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Forbidden Texts: Erotic Literature and Its Readers in Eighteenth-Century France

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Goulemot approaches the erotic book as a literary genre, and suggests that in early modern France, it could be found alongside accepted forms of literary practice. He argues that erotic literature was ousted from the marketplace with the arrival of a codified elitist conception of art, examines various narrative techniques, and discusses rules of production of erotic literature and its modes of consumption, including its use in brothel waiting rooms. Annotation copyright Book News, Inc. Portland, Or.

167 pages, Hardcover

First published January 1, 1991

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Jean-Marie Goulemot

19 books1 follower

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Profile Image for Ángel Agudo.
394 reviews90 followers
October 11, 2026
«En el coño, felicidad/ fuera de él no hay salvación.»
Oda a Príapo — Alexis Piron.

Y con este ensayo empiezan mis peripecias para redactar mi TFG, el cual, para sorpresa de nadie que vea el tipo de cosas que leo, va a estar dedicado al libertinaje francés. Inesperadamente, no lo voy a hacer de mi estimado Sade, que lo tengo a estas alturas leído y releído, sino de Crébillon, una figura menor de esta corriente y autor de «La noche y el momento», novelilla de la cual estoy literalmente ENAMORADO (seguramente a causa de mis notables niveles de neurosis) desde que la leí en febrero del año pasado. La obra maneja la misma cuestión que me interesa de Sade, la anomía sexual, pero llevándola desde la galantería, sin derramar una gota de sangre y, por suerte, con una extensión más comedida.

Después de darle una chapa de una hora a mi pobre tutora sobre libertinos y demás asuntos de literatura guarra, me puso como primer objetivo encontrar los antecedentes e influencias del movimiento. Y bueno, pues primer libro que abro, y a ciegas encima, y JACKPOT. Aquí no solo aparecen sus antecedentes clásicos, sino que también se explica el germen del libertinaje, que brota a la sombra del clasicismo, un movimiento literario que retorna a los modelos griegos y romanos pero añadiéndole una generosa dosis de mojigatería. La censura de la época, al prohibir cualquier texto subido de tono, impide la integración de la sexualidad en la literatura general y es así que surge esta literatura paralela, sobrecargada de erotismo y cuyo único objetivo es ser lo más obscena que pueda.

Centrándome en el ensayo, este aborda la literatura erótica, o tal y como decía Rousseau en sus Confesiones:

«Aquellos libros peligrosos que una bella Dama de posición encuentra de lo más incómodos, pues, según dice, solo pueden ser leídos con una mano.»

El estudio tiene buen estilo, es claro y da una imagen amplia del libertinaje. Por diferenciar sus partes de manera general, el libro comienza con un estudio del lenguaje erótico, continua con la evolución histórica del género, pasa a los sistemas y estructuras que rigen la novela erótica y los efectos que provocan en el lector y remata con un análisis de los grabados e ilustraciones que acompañaban a estos libros.

El libro aporta muchísima información y muy interesante, además, pero me limitaré a poner aquí los puntos que me han parecido más curiosos y/o dignos de mención:


•La corta barra de medir de los censores del siglo XVIII

El gobierno de la época dividía las novelas eróticas entre frívolas y lascivas. Las primeras podían llegar a publicarse puesto que se veían inofensivas, obritas tontas que atraían a una juventud fácilmente excitable, pero de las que igualmente se recriminaba su uso, puesto que un cristiano de bien no debía perder el tiempo con estas sandeces y le valía mejor tener un poco de decencia, subirse los pantalones de las tobillos y ponerse a hacer cosas de provecho. En cambio, las novelas lúbricas eran impublicables y te podía caer una buena por escribirlas, puesto que con su inmoralidad y sus múltiples escenas de alcoba, enseñaban mala filosofía a las masas y educaba a las mujeres a engañar a sus maridos y a los hombres a disfrutar en plenitud de su vida extraconyugal.


•El latín como santo y seña de los pajeros franceses

Los libros eróticos eran generalmente conocidos como libros de «segunda fila», básicamente porque en las librerías se solían ocultar tras los libros decentes. Y a pesar de ser considerados como literatura de baja calidad, tenían una relación de lo más curiosa con la alta cultura. Los escritores y lectores del género eran por lo general filósofos y otros miembros resabidos de la aristocracia, y, en este tipo de textos, era muy común el manejo de términos o referentes clásicos, como podían ser los Césares o Safo. Y es así que las obras se bautizan con títulos arcaicos como: «Las ofrendas a Príapo», «Erotika biblion» o «Los trabajos de Hércules o la jodienda rocambolesca». Y este registro culto, muchas veces hasta pedante, acabó por volverse un lenguaje en clave para indicar que se estaba ante una novela picantona.


•Libros importados de la ciudad de Cojonópolis

En la época, era típico que en los libros se indicara de la imprenta que provenían. Por lo que libertinos, para ahorrarse futuros disgustos, se inventaban los sitios de donde se publicaban, independientemente de si esto era o no verosímil. Y es así que los libros guarros podían provenir tanto de Inglaterra, como de Constantinopla, un convento de carmelitas perdido en la montaña o hasta de la misma imprenta personal del Papa en la ciudad del Vaticano. Lo irónico es que esto fue a peor durante la Revolución, ya que la oferta de novelillas de este calibre era altísima y los autores no tuvieron otra que competir entre ellos para captar la atención de los lectores. Y como buenos libertinos, no encontraron otro modo que peleándose entre ellos para ver quién soltaba la mayor ordinariez. Y así los libros comenzaron a venir impresos de ciudades exóticas y lejanas como Cojonópolis, Demosporculo o Jodópolis. Y contaron con la inestimable ayuda de imprentas como la de Don Manubrio o la de Don Clitoris, librero en la calle del esperma, enfrente de la fuente del semen de la Verga de Oro.


•La aristrocracia se vuelve indie publisher

El gobierno consiguió mantener una literatura dócil mediante la censura, pero el problema vino cuando los aristócratas de Aviñón, a los que se la sudaba todo y se lo pasaban pipa con sus libros guarros, comenzaron a hacer imprentas en sus casas para publicar lo que les viniera en gana, ajenos a las normas rancias del estado. Y esto queda cómicamente reflejado en uno de los testimonios del gerente de Librería de la época, quien, en toda su impotencia, escribió:

«Quizás haya quien se muestre sorprendido de que osen imprimir tales infamias [El portero de los Cartujos y Teresa filósofa] bajo un gobierno eclesiástico y la atenta mirada de la Inquisición; pero dejarán de estarlo cuando se enteren de que bajo ese gobierno despótico para el pueblo, la nobleza es independiente y déspota, y que los grandes señores de Aviñon autorizan a los impresores dedicados a este tipo de comercio a montar imprentas en sus casas, donde pueden, con total impunidad, sin temor a la Inquisición ni al gobierno, hacer lo que les dé la gana.»


•El cockblock como esencia de la novela libertina

La novela licenciosa y libertina son primas hermanas, ambas parten de la misma base, la novela erótica, pero hay una gran diferencia intelectual entre ellas. En la novela licenciosa los personajes se dedican a meterla y poco más, y cualquier resistencia es anecdótica, un convencionalismo previo antes de que el personaje ceda ante la voluntad del protagonista y se ponga a gozar. Mientras tanto, el obstáculo es la piedra angular del texto libertino. Es esta resistencia la que lleva al seductor a usar todos sus argumentos para convencer a su víctima de que sus preceptos morales son una patraña y que, aunque no lo sepa, se muere de ganas de abrirse de piernas. En el texto libertino, lo sexual no es el acto en sí, sino la palabra y su poder de convicción y seducción. Es un género ante todo discursivo y que consigue, de alguna forma perversa, erotizar la mismísima Razón.


«Soy Bribón aunque Beato,/ Me gustan las mujeres y un buen chato./ Ven a mí, pues, a ver./ ¿Mi oficio? Joder y beber.»
El portero de los Cartujos — Gervaise Latouche


[Adjunto aquí los autores y obras que inspiraron el libertinaje para todo aquel que le pique la curiosidad:

•Autores clásicos:
-Catulo (84 a. C – 54 a. C.)
-Virgilio (70 a. C. – 19 a. C.)
-Ovidio (43 a. C. – 17 d. C.)
-Persio (34 d. C. – 62 d. C.)
-Marcial (40 d. C. – 104 d. C.)
-Pietro Aretino (1492 – 1556)

•Obras eróticas escritas durante el clasicismo:
-La escuela de las chicas o la filosofia de las damas (1655) — Anónimo
-Venus en el claustro o la monja en camisa (1672) — Abate Duprat
-El celo o pudor apagado (1676) — Pierre Corneille de Blessebois
-La academia de las damas (1692) — Nicolas Chorier

•Primeras novelas libertinas:
-El portero de los cartujos (1741) — Gervaise de Latouche
-Teresa Filósofa (1748) — Boyer d'Argens]
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October 28, 2015
Un breve ensayo sobre la literatura "licenciosa" del siglo XVIII en Francia a través de sus lectores, la reacción del poder y su apariencia.
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