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August Eschenburg
En las florecientes calles de Berlín, a fines del siglo diecinueve, atónitos viandantes se paran a mirar las vidrieras de un nuevo emporio comercial, atraídos por unos autómatas capaces de probarse prendas o tocar complejas piezas al piano expresando entusiasmo o decepción hasta con todos los músculos de la cara.. El creador de esas maravillas es August Eschenberg, un joven provinciano que aprendió los secretos de la mecánica en la relojería de su padre, se aplicó de niño a crear figuras con movimiento y una tarde, en una feria, selló su destino al caer deslumbrado por un diminuto autómata hacedor de magia. La época que dio a luz el tren, la fotografía y el diorama concluye para dejar paso a la que conocerá el cine. Con todo, la capacidad de August para fabricar autómatas de movimiento sutil y una expresividad sobrenatural le ganará un lugar, primero en los brillantes escaparates de la moda, y luego en la refinada vida nocturna berlinesa. Pero ese talento que hechiza a algunos adeptos, y le permite a August vivir de su arte, sucumbirá a la tosca sensualidad de las nuevas masas urbana. La competencia inescrupulosa, el plagio, la astucia artísticamente rudimentaria pero seductora se combinarán con la obstinación del propio August para dejar a sus prodigiosos autómatas solos contra el deseo burgués de mercancía, de velocidad, de crudeza. A la supuesta caducidad de algunas formas del arte, la inflexible fábula de Millhauser opone el impulso eterno y peligroso de crear maravillas: “Tenía la ambición de insertar sus sueños en el mundo, y si eran sueños errados los soñaría solo.”
104 pages, Paperback
First published January 1, 1986
About the author
Steven Millhauser
66 books483 followersMillhauser was born in New York City, grew up in Connecticut, and earned a B.A. from Columbia University in 1965. He then pursued a doctorate in English at Brown University. He never completed his dissertation but wrote parts of Edwin Mullhouse and From the Realm of Morpheus in two separate stays at Brown. Between times at the university, he wrote Portrait of a Romantic at his parents' house in Connecticut. His story "The Invention of Robert Herendeen" (in The Barnum Museum) features a failed student who has moved back in with his parents; the story is loosely based on this period of Millhauser's life.
Until the Pulitzer Prize, Millhauser was best known for his 1972 debut novel, Edwin Mullhouse. This novel, about a precocious writer whose career ends abruptly with his death at age eleven, features the fictional Jeffrey Cartwright playing Boswell to Edwin's Johnson. Edwin Mullhouse brought critical acclaim, and Millhauser followed with a second novel, Portrait of a Romantic, in 1977, and his first collection of short stories, In The Penny Arcade, in 1986.
Possibly the most well-known of his short stories is "Eisenheim the Illusionist" (published in "The Barnum Museum"), based on a pseudo-mythical tale of a magician who stunned audiences in Vienna in the latter part of the 19th century. It was made into the film, The Illusionist (2006).
Millhauser's stories often treat fantasy themes in a manner reminiscent of Poe or Borges, with a distinctively American voice. As critic Russell Potter has noted, "in (Millhauser's stories), mechanical cowboys at penny arcades come to life; curious amusement parks, museums, or catacombs beckon with secret passageways and walking automata; dreamers dream and children fly out their windows at night on magic carpets."
Millhauser's collections of stories continued with The Barnum Museum (1990), Little Kingdoms (1993), and The Knife Thrower and Other Stories (1998). The unexpected success of Martin Dressler in 1997 brought Millhauser increased attention. Dangerous Laughter: Thirteen Stories made the New York Times Book Review list of "10 Best Books of 2008".
Millhauser lives in Saratoga Springs, New York and teaches at Skidmore College.
Until the Pulitzer Prize, Millhauser was best known for his 1972 debut novel, Edwin Mullhouse. This novel, about a precocious writer whose career ends abruptly with his death at age eleven, features the fictional Jeffrey Cartwright playing Boswell to Edwin's Johnson. Edwin Mullhouse brought critical acclaim, and Millhauser followed with a second novel, Portrait of a Romantic, in 1977, and his first collection of short stories, In The Penny Arcade, in 1986.
Possibly the most well-known of his short stories is "Eisenheim the Illusionist" (published in "The Barnum Museum"), based on a pseudo-mythical tale of a magician who stunned audiences in Vienna in the latter part of the 19th century. It was made into the film, The Illusionist (2006).
Millhauser's stories often treat fantasy themes in a manner reminiscent of Poe or Borges, with a distinctively American voice. As critic Russell Potter has noted, "in (Millhauser's stories), mechanical cowboys at penny arcades come to life; curious amusement parks, museums, or catacombs beckon with secret passageways and walking automata; dreamers dream and children fly out their windows at night on magic carpets."
