- Me quedo un tanto decepcionado. Pudo ser un libro excepcional, pero no lo es. Un ensayo filosófico sobre la física cuántica y sus conexiones con grandes pensadores como Kierkegaard, Whitehead, etc. y los contrastes con Einstein y Spinoza, suena más que prometedor. El texto está escrito sin que se hile una historia, cada capítulo contiene inserciones de múltiples temas científicos y filosóficos, y demasiadas referencias sin explicar. Incluso cada párrafo contiene frases sobre temas diversos, que parecen venir de cualquier parte. El libro es más una colección de ensayos, y los párrafos colecciones referenciales.
- También considero que hay una serie de imprecisiones cuando se habla de la ciencia. Ejemplos: Dice Arnau “La gravedad fue el Dios de Newton; el de Einstein fue la luz.” La oración es bella poéticamente pero no funciona con precisión, cierto que la luz es determinante en la concepción de la Teoría Especial de la Relatividad, pero la gravedad es la determinante en la Teoría General de La Relatividad, por lo que el dios de Einstein no es solamente la luz. También escribe “Entonces se formuló la teoría de cuerdas y, posteriormente, la elegante a la par que fascinante teoría del todo, o teoría M”. En realidad, la teoría M (Edward Witten) es la unificación matemática de las distintas versiones existentes de teoría de cuerdas. Son sólo dos ejemplos, pero hay muchos más.
- Más que un ensayo, “Materia que respira luz” es un largo poema, y esa es su virtud. Funciona si lo leemos como una compendio de versos originales y evocativos (como el título mismo). Estéticamente tiene un valor sobresaliente. También es cierto que los últimos capítulos, que tienen poco que ver con la física cuántica y mucho con la filosofía, son superiores. Y sobretodo, estoy cien por ciento alineado con las consideraciones finales y con el epílogo. Pero no porque me haya convencido el autor, si no por libros anteriores con los que me he identificado más.