Superado el habitual golpe de las expectativas imposibles de cumplir (esperaba, no sé por qué, un texto con un hilo argumental, de principio a fin), he podido dejarme seducir tanto por el valor pedagógico de Rodari (el compendio de técnicas para trabajar la fantasía con los niños es meritorio por variado y exhaustivo) como por la forma, delicada y audaz. La solidez del trasfondo cultural es increíble (en la Grammatica hay mucha lingüística, mucha literatura, mucha matemática, mucha pedagogía, mucho de todo). Y la forma de esta edición del cincuentenario, aunque muy poco accesible (por la subordinación al diseño) es un piccolo gioiello. Eso sí, no es una lectura de atracón, como la he hecho yo por falta de previsión...