Escribo poco y mal. Asmático y tartamudo, soy la metamorfosis de lo mismo y estoy hasta la tusa de los premios. Preferible callar. Pero cómo callar si el oleaje no te deja. Más claro, no soy poeta de papel, ni de papiro hubiera sido. De oreja soy y escribo como hablo. Me cuesta hablar. Me demoro y ése se mi juego, parpadeo con la voz; no todos los fonemas me son propicios y desde hace diez años ahí ando con mi fibrosis pulmonar hasta encima de los aviones. La contraje no sé dónde o no sé cuándo. ¿Se me pegó en el seso cuando el Premio Cervantes allá por la pompa real en Alcalá de Henares? ¿Quién me manda visitar de corrido todos los párrafos del planeta donde vivió Cervantes, de Sevilla a Argel en un sólo mes escaso? Gonzalo Rojas.
Bastante hablar de parto, olores, la carne y la sangre. Harta mujer a la que llama “Puta” también (sin que necesaria o profesionalmente lo sea, por lo que entendí). Por momentos sentí que estaba leyendo el mismo poema pero con diferente edición. De todos estos creo que recordaré con admiración absoluta 10 o incluso menos; lo que no quiere decir que no considere que es un maestro en el uso del lenguaje y que los años de lectura se notan no solo porque menciona autores , mitología griega, etc. sino también se hace patente en la libertad que muestra al jugar con las palabras, como si estuviera a punto de inventar su propio idioma.
No es la poesía que me gusta. En su gran mayoría el libro no me dejó nada memorable. Solo el asombro del talento, la técnica y la imaginación. Pero solo los primeros poemas me conmovieron. El resto fue una exhibición de prodigios perfectamente olvidables. El arte, dijo Borges en un poema, es una Ítaca verde de eternidad, no de prodigios. Solo lo sencillo, honesto y cierto sobrevive. No obstante, reconozco la soberbia pluma de Rojas.
A excepción de Asma es amor, un poemario altamente misógino y otros poemas sueltos en la misma línea, este libro hace con el lenguaje lo que le da la gana: vueltas, maromas, una caída libre desde el precipicio alcolchonado.
Hay más que la cresta que rescatar. Son VII poemarios que parecen volver a lo mismo, cuando en realidad lo hacen por otro camino. Merecida atención a profundidad, lean con tiempo, y paciencia.