En esa tierra de nadie llamada adolescencia, Iván Pujol trata de acomodarse a la muerte de su padre y a que su madre lo haya despachado a La Cumbre, a vivir con su abuelo Galo, el hombre fuerte de la familia. Uno ha perdido a un hijo, el otro ha perdido a un padre. Iván tiene trece años; Galo, setenta, y las mujeres que van a visitarlo, todas las edades intermedias. Es el año 1972 en la Argentina. Perón amenaza volver, la mitad del país tiene miedo y ya empieza a sentirse olor a muerte en el aire. Novela de iniciación y aprendizaje, Corazones es también el retrato crudo de una familia, una clase, que da la espalda a la realidad de un país en llamas. Escrita a los veintisiete años, esta primera novela de Juan Forn contenía ya las marcas de su estilo la precisión tersa de la prosa y el don de crear personajes inolvidables. Celebrada como un pequeño objeto de culto por la crítica, mantiene intacta una capacidad de conmover que la acerca sin cesar a nuevos lectores. “Vos no eras así. Algo pasó, es cierto. Pero nadie se puso a pensar que, cuando eras esa criatura apacible que hoy todos se preguntan adónde fue a parar, vos no sabías que eras eso”.
Su abuela, nacida en Gran Bretaña, y un vecino que durante su adolescencia le prestaba libros en inglés, determinaron su anglofilia. Los autores que tradujo fueron siempre de este idioma.
El primer libro que publicó fue uno de poesía, en 1979, pero pronto se convenció que ese no era su género. Viajó a Europa y de regreso comenzó a trabajar en 1980 como editor, primero en Emecé y después Planeta hasta 1995.
En 1994 fue invitado por el Woodrow Wilson International Center (Washington D. C.) para terminar su novela Frivolidad, que fue publicada en 1995. Posteriormente publicó Puras mentiras.
En 1996 creó el suplemento cultural Radar Libros del diario argentino Página/12, que dirigió hasta 2002. Ese año «un coma pancreático lo tuvo al borde de la muerte. Los médicos le advirtieron que debía 'aprender a parar antes de cansarse'. Él entendió. Se fue a vivir a Villa Gesell, localidad costera a 300 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires», donde residió el resto de su vida.
Tuvo, desde 2008, una columna semanal, que aparecía los viernes en la contratapa de Página/12. Editó cuatro libros con las crónicas que allí publicó. Tuvo otra sección —La tierra elegida— en la revista literaria colombiana El Malpensante.
En 2001 Página/12 editó cinco libros de Forn en formato económico.
En 2007 obtuvo el Premio Konex de Platino en la disciplina Periodismo Literario, otorgado por la Fundación Konex, y en 2017 el Diploma al Mérito del mismo premio.
En 2015 editó Los Viernes, una selección de sus contratapas en Página/12. En 2018 fue uno de los entrevistados en el filme documental La boya dirigido por Fernando Spiner.
Falleció en Villa Gesell el 20 de junio de 2021 a los 61 años de edad.
Primera novela de Juan Forn, escrita de una manera brillante en segunda persona, detalle no menor porque me llevó a la sensación de de tener al mismo personaje de niño y su versión mayor en el relator. Iván recorre una porción de su vida a partir de un hecho trágico y en compañía de su abuelo en las cumbres cordobesas, en estos meses el autor permite traslucir cada una de las emociones y sensaciones que conducen los comportamientos de este joven y el mundo que lo rodea tratando de llegar a un lugar, que aunque lo supongamos, no se desenlaza hasta la última página. Casi al mismo tiempo confluyen las pérdidas, y ambas son la puerta que abre el autor al final de la inocencia.
Escuchen esto, entre todas las viudas de Forn, ó sea, entre todos los que hicimos su taller los viernes, decidimos empezar a leer este libro y juntarnos el viernes 4 a hablar de él.
Es increíble, mi primer lectura fue mientras estaba en el taller y la verdad es que, lo pasé largo. No recabe en esa proverbial segunda persona, en la historia, en los sentimientos y en esa nota final donde Juan nos habla a nosotros, sus lectores. La puta madre, como se lo extraña
Una historia sencilla. ♥️ Un abuelo, un padre y un hijo: la aventura de no aprender a serlo. La mística de habitar la adolescencia y el duelo en dejarla atrás. La primera novela de un grande, más que increíble.
Un viaje por los vaivenes sentimentales de la adolescencia donde se intersecta el amor, la bronca o la impotencia de estar envuelto en un mundo de adultos sin entenderlo del todo. La historia se narra de principio a fin desde la perspectiva del joven y en ciertos momentos me resultó un poco fastidiosa pero ese es otro tema. Considero que hubo una construcción prolija de la narración con un ingrediente no típico: el uso de la segunda persona que encajó a la perfección. Es interesante la lectura de la nota final donde el autor da más detalles al respecto. Sin rodeos, es una lectura recomendable. Mi primera de Forn, no creo sea la última.
hermosa novela sobre la adolescencia. me emocionó hasta las lágrimas el final. es el primer libro que leo de Juan Forn y ya estoy buscando otro para seguir.
La primera novela de una escritor fuera de serie. La escribió con 27 años! Está en segunda persona, un recurso interesante para tener en cuenta si te gusta escribir. Acá funciona bárbaro: cero artificial "la idea de que el narrador le contara al protagonista la historia me pareció providencial"
"la literatura, a fin de cuentas, se trata de dar a las cosas el nombre que uno cree que tienen"
Un librito muy lindo de leer. Un niño es enviado a Córdoba luego de ciertos acontecimientos que hacen que termine su niñez. Muy introspectivo, narrado en segunda persona con esa intención, resulta mas que interesante. La historia es sencilla pero mantiene atrapado, para leerlo de una sentada.
si bien -como muchas novelas- tiene un final abierto del tipo que te deja pensando "bueno, ajá, ¿y entonces? ¿eso es todo?", me gustó el uso de la segunda persona para narrar. la historia me pareció interesante y me hubiese gustado un desarrollo más amplio de la misma y saber QUÉ MÁS PASA
Inocencia, ternura y crueldad en una novela que, para ser su primera, ya expone el gran escritor que Juan supo ser desde una temprana edad. El recurso de la narración en segunda persona es de lo más acertado. Un coming of age que te atrapa y te hace revivir sensaciones que creíamos ya haber enterrado. Recomendadísimo.