La escritura poética de Coral Bracho transcurre como la vida misma, teje el hilo del tiempo y ahí mismo, al suceder, se consume. Se hace, se deshace y se rehace como un ciclo por eso su tiempo es también el tempo de un respirar consciente de su milagro vital, de su hilación entre fragmentaciones. La irrepetible personalidad lírica de Coral Bracho nos ofrece, con esta entrega, una muestra más de su poder para crear escenarios de intensa y delicada belleza. Ese espacio, ese jardín es la puntual maduración de una de las trayectorias poéticas más brillantes de la poesía contemporánea en México.
Bracho is winner of the Aguacalientes National Poetry Prize in 1981 and a Guggenheim Fellowship in 2000. She received the 2004 Xavier Villaurrutia Award for her book, Ese Espacio, Ese Jardin. She is a member of the Sistema Nacional de Creadores de Arte (National Artists’ Center), and in 2007 she was awarded the award “Programa de Aliento a la Obra Literaria de la Fundación para las Letras Mexicanas” in recognition of her work.
La muerte, ya lo sabemos, estaba ahí. Y no porque alguno fuera a morir de pronto, o en poco tiempo, ni en unos años. Estaba ahí, como siempre, entre las bancas y las palmeras. Estaba ahí, entre los vendedores, como un respiro o como un rasgo. Como una línea en las baldosas. Sonreía sin malicia, sin impostura, y era un espacio entre los alcatraces. Por momentos nos cruza o nos hace voltear. Algo preciso nos muestra entonces. Algo muy claro y demarcado.
Un poema que tiene la luminosidad de un rayo de sol matutino que entra por la ventana y en el que brillan los átomos, pero también esas sombras que quedan de la noche y ese rayo no es suficiente para disipar, a las que, al contrario, en su contraste, condensan. La presencia de la muerte en la infancia, una presencia constante que atraviesa la vida y atraviesa este libro; con su lírico estilo Bracho nos envuelve en este jardín, en el humus del que está hecho, en sus aromas, en su frescor y en la luminosidad para hablar de la muerte, de los muertos que nos ven, que se nos acercan en los sueños, que a veces hasta nos hablan.
Creo que es el que menos me ha gustado de Bracho, aunque de todas formas resulta impresionante. Más que 3 estrellas son 3.5. Más complejo, sí, muy interesante, pero también mucho más críptico. Impresiones muy bellas sobre los lugares de la infancia y el paso de la muerte entre ellos, emborronadas por una técnica casi gongorina que puede añadir al efecto o resultar cansada.
El libro es bellísimo. Fumar weed antes de leerlo. Sugiero que vayas a un parque y busques un lugar cómodo, día soleado de preferencia. De música de fondo puedes escuchar el álbum 'Aprender a ser' de Mint Field.
This is the first poetry book I read after a very long time of reading nothing else than narrative and theory, and I think I could do a better choice, not because Bracho's poetry is bad, but because it is an exacting work due too its complexity. There are unusual verses in this book, some of which are written in an overwhelming Spanish, and the thesis I could recognize between the lines (death is what sustains life) pays off in most of its parts. Ese espacio, ese jardín could be though too hermetic for the average reader: the sparse verbs throughout the book, the metaphors based on shifts between human, animal, mineral, and vegetal realms and between the spaces they inhabit could exert an estranging effect if one expects a common lyrical delivery. One remembers almost none of the verses as soon as one reads them past but that seems to be intrinsic to the nature of this poetry: to make a just fleeting impression which we unevitably forget, like the seemingly insignificant instances which life is filled with.
Nada encarna en la vida y la estremece; nada afirma su cuerpo y su sed, su voz, como esa cifra de lo eterno en su centro: un gesto puro y claro. Una mirada diáfana. Un arranque gozoso: Una gota, un arroyo, una corriente: Es el mar reverberando sus formas, irguiendo en espesores de fuego sus masas, su orbe encabritado y frondoso; montañas de agua, de sol
Y sí, la muerte no tiene traspié. Desde una poética lírica, personalísima Bracho va acompasando al idioma. Esa muerte fría es testigo de un discurso original que es mientras fluye.