La publicación de este libro es una excelente oportunidad para acercarse a la obra de un poeta representativo de la voz y la raíz del pueblo chileno. Sus poemas son una revelación de la vida de los relegados y marginales, de los humillados y los caídos. Pezoa Véliz emplea un lenguaje coloquial e irónico, atravesado de melancolía y de dolor. Es una poesía de rebeldía y denuncia, es ironía y parodia, y también es un lirismo sencillo y profundo, en el que algunos críticos han visto un antecedente de Nicanor Parra.
Carlos Pezoa Véliz nació en Santiago el 21 de julio de 1879. Su poética inscrita en el movimiento posmodernista latinoamericano, que rompe con los modelos parnasianos y simbolistas del modernismo dariano, constituyó una conciencia del lenguaje como fundamento en una nueva mirada sobre el mundo y, en particular, sobre las raíces culturales y psicológicas de lo chileno. Pezoa puede considerarse como un poeta fundacional y fundamental en la historia de la poesía chilena.
Su obra, publicada en vida solo en periódicos y publicaciones no convencionales, fue recogida por Ernesto Montenegro en 1911, recién cuatro años después de su muerte, bajo el título de Alma chilena, nombre de uno de los poemas más logrados y citados de Pezoa Véliz. Posteriormente, en 1921, Leonardo Pena (seudónimo de Ignacio Pérez Kallens) publica en París una selección de sus poemas bajo el título de Las campanas de oro. El año 1927, Armando Donoso publicó un nuevo libro que incluye nuevos poemas, cuentos y artículos periodísticos con el título Poesías y prosas completas por editorial Nascimento, que posteriormente reordenaría Nicomedes Guzmán en su Antología de Carlos Pezoa Véliz.
Poeta representativo de la raíz y la voz del pueblo chileno, constituyen sus temáticas la vida del campo y de la ciudad, el campesino pobre, los relegados y marginales, los humillados y caídos; mediante un lenguaje coloquial e irónico, y no pocas veces atravesado de melancolía y dolor. Su obra constituye una poesía de rebeldía, denuncia, ironía, parodia y también de un lirismo sencillo pero profundo, en el que algunos críticos han visto un antecedente de Nicanor Parra.
A fines del siglo XIX, comenzó a publicar poemas y crónicas en El búcaro santiaguino, labor que alternaba con el desempeño como auxiliar de la escuela San Fidel, de la que finalmente fue expulsado por su intensa vida bohemia.
Sus principales influjos literarios fueron Gutiérrez de Nájera, Gustavo Adolfo Bécquer y Edgar Allan Poe, Rubén Darío y el gusto modernista por lo "raro" que imperaba en la época; pero también hay en su obra una vertiente social que podría venir de lecturas de Gorki y Tolstoi. Posteriormente, entrado el siglo XX, se desempeñó como periodista en los diarios El Chileno, La comedia humana y La voz del pueblo, medios que le sirvieron para conocer, en calidad de reportero, la vida y costumbres de las oficinas salitreras del norte, del que quedó como vívido documento su cuento "El taita de la oficina".
Estas publicaciones regulares en la prensa le fueron dando cierta presencia en la opinión pública nacional, así como su destacada participación en el Ateneo de Santiago. Más tarde, fue designado Secretario Municipal de Viña del Mar, ciudad que junto a Valparaíso jugó un papel fundamental en su vida cultural y personal. Continuó publicando poemas, viñetas y relatos en las revistas capitalinas La lira chilena, Pluma y lápiz y Luz y sombra, entre otras. De su poesía reunida en antologías póstumas, destacan los poemas "El perro vagabundo", "Nada", "El pintor pereza" y "El organillo", entre otros.
Recopilación de parte de la obra de Carlos Pezoa Véliz, poeta chileno de inicios del siglo XX, publicada póstumamente.
Interesante obra poética, en especial la que tiene un tinte más social. Sin embargo, el mayor atractivo es la figura enigmática del poeta y su destino marcado por la tragedia.
Poemario de obras variables, diferentes en cuanto a forma y lenguaje, dejan ver la evolución del poeta a lo largo de su corta vida y enigmática existencia. Algunos poemas resaltan por su belleza en el retrato social y honesto del Chile popular, inquilino, de peones, campesinos y hombres de la Pampa. Recomendable y necesaria su lectura como parte de la poética chilena temprana y rupturista.
No soy muy asiduo a los poemas, y no todos me gustaron. Pero hay algunos muy hermosos y sonoros, tan poéticos que hasta yo sería uno. Poemas romanticones que son empalagosos,y otros que son soñadores y te hacen volar. No conocía a Carlos Peoza, pero este libro me abrió la puerta a un poeta olvidado.