En este libro de un poco más de cien páginas, André Comte-Sponville presenta doce breves capítulos que constituyen, según él, una buena invitación al quehacer filosófico. “La moral”, “La política”, “El amor”, “La muerte”, “Dios”, “El ateísmo”, “El arte”, y “El hombre” son, entre otros, algunos de los temas que desfilan en este volumen.
Pasando revista a buena parte de los pensadores clásicos (desde Epicuro, Platón y Aristóteles hasta Wittgenstein, Sartre y Husserl) en un estilo ligero (a veces demasiado), fácilmente inteligible y con un tono que a ratos roza el adoctrinamiento (varios capítulos, el del ateísmo por ejemplo, contienen comentarios banales y apelan, a ratos, más a una respuesta emocional por parte del lector que a una motivación genuina que lo invite a pensar), no puedo decir, simple y llanamente, que el libro (o su intención) sea malo. Sin embargo, varios de los aspectos anteriores presentan una versión “descafeinada” de la filosofía, sin acentuar debidamente que esta es como la vida misma: es apasionante, te hará llorar a veces y, a ratos, puede ser lo más gratificante de la vida.
Decirle a un crío que “la filosofía es divertida” y que debe “aprender a pensar por sí mismo” es sin duda un propósito loable; pero colocar este libro al lado de otras obras más serias del autor (“El capitalismo ¿es moral?” o “El amor la soledad”) me parece a todas luces un desacierto editorial. Heidegger y Kant compartían la visión de que la única manera de aprender a filosofar era efectivamente pensando; sin embargo este librito me parece más un canal de YouTube para repasar los comentarios chuscos, plagados de citas sesudas y del anecdotario filosófico que un intento serio y frontal por conseguirlo.