La importancia de Hipólito Yrigoyen en la vida argentina no radica solamente en haber sido el principal artífice de un movimiento popular de perdurable vigencia o en haber logrado la consagración presidencial en 1916 y 1928. Reside, más bien, en una acción fundada en principios éticos que se tradujeron en estrategias tan arduas como las que llevaron a su partido a la intransigencia, la abstención y la revolución en algún momento de su trayectoria, y las que promovieron actos de gobierno modificatorios de la tradicional orientación del Estado en lo económico, lo social, lo cultural y lo internacional. Sin ser un orador ni un escritor, renuente a la publicidad, cultivador del diálogo recoleto y persuasivo, Yrigoyen gozó de un afecto popular que le permitió triunfar invariablemente en las contiendas cívicas de su tiempo y convertirse, a la vez, en un modelo fascinante e inimitable.
Félix Luna fue un reconocido abogado, historiador, escritor, artista y político argentino, miembro de la Unión Cívica Radical. Fundador y director de la revista Todo es Historia.
Junto a Ariel Ramírez compuso la poesía de obras musicales como los álbumes Navidad nuestra (1964), Los caudillos (1966), Mujeres argentinas (1969, donde se destacan sus canciones Alfonsina y el mar o Juana Azurduy) y Cantata sudamericana (1971).
En los últimos tiempos, integró el Grupo Aurora, una reunión de intelectuales integrada por el ex vicepresidente Víctor Martínez, entre otros. Este grupo salió a confrontar con los intelectuales del grupo Carta Abierta, intelectuales de izquierda y peronistas que apoyan al kirchnerismo.
Félix Luna es, por excelencia, mi historiador argentino predilecto y más allá de que el único pecado del cual es culpable es el ser un radical incurable, su pluma es sencillamente brillante en todo aspecto existente. La capacidad de retratar figuras políticas e históricas de manera tal que su faceta humana no se pierde en el trayecto, no es algo que cualquier persona pueda lograr de manera exitosa.
Lo único que puedo decir al respecto es que Hipólito Irigoyen fue el ÚNICO radical que SIRVIÓ y en efecto no ayunó, que HIZO y en efecto hizo bien, que aportó al radicalismo a diferencia de ciertos energúmenos mentalmente limitados que forman parte de la Unión Cívica Radical (les recomiendo pegarse un corchazo como Alem afuera del Teatro Colón si no saben qué hacer de sus vidas personales y políticas, fracasados patológicos).