Millhauser's collections of stories continued with The Barnum Museum (1990), Little Kingdoms (1993), and The Knife Thrower and Other Stories (1998). The unexpected success of Martin Dressler in 1997 brought Millhauser increased attention. Dangerous Laughter: Thirteen Stories made the New York Times Book Review list of "10 Best Books of 2008".
Millhauser lives in Saratoga Springs, New York and teaches at Skidmore College.
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Community Reviews
Displaying 1 - 7 of 7 reviews
February 17, 2020
Maravillosa nouvelle sobre autómatas del siglo XIX con resonancias románticas y de narraciones de Borges, Casares o Roussel. Una pequeña joya se mecanismo tan preciso como las propias máquinas que describe y que acaba siendo una reflexión sobre los límites de la creación, la obsesión por la perfección y la tiranía del público con mal gusto.
August 28, 2016
Millhouser en lo suyo. Los límites del talento, de la obsesión, de la visión. Un convencido que el arte está en la construcción más que en la observación. "August tenía la ambición de insertar sus sueños en el mundo, y si eran sueños errados los soñaría solo".
December 20, 2013
‘August Eschenburg’ es una novela corta ambientada en Prusia, en el siglo XIX. Es la historia de un joven que vive con su padre, relojero de profesión, y de su extraordinario talento para la construcción de autómatas. Desde que los descubrió en una función de magia, vive obsesionado por alcanzar un objetivo: la perfección de los movimientos de sus figuras, la emulación del ser humano. Pero no será hasta que un empresario berlinés le haga una propuesta difícil de rechazar, cuando August pueda desarrollar su trabajo.
Steven Millhauser nos ofrece una interesante reflexión entre arte, creación y comercio, a la vez que nos preguntamos el sentido de la obra para el artista, si es suficiente con crear, o si es necesario un público para reivindicar la misma. Y es que el arte está supeditado a modas, y es tan efímero como la mayoría de creaciones. Como de costumbre, Millhauser no defrauda.
Steven Millhauser nos ofrece una interesante reflexión entre arte, creación y comercio, a la vez que nos preguntamos el sentido de la obra para el artista, si es suficiente con crear, o si es necesario un público para reivindicar la misma. Y es que el arte está supeditado a modas, y es tan efímero como la mayoría de creaciones. Como de costumbre, Millhauser no defrauda.
October 11, 2021
Me hizo acordar mucho a un cuento de Saki en el que unos hermanos se obsesionan con unos muñecos que ven en una vidriera. También a Frankenstein, por algo que dijo mi profesor de literatura del secundario: en Frankenstein nunca se sabe cómo se le da vida a la criatura, y esa es una de las partes más importantes de la novela. Esa información que varias pelis inventaron en el libro nunca está. Acá Millhauser hace algo parecido, porque aunque algún dato llega a dar, como que para que los autómatas funcionen hay que darles un soplo de aire o algo parecido, nunca se llega a explicar con detalle cómo es que August logra que los autómatas sean cada vez más parecidos a las personas. Me gustó mucho también la primera escena: August está al lado de un arroyo y descubre una especie de muñeco de papel. Se da cuenta de que si le pone un pájaro adentro va a intentar salir y hará que el muñeco de papel se mueva y parezca vivo.
December 2, 2020
"La imagen del futuro es l´image animée: ya te lo he explicado otras veces. Amigo, tú eres un poeta brillante que escribe un poema de fines del siglo XIX en alemán medieval". La textual pertenece a un diálogo entre el protagonista de la nouvelle, August Eschenburg y uno de los personajes antagonistas de su vida, Hausenstein, un doppelgänger siniestro y cínico que en esta breve frase condensa todo el drama (o casi todo) de esta belleza de obra.
No había leído nada de Millhauser hasta hoy y empiezo a pensar que me estaba perdiendo a un gran narrador de lo fantástico y de lo ficcional. Su pureza narrativa me recuerda a los mejores pasajes de Marcel Schwob, Jorge Luis Borges y Ray Bradbury. El texto es breve y preciso, cada párrafo se encadena al siguiente y Millhauser nos engulle en un mundo decimonónico, melancólico, fantástico y fantasioso.
Destaco además la riqueza de temas sin petulancia que trata. Detrás de la obsesión de Eschenburg por los autómatas, mecanismos humanoides con engranajes similares a los relojes, hay un anhelo de belleza imposible de realizar. Idéntico al ser humano, pero jamás humano. Ante la frescura de sus creaciones hay advenedizos. Un capitalista que se lo lleva a Berlín que crece en una Alemania que aún tiene pruritos anteriores al Segundo Reich; y luego un doble perverso que con cinismo enarbola la podredumbre en la que se vive mientras se hunde (y busca hundir todo lo que toca) en el vicio. Y también el tópico del movimiento encastrado contra la sensación de movimiento que da la fotografía, la velocidad aparente sobre la que se deslizan los últimos años del siglo. El progreso hace que la belleza se vuelva demasiado rápido un producto de consumo, el arte en mercancía. La moda es la velocidad. Y en medio Eschenburg, obsesionado con la perfección de un arte del siglo XVIII a puertas del siglo XX. Y se respira en el mundo creado de Millhauser el tufillo de ocaso de los ídolos nietzscheano, sin que por ello dedique grandes parrafadas de filosofía densa y tal vez demasiado impostada.
