Durante muchos años -e incluso también ahora- mi principal proveedor de novelas negras era mi hermano Fernando. Un especialista en sacarse del bolsillo un autor por completo desconocido para decirme "leete esto" y darme a conocer algo maravilloso. Y así fue como llegó a mí la "Trilogía de Argel", una edición especial donde se reunían las tres novelas policiales de Yasmina Khadra -seudónimo femenino de Mohammed Moulessehoul, ex comandante de las fuerzas del ejército argelino, quien así burlaba la censura militar- protagonizadas por el comisario Brahim Llob, uno de los pocos policías íntegros (que además es escritor de novelas policiales) dentro del régimen que rige los destinos de Argelia post revolución. Durante mucho tiempo pensé que esas tres eran las únicas novelas protagonizadas por el personaje, hasta que me encontré con el libro que hoy nos ocupa -publicado como La Parte del Muerto por Alianza Editorial- en una librería de usados (y eso no es todo, googleando luego me encuentro con una primera novela de Llob antes de la Trilogia, titulada Le dingue au bistouri). Pero esta novela, la quinta de la serie, está ubicada en verdad entre la primera y la trilogía, siendo la primera precuela que escribe Khadra y donde deja afuera la amenaza constante del terrorismo (presente durante toda la Trilogía de Argel) aunque la sustituye por la corrupción total del sistema estatal. Todo comienza cuando una reforma hecha de cualquier manera pone presos de nuevo en la calle, incluyendo entre ellos a un misterioso asesino, lo que hace que el psiquiátra que lo trata alerte al Comisario Llob. Este monta un circuito de vigilancia sobre el asesino -quien aparentemente no hace nada- mientras otras preocupaciones comienzan a acosarlo, especialmente su ayudante Lino quien se ha involucrado con la mujer que no debe y las presiones comienzan a llegar desde muy arriba. Pronto, las dos historias se van a volver una, pero Llob terminará investigando las raíces mismas de la revolución y los pecados cometidos por poderosas figuras de hoy durante la independencia misma de Argelia. Hay dos peros importantes que rebasar en este libro. Uno, el estilo moroso de Khadra (que no lo recordaba así en la Trilogia, pero -claro- este libro está escrito algunos años despúes) al que le lleva sus buenas cien páginas en poner en marcha la historia. Dos, la pésima traducción de Alianza (no voy a buscar el nombre del responsable, no vale la pena) que lleva los españolismos al máximo, al punto de hacer por momentos por completo ilegible lo que se supone pasa en África, en las calles de Argel. Logrando superar estos dos peros, se disfruta de una novela que toma velocidad pronto, que contiene personajes entrañables -Llob, su esposa, el propio Lino- un misterio preciso, una narración tensa y muy entretenida (con diálogos buenisimos) y que deja muchas ganas de ponerse a revisar la historia del país africano, con intención de entender mucho más que pasó allí y cómo se construyó esa sociedad hasta el día de hoy.