que viniendo de un personaje "femenino" (los que lo leyeron sabrán por qué lo pongo entre comillas), me hacen preguntar cómo verán esto los chicos en la escuela.
Al final del libro hay un glosario que me pareció pobretón para la cantidad de términos que aparecen en los relatos y me hace pensar que tal vez algunos términos debieron haberse abarcado en el prólogo, si es que se deseaba no hacer un glosario muy largo.
De todos modos, la gran mayoría de las historias se disfrutan mucho y tienen lo encantador de la cultura japonesa. Un libro recomendado.
Como una pieza musical disonante, este libro adolece de un pésimo equilibrio: ya que dos tercios le pertenecen a Akutagawa, los textos de Dazai y Miyazawa dan la impresión de ser meros accesorios. Tal parece que la conformación de antologías pertenece o bien al ámbito de lo arcano o de las ciencias exactas. No se trata de compilar textos por hacerlo. Para que estas funcionen y su lectura no resulte tortuosa, aburrida y con el fin de que no pasemos por alto a los autores que se presentan, debe haber coherencia, un hilo conductor y, sobre todo, ha de priorizarse la noción de balance.
Porque una mala edición puede alejar a potenciales lectores, ruego que se tome esta diatriba veloz y superficial como una crítica a la forma y no al fondo de la antología. La maestría de los autores siempre puede salir al rescate de la incompetencia de los editores, y para eso Akutagawa y Dazai se pintan solos.
Es un buen acercarmiento a la literatura japonesa, y tengo que destacar el prólogo, que da una gran introducción a los autores y su obra, lo disfruté muchísimo.
De los tres autores, mi favorito sin duda es Dazai. Tiene algo que me fascina de su manera de narrar, la melancolía con la que escribe, cómo lo siento tan reflejado en sus textos... Me encanta. Sus relatos fueron mis favoritos.
Miyazawa fue la gran sorpresa. No soy fan de la fantasía, pero escribe de una manera tan ligera que sus cuentos los disfruté muchísimo. Tuve la oportunidad de leer «El restaurante con muchas peticiones» mientras escuchaba el cuento en japonés y fue una experiencia maravillosa que me permitió apreciar mejor el estilo tan dulce del autor.
Akutagawa... No es malo, de hecho entiendo por qué es tan importante en Japón y me parece maravillosa su prosa, pero es un autor que me cuesta muchísimo trabajo. Creo que estos relatos son lo que más me ha gustado del autor y me ha animado a seguir intentando leerlo.
Sinceramente, como experta en Japón, creía que este libro iba a ser un agradable descubrimiento. Por fin iba a poder leer en mi idioma a algunos de los autores más ilustres del País del Sol Naciente, pero para mi sorpresa, no ha sido así. Es posible que algunos relatos se salven, pero en general he tenido un desencuentro con la mayoría, sobre todo por culpa de la traducción. Como lingüista y persona que habla japonés, he podido percibir de forma casi transparente el idioma del cual vienen algunas frases y construcciones gramaticales. Falta corrección posterior por parte de un hispanohablante nativo, en mi opinión. A pesar de todo, no puedo menos que admirar a aquellos que se atreven a traducir obras japonesas y más, de forma directa sin pasar por el inglés (que es lo que parece que ocurre en este caso).
Espero encontrar en el futuro otros cuentos que me permitan abstraerme de la lingüística y centrarme en disfrutar las historias que se narran.
De Ryunosuke Akutagawa mi relato predilecto fue ‘La anciana fantasmagórica’ donde mi intriga iba en aumento. ‘Las dos cartas’ me agradó al abordar el tema del doble, el cual fue un elemento central y bien utilizado para crear un ambiente de suspenso.
De Osamu Dazai esperaba más y el único relato que sobresalió para mí fue ‘La billete’ al ser un objeto el narrador, pero al final no me terminó de gustar del todo.
De Kenji Miyazawa ‘La estrella de Yodaka’ fue un relato enternecedor, pero no lo sentí tan genuino.
En general fueron relatos que no me hicieron pasar un mal rato pero que francamente no son dignos de recordar. Probablemente la traducción pueda ser un factor que entorpezca el disfrute de los relatos.
"La vida. Es decir, ¿qué es eso?, ¿qué piensa usted? La vida no es nada. Cuando yo estaba en la escuela, me daba mucho miedo pensar sobre mi vida. Sé que no era lo correcto. Sin embargo, déjeme decirle, no era nada. El ejército también es vida. Es decir, la vida es aquello que no existe. Nada más se trata de un acceso a las personas cercanas. Nada más." - Osamu Dazai
"Del perro anterior la había separado la vida y de este, la muerte. A fin de cuentas, quizá fuera su destino no poder tener perros. Aquello solo llenó su alma de una tranquilidad desesperante." - Ryunosuke Akutagawa
Como toda antología de relatos algunos resaltan más que otros, en cada uno destaco las tradiciones, la ambientación, las costumbres, y la forma de narrar que son características del continente asiatico. Me gustaron mucho los relatos de la anciana fantasmagórica y las dos cartas, en estos se resalta el folklore y la mitología en torno al misticismo. Igual destaco el relato "la estrella de Yodaka" tiene todas las vibes de mito o leyenda tradicional.
Muy buena antología de cuentos o relatos de estos tres grandes autores japoneses. Me encanto 2 cuentos de Akutagawa: Las dos cartas (justo estaba leyendo un manga sobre el efecto Dopënganger) y Toroko. De Dazai me gusto la billete y el gorrión y de Miyazawa Kenji los 4 cuentos elegidos...mis preferidos son Asientos de mono y la estrella de Yodaka.
No había tenido la oportunidad de leer nada de Kenji Miyazawa pero, aunque muy cortos sus relatos, me sumergían por completo, de Dazai amé el de la billete y de Akutagawa todo!
Estuvo bien, bastante normal para autores japoneses, que suelen salir con cosas bien raras. Algunas historias están muy largas, otras más cortas. Unas están normales, con un poco de misticismo japonés, uno que otro fantasma o aparición por ahí. Pero hay otras que están bien extrañas, como la de los cazadores. Esa sí que está perturbante. Y la que más me gustó fue la historia de "La billete".
Traduccion un tanto erratica, pero la seleccion de historias compensa esas deficiencias. Tres autores esenciales de la literatura japonesa para cualquiera que vaya empezando a conocer.
La traducción se antoja mediocre en la introducción del texto, sin embargo, en algunos relatos se puede rescatar el trabajo del equipo de traducción. Los relatos de Dazai son increíbles, todos y cada uno de ellos muestra esos tintes hedonistas y existencialistas que caracterizaron al hábil escritor. Los textos son antibelicistas, en cierta medida absurdistas y en todo el sentido de la palabra cínicos. Por otro lado, los cuentos de Miyazawa son bastante entretenidos y didácticos, increíble imaginación. Akutagawa presenta varios cuentos con un aire a Poe, lo cual siempre es bueno. En resumen, una colección que vale la pena leer para aproximarse un poco a la literatura japonesa del siglo XX.