”Da igual las vueltas que demos al mundo corriendo detrás del sol para que no se ponga nunca, Silvia. Creceremos, como los demás. No somos inmunes al tiempo”.
Justo cuando pensé que ya habíamos superado a Álvaro con el libro anterior y que Silvia iba a poder tener tranquilidad para estar con Gabriel y sólo pensar en él, llega Elísabet a decirme “pues no, mi ciela” y mete a Álvaro en este libro también. ¿POR QUÉ? Es que de verdad, no me lo soporto, no puedo con su existencia, con su actitud de arrepentido y lameculos. En fin.
Creo que este libro es la definición de encontrar el paraíso, subir muy, muy alto y luego caer a las profundidades más oscuras y peligrosas del averno. De verdad, la montaña rusa de emociones que nos hace sentir esta historia es otro nivel. Y, evidentemente, estoy hablando de los capítulos que tienen que ver con Gabriel y Silvia. Por si no se han enterado ya, odio todos en los que Álvaro estaba involucrado, vaya desperdicio.
Pero bueno, volviendo a Silvia y a Gabriel, amé mal verlos en este libro con su nueva dinámica, su conexión emocional y la manera en la que se miraban y no podían estar lejos el uno del otro. Eso sí, madre mía lo que sufrí con Silvia cuando todavía seguía en su plan de “no podemos hacer nada porque eso va a cambiar nuestra relación y tengo miedo de perderte”. Joder, a ver… la entiendo, pero a la vez era como “dioses del Olimpo, por favor bésense ya y hagan todo lo que quieren hacerse o me voy a morir ya mismo”. Y nada, cuando por fin sucede… wow. Amo la manera en la que ellos dos logran que absolutamente todo sea muy especial y no sólo algo del momento.
Y… vaya, cuando llega todo el punto álgido de este libro… uf. No diré nada de spoilers, pero son páginas tremendamente dolorosas de leer. Después de la vida soñada y del paraíso llega esa otra cara de la moneda, los momentos de estrés, de rabia, de recaídas, de mentiras y de hacerle daño al otro para alejarlo de ti antes de que los dos terminen en el fondo del océano. En serio, esos capítulos del libro me rompieron.
Es muy difícil comentar todo esto sin arruinarles nada, pero sepan que el último tercio del libro te da ganas de abandonar la lectura, abrazar el libro, asesinar lentamente a Álvaro y, finalmente, morir de amor nuevamente. Así de poderoso es el final.