Tal vez la nouvelle termina un tanto abrupta, como si al final del recorrido Millhauser no hubiese sabido qué hacer con lo que creó. Detalle menor si disfrutamos del resto de su mundo. Y tras tanto objeto mecánico y engranaje, tal vez nos regaló un último locus amoenus antes de entrar de lleno al siglo.
No había leído nada de Millhauser hasta hoy y empiezo a pensar que me estaba perdiendo a un gran narrador de lo fantástico y de lo ficcional. Su pureza narrativa me recuerda a los mejores pasajes de Marcel Schwob, Jorge Luis Borges y Ray Bradbury. El texto es breve y preciso, cada párrafo se encadena al siguiente y Millhauser nos engulle en un mundo decimonónico, melancólico, fantástico y fantasioso.
Destaco además la riqueza de temas sin petulancia que trata. Detrás de la obsesión de Eschenburg por los autómatas, mecanismos humanoides con engranajes similares a los relojes, hay un anhelo de belleza imposible de realizar. Idéntico al ser humano, pero jamás humano. Ante la frescura de sus creaciones hay advenedizos. Un capitalista que se lo lleva a Berlín que crece en una Alemania que aún tiene pruritos anteriores al Segundo Reich; y luego un doble perverso que con cinismo enarbola la podredumbre en la que se vive mientras se hunde (y busca hundir todo lo que toca) en el vicio. Y también el tópico del movimiento encastrado contra la sensación de movimiento que da la fotografía, la velocidad aparente sobre la que se deslizan los últimos años del siglo. El progreso hace que la belleza se vuelva demasiado rápido un producto de consumo, el arte en mercancía. La moda es la velocidad. Y en medio Eschenburg, obsesionado con la perfección de un arte del siglo XVIII a puertas del siglo XX. Y se respira en el mundo creado de Millhauser el tufillo de ocaso de los ídolos nietzscheano, sin que por ello dedique grandes parrafadas de filosofía densa y tal vez demasiado impostada.
Tal vez la nouvelle termina un tanto abrupta, como si al final del recorrido Millhauser no hubiese sabido qué hacer con lo que creó. Detalle menor si disfrutamos del resto de su mundo. Y tras tanto objeto mecánico y engranaje, tal vez nos regaló un último locus amoenus antes de entrar de lleno al siglo.
April 21, 2025
Buscando aumentar mi afición por las historias de muñequitos, cogí este librillo singular donde encontré una versión más seria, una voz que quiere contar algo mas que unos ingeniosos mecanismos, profundizando en las motivaciones del artista y los caprichos del destino. Desarrolla una visión contrapuesta entre la satisfacción de masas y la autorrealización, logrando incluso inquietar las vocaciones calladas de nuestro interior. Y en pocas páginas, esa es una gracia.
Primera cosa que leo de Millhauser y me ha gustado.
Primera cosa que leo de Millhauser y me ha gustado.
March 8, 2022
August Eschenburg es un hombre que descubre desde pequeño la fascinación por los autómatas; juguetes y pinturas automáticas que funcionan con complejos sistemas de relojería.
La época en que se sitúa el relato es muy interesante, fines del siglo XIX. Por momentos pareciera que el texto quiere invitar a pensar ese momento de la historia.
Sin embargo, al igual que la obsesión de su protagonista por sus creaciones, el texto no sale de la estructura que arma. No hay reflexiones fuera de August. No hay más allá de la trama.
Todo parece adrede y bien construido. La investigación sobre autómatas está, aunque parezca superficial. Hay algo interesante en Millhauser que lo hace ser escritor de escritores. Supongo qué pasa por la facilidad que tiene para levantar un tema muy específico y trabajarlo con tanta naturalidad
La época en que se sitúa el relato es muy interesante, fines del siglo XIX. Por momentos pareciera que el texto quiere invitar a pensar ese momento de la historia.
Sin embargo, al igual que la obsesión de su protagonista por sus creaciones, el texto no sale de la estructura que arma. No hay reflexiones fuera de August. No hay más allá de la trama.
Todo parece adrede y bien construido. La investigación sobre autómatas está, aunque parezca superficial. Hay algo interesante en Millhauser que lo hace ser escritor de escritores. Supongo qué pasa por la facilidad que tiene para levantar un tema muy específico y trabajarlo con tanta naturalidad
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