"Pero los hombres están sumergidos en una paz de estiércol diluído con lágrimas, de la que, a veces, salen frenéticos, desfigurados, para precipitarse en el rojo lagar hirviente de sangre, esperando lavarse". Este es Papini. Esa es su prosa hiriente y afilada, apasionada, poética, a veces retórica y quizás acaso demagógica. De esto último fue acusado cuando se convirtió al Catolicismo y escribió este libro. Se dijo que era un oportunismo y que sólo se estaba uniendo al tren. Pero de aquello ya han pasado cien años, Papini escribió varios libros más en los que exploraba la religión y la fe, pero siempre desde una profunda observación desde lo literario, y murió converso; nunca se desdijo. Entre esos libros están Gog, San Agustín y El diablo. Si escandalizó en el un lado lo hizo en el otro. También algunos de sus libros fueron prohibidos por la Iglesia y estuvieron en el Índice hasta que Paulo VI lo abolió en 1966. Esto porque Papini planteaba la visión de Orígenes (teólogo del Cristianismo primitivo) en la que el plan de salvación no podría realizarse si no se salva a todas las almas, con lo que la idea de purgar las culpas o pagar por los pecados en el Infierno, carecería de sustento. Esto fue considerado una herejía por las autoridades eclesiásticas de la época.
¿El por qué de su conversión? Papini buscaba certezas y un sostén de Verdad (con V mayúscula) después de la Segunda Guerra Mundial, y lo halló en la cruz (de Cristo). Antes había sido un poeta, un crítico y un periodista feroz, irreverente, anticlerical, ateo, luego agnóstico, durante mucho tiempo liderando un movimiento de renovación intelectual en Italia. Renovación ética y estética, y en ello estaba cuando durante años apoyó y participó del movimiento futurista liderado por Marinetti, publicando un par de libros sobre el tema. Luego de su conversión siguió siendo poeta, escritor, crítico y tuvo una prolífica carrera, pero su visión de las cosas había cambiado.
Por eso es que cuando publica Historia de Cristo es un escándalo en el medio literario. Papini sorprende a todos con su conversión pero su proceder es predecible, pues siendo radical y apasionado en su pensamiento, era esperable que impusiera la misma impronta a su nueva fe. Y lo hace en este libro que, como aclara en el prefacio, no está dirigido para creyentes sino para aquellos que no creen. Para ellos es este libro que no es una biografía como tal, ni está narrado de la forma en la que la palabra "historia" podría referir. Es cierto que sí narra la historia de Cristo y que -salvo en el último capítulo en el que se da unas licencias apócrifas- todo está debidamente documentado en la Biblia (y otras fuentes históricas reales), incluso poniendo junto a cada párrafo el libro, versículo y capítulos en los que se hallan la cita o la referencia. Pero todo esto está narrado a la manera de Papini, con una prosa densa (no por difícil sino por condensada), con un estilo narrativo propio, original, poético y a la vez descriptivo, muy literario, que a veces va al punto narrativo de la anécdota, pero que la mayoría de veces lo elude con vericuetos, elucubraciones y florituras pero que son completamente acertadas y pertinentes dentro de su estilo. El desarrollo y las vueltas que da son casi una exégesis (interpretación de los textos bíblicos) de la historia y de la palabra de Cristo. Lo que hace Papini es tratar de revelar el mensaje de Cristo a aquellos que no lo conocen, recurriendo a la belleza desde lo literario-narrativo, pero también desde el fondo, apelando a lo humano, a la sensibilidad, a las emociones. Es por ello que este es un texto profundamente emotivo que apela a ese pathos humano común.
Para Papini, su época (los años veinte) es una época de debacle moral, descrita como el envilecimiento acelerado del hombre (hace cien años ya, y si nos viera ahora, ¡qué diría!), por la ambición, la guerra, el exceso de individualismo, el amor desmedido por uno mismo (qué diría del narcisismo actual), la exacerbación de la lujuria y las bajas pasiones (si escuchara el reguetón de hoy), el reino del dinero, la avaricia y la usura (los bancos, el sistema financiero), y que la única respuesta a ello es el amor (que no practicamos ni entonces ni ahora). Y ese es el mensaje completo de este libro, el único mandamiento que impuso Cristo como solución para todos los problemas de esta mezquina humanidad: ama a tu prójimo como a ti mismo. Después de leer este libro entiendes a profundidad la trascendencia y el verdadero significado de esa frase. No es un romanticismo trillado, ni una frase retórica manoseada que ha perdido fuerza, aunque parezca. En verdad, a todos nos ha costado siempre creer o entender el significado real de esta frase, y de la del "ama a tus enemigos". Es casi impracticable. Pero haría falta en verdad leer este libro para explicar el cómo ha llegado a tomar sentido esta frase. Sentido real. Aplicable a la realidad. Es simple, en teoría: si amas al otro como a ti mismo, no podrías hacerle daño. Cosas como la guerra no existirían, ni las demás iniquidades. Pero encarnarse en el sentido profundo de esa máxima no es fácil, todos parecemos comprenderlo en su superficie retórica. Yo misma lo hice, pero lo abordé en el sentido hippie johnlennoniano al cual llegué tarde (por no ser de "mi época") y lo recibí con escepticismo. Quizás ahora, luego de leer esta obra, sea la primera vez en mi vida en la que realmente entiendo el sentido de esas palabras. Y eso ya es mucho.
Pero, no son cinco estrellas porque hay algo que ya se le reprochó a Papini en su tiempo, y que a día de hoy aún salta a la vista, aunque no logra estropear el conjunto. Esto es un cierto antisemitismo (el cual hay que contextualizar en el tiempo y lugar de Papini; todavía no ocurría el Holocausto judío). Por lo demás, pese a que fue un best-seller en su tiempo y un gran boom, no es un libro que hoy en día sea para todos. Pero sin duda, a mi criterio, es una lectura sin desperdicio.