¡Uff, qué viaje! Es aparentemente otro libro más de fantasía épica. Dragones, espadas, reinos en conflicto... lo de siempre, ¿no? Bueno, no exactamente. George R.R. Martin ha decidido elevar el género a niveles insospechados de complejidad política y moral.
La diplomacia en este mundo es como intentar construir un castillo de naipes en medio de un huracán: nunca sabes cuándo alguien va a soplar y mandarlo todo al carajo. Las alianzas cambian más rápido que el clima, y la paz parece ser un concepto tan mítico como Los Otros.
En cuanto a los personajes, Martin no los crea, los conjura. Es como si hubiera encontrado una grieta en el multiverso y hubiera arrastrado a estas personas desde realidades alternativas, completas con sus traumas de la infancia, sus manías inexplicables y sus secretos inconfesables. Leer sobre ellos es como tener acceso a los archivos clasificados de un psiquiatra medieval con una clientela particularmente problemática. Te olvidas de que estás leyendo ficción.
En mi caso, vi primero la serie de HBO y después me animé a leer los libros. Aun así, no es fácil digerir la muerte de los personajes. Ya sabía que iba a pasar, pero leerlo fue otra cosa. Me dejó con esa sensación amarga de que en este mundo, hacer lo correcto no siempre te salva el pellejo. Es cruel e injusto, sí, pero también terriblemente realista. Y la justicia poética aquí brilla por su ausencia.
En resumen, este libro me atrapó desde la primera página y no me soltó hasta el final. La serie de HBO está genial, no lo niego, pero el libro... el libro es otra cosa. Es como comparar un boceto a lápiz con una pintura al óleo: los detalles, los colores, las texturas... todo es más rico, más profundo.
Ya veremos que tal sigue Choque de Reyes.