Las siguientes son notas extraídas de esta novela:
• Mientras los meses perdían su posición vertical y caían sin ruido sobre las ambiciones, los fracasos, las inquietudes o los triunfos de la vida diaria.
•Carlos había llegado a convertirse en un huésped incómodo , un extraño, que, sin embargo, dormía junto a ella y era también el padre de su hija.
• Comprobé que si mezclas abstracto y concreto sale abscreto y contracto, pero si mezclas vida y muerte sale vierte y muda, si mezclas arriba y abajo sale abajo arriba. Tengo problemas con cielo e infierno, que resulta cifierno e inelo, que no significan nada. Sin embargo, razón y corazón da razón y corazón, en fin.
• He llegado a la conclusión de que quizá el éxito tenga dos direcciones: una que va hacia arriba (y que es la única que se muestra), y otra que va hacia abajo y que señala el precio de cada uno de nuestros triunfos personales.
• Pero triunfar tal vez era escribir, era escribir. Escribir un libro que articulara lo que sé y lo que ignoro.
• La información que tenemos de nosotros mismos es tan parcial como la de un personaje de novela.
• La verdad es que lo que desprecio en los demás es lo que tienen en común conmigo. Desprecio en ellos, pues, lo que no me gusta de mí: la mezquindad, la contradicción, el aliento, la falta de inteligencia, la caspa, las digestiones, pesadas y el colesterol, por poner varios ejemplos correspondientes a distintas áreas.
• Los conductores regresaban al hogar tras haberse ganado la vida honradamente, pero sus rostros ─más que cansancio─ reflejaban hastío y desinterés, y parecían ajenos a la primavera que acababa de estallar.
• ─No estoy arrepentida aunque si tengo miedo.
─Miedo de qué ─continuó él.
─Miedo de que no sé nada de ti, excepto que me puedes perder.
• Acoplados finalmente ambos cuerpos, como se ajusta el vaciado a un molde o el sufrimiento a la locura, se miraron buscando cada uno en el otro una percepción más sólida de sí mismo.
• Parecía inútil hacer un esquema antes de ponerse a escribir, pues sería la propia mecánica del relato la encargada de seleccionar, sucesivamente, las diferentes vías hacia las que habría que encaminar la acción.
• El problema no es ambicionar el poder, sino que no exista una lógica interna en ese deseo.
• Cálculo que todo lo que no conduce a la gloria o a la destrucción acaba por llevarnos a la nada, a la nada absoluta.
• Vivimos una vida demasiado pegada a lo aparente, a lo manifiesto a lo que sucede o parece suceder. Usted, por ejemplo, se cree que es mi psicoanalista y yo me creo que soy su paciente; mi secretaria se cree que yo soy su jefe y yo me creo que ella es mi secretaria. Laura se cree que es para mí cuando en realidad es Teresa; ignoro a quién se dirije cuando me habla a mí, pero seguro que no es a Julio Orgaz. Así, con estas convenciones universalmente aceptadas, vamos viviendo.
• Lo cierto es que su lugar y el mío son perfectamente intercambiables. ¿Qué es lo que hace que usted sea el psicoanalista y yo el paciente, excepto sus títulos y mi necesidad? Usted acepta la posibilidad de curarme y yo la de ser curado, aunque no sé de qué. De ese modo el dinero circula de unas manos a otras y la convención progresa a toda marcha.
• Si de verdad tuviésemos identidad, no necesitaríamos tantos papeles (certificados, carnés, pasaportes, etcétera) para mostrarla. En fin.
• Ser escritor es una cuestión de temperamento; el escritor más puro es el que no escribe una sola línea en toda su vida: es preferible no darse la oportunidad de fracasaren aquello que más se juega uno.
• Un crimen alivia el dolor y coloca, al fin, a cada uno en su lugar: al muerto en su caja, al asesino, en la huida; al inductor, en la culpa; a los herederos, en la nostalgia, y, a los espectadores, en la buena conciencia. , un sujeto manejable. Participa en la acción y llega a entorpecerla incluso con sus jadeos o con el ruido del mechero cada vez que enciende un cigarrillo.
• Eso de los idiomas es una trampa; cuanto más sabes, más consciente eres de lo que te falta para llegar a la perfección.
• El amor no es bueno para escribir novelas. Roba muchas energías.
• ─Oye, Ricardo ─dijo Julio─. ¿Tú consigues acercarte a lo esencial cuando escribes?
─ ¿Qué es eso?
─Lo esencial, el abismo.
─Yo escribo novelas de aventuras en las que salen abismos y acantilados y desfiladeros, pero eso otro que dices tú no lo he usado nunca.
─Claro, eso sólo lo usan los poetas.
─Panda de maricones los poetas ─Añadió sin agresividad Ricardo Mella.
• ─Soy yo, dígame
─Julio, Julio, soy yo, Laura. Te he llamado varias veces.
─No estaba aquí, todavía no puedo estar en varios lugares a la misma vez.
• Ricardo corría demasiado. Demasiadas novelas, demasiados viajes, demasiado dinero, demasiado éxito. Todo eso se paga. Hay que ir despacio y seguro, como yo, para no provocar las iras del azar.
• La coincidencia era, sin duda, una de esas rendijas que se abren a veces sobre la superficie tersa y dura de la realidad.