Roberto Juarroz fue uno de los poetas argentinos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Desde la publicación de su primera «Poesía vertical» (1958), le sucedieron otras doce en vida. Todos sus libros mantuvieron ese título al que solo añadía el ordinal, lo que supone una declaración de intenciones: profundizar en la poesía como una forma de pensamiento; no buscar la originalidad entendida como experimentos formales; huir de las modas y de la consideración de la poesía como un «arte» sometido al juicio y al aplauso del crítico. Su rigor extremo se manifiesta en la semejanza de cada uno de sus libros: similares símbolos, estilo y temas (el mundo, la realidad, la poesía, el hombre), siempre filosóficos, nunca anecdóticos, biográficos, históricos o sociales.
Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires (Argentina), el 5 de octubre de 1925, y murió en Temperley, provincia de la capital argentina, el 31 de marzo de 1995. Graduado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, recibió de esa misma institución una beca y realizó estudios de perfeccionamiento en La Sorbona, en donde alcanzó más tarde el cargo de profesor titular. Fue director del Departamento de Bibliotecología y Documentación de la mencionada facultad, en donde ejerció la docencia durante treinta años. Asimismo se desempeñó como bibliotecólogo para la UNESCO y la OEA en diversos países. De 1958 a 1965 dirigió la revista 'Poesía = Poesía' y colaboró en numerosas publicaciones argentinas y extranjeras. Fue crítico bibliográfico del diario 'La Gaceta' (Tucumán, 1958-1963), crítico cinematográfico de la revista 'Esto Es' (Buenos Aires, 1956-1958) y traductor de varios libros.
En 1980 fue invitado a París para la presentación de la más importante versión francesa de su poesía, editada por Fayard. Participó en una larga serie de congresos internacionales de escritores. Desde junio de 1984 fue miembro de número de la Academia Argentina de Letras.
Recibió, entre otras distinciones, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (1984), el premio Esteban Echeverría que concede anualmente la Asociación Gente de Letras de Buenos Aires por la totalidad de una obra (1984), el premio Jean Malrieu de Marsella (1992) y el premio de la Bienal Internacional de Poesía (Lieja, Bélgica, 1992). Su obra ha merecido abundantes estudios críticos y ha sido vertida a una gran cantidad de lenguas.
"Poesía de una abrasada transparencia" —en palabras de Vicente Aleixandre—, la obra de Roberto Juarroz ha sido así descrita por Octavio Paz: "Cada poema de Roberto Juarroz es una sorprendente cristalización verbal: el lenguaje reducido a una gota de luz. Un gran poeta de instantes absolutos". Más tarde, al conocer el primer volumen de la 'Poesía vertical 1958-1982' (Emecé, Buenos Aires, 1993), Paz añadió: "Sorpresa y confirmación: no, no me equivoqué, no nos equivocamos los pocos que, en esos años, nos dimos cuenta de que oíamos una voz única en la poesía del siglo XX. Más que oír la voz, la vimos. Y vimos una claridad".
Antonio Porchia, el gran maestro italo-argentino autor de Voces, escribe: "Sin misterio, todo sería muy poco, tal vez nada. Y creador del misterio es el poeta, pero el poeta como Roberto Juarroz, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo. Es difícil elogiar a quien merece más que elogios. En estos poemas cualquier palabra podría ser la última, hasta la primera. Y sin embargo, lo último sigue".
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Nota biográfica publicada en 'La fidelidad al relámpago. Conversaciones con Roberto Juarroz', Ediciones Sin Nombre/Juan Pablos Editor, col. Los Libros del Arquero, México, 1998. Edición de Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo. [Traducción francesa de Jacques Ancet: Roberto Juarroz: Fidélité à l'éclair. Conversations avec Daniel González Dueñas et Alejandro Toledo, Éd. Lettres Vives, coll. Terre de Poésie 40, París, 2001.]
Tiene ideas maravillosas. Me pareció un idealista. Me encantó. Sueños, las palabras, la muerte, en fin, la vida misma. ---------------------------- En una segunda lectura, como que me salta que es demasiado meta meta meta, todo va como por encima. El está por fuera, del poema, del lenguaje, de la muerte, del sueño. Y eso supongo que es su estilo, pero es un poco repetitivo, porque siempre va por las mismas imágenes, como que cuando ya le agarras el juego ya no es taaan deslumbrante. Igual es muy lindo, y tiene imágenes preciosas.
8 Pensar é uma insistência incompreensível, algo como estender o perfume da rosa ou perfurar buracos de luz do lado da escuridão.
E é também transbordar algo numa manobra insensata de um barco inabalavelmente afundado a uma navegação sem barco.
Pensar é insistir numa solidão sem retorno.
Se não há amor como o primeiro, o meu primeiro contacto com Roberto Juarroz em “Árvore Derrubada pelos Frutos” irá sempre sobrepor-se a todas as outras colectâneas que editem deste poeta, ensaísta e bibliotecário argentino. “Poesia Vertical” agrega uma selecção de poemas retirados dos 15 volumes que Juarroz escreveu sempre sob este título, dando a cada composição um número em vez de um nome. Assim, este livro começa na Primeira Poesia Vertical e termina na Décima Quinta Poesia Vertical, incluindo também “Fragmentos Verticais”:
125 A esperança perdeu as suas raízes. Somente a espera poderá ocupar o seu lugar. Talvez a espera seja uma forma mais pura da fé. A poesia é um aprofundamento da espera.
73 Quem não sabe calar não sabe falar. A poesia que não cala não pode dizer nada
É uma poesia metafísica, sinuosa, construída sobre sucessivos silogismos, em que os paradoxos não cessam de espantar.
14 Abrindo os portões do sonho desperta-me o fantasma de uma música que nem sequer reconheço a melodia ou os instrumentos que a executam.
Não desperto totalmente, apenas o suficiente para escutá-la e compreender que esta música é feita dos fantasmas de todos os sons e com os sons de tudo o que cala
não desperto totalmente. mas esta música fantasma, de filiação plural como a noite, vem também dizer-me que existem coisas excessivamente intensas que não são feitas para a lembrança porque a condição da sua intensidade é o esquecimento.
Talvez esta música fantasma seja então o que tanto tenho procurado: a música do esquecimento.
“Poesia Vertical” pode perfeitamente ser um livro de cabeceira que se abre ao acaso, já que, seja em que página for, é impossível não admirar a capacidade intelectual do autor, ainda que o pendor racional lhe retire amiúde a emoção que acho tão essencial à poesia.
24 Não há silêncio.
Pensar não é silêncio, uma coisa não é silêncio, a morte não é silêncio.
Ser não é silêncio.
Ao redor destes acontecimentos existem apenas girassóis de nostalgia: a nostalgia do silêncio que quiçá alguma vez existiu. Ou talvez nunca tenha existido e devemos criá-lo?
Algo repetitivo, pero es un libro con poemas que escribió desde 1958 hasta 1993, ¿acaso no somos hombres a los que nos persiguen siempre los mismos temas?
Mi tío Roberto no sabe dónde está y yo lo quiero mucho.
Words too fall to the ground, like birds suddenly driven crazy by their own movements, like objects that suddenly lose their balance, like men who stumble even when there’s no obstacle, like dolls estranged by their own rigidity. * If nothing is twice the same, then all things are final. If nothing is twice the same, all things are first things.
Aunque son poemas cortos, están cargados de filosofía y un profundo pensamiento existencialista. Roberto Juarroz crea un ambiente olímpico y habla desde el afuera. Me sorprendió esa capacidad de ser tan omnisciente del mundo, de alejarse totalmente del yo.
Sin embargo, se torna repetitivo una vez has leído un par de versos y captas su fórmula. Capaz es cosa de gustos, pero sólo por eso no le doy las 5 estrellas.
Es una antología larga y leer casi 300 páginas de poemas filosóficos de temáticas existenciales, metafísicas o metalingüísticas puede hacerse cansado a veces, pero leyéndola con calma y enfocándose bien en los poemas más sesudos el resultado es magnífico. Roberto Juarroz pasa sin duda a mi olimpo poético merced a su inteligencia, domino del ritmo, ironía, juego con los conceptos y profundidad filosófica. Muchos de los poemas recogidos en esta antología son realmente memorables y la inmensa mayoría de calidad. Un gran libro, un gran poeta y una gran experiencia lectora.
Cautivado por la insistencia de Juarroz. Sí, se repite en sus poemas pero no importa. Recomendaría leerlo a aquellas mentes lógicas que huyen de la poesía y sin embargo quieran intentarlo. Trata cuestiones metafísicas con imágenes sobrias, y en su destilación poética medita con voz calmada, sin estridencias ni gesticulaciones.
Desde los primeros poemas pienso que menos mal Rubén me descubrió este poeta. Empecé esta antología el verano pasado y ha sido la mejor compañía para los días tan sensibles de este año ("en las noches sin lluvia, en las ciudades sin muelles, en las mesas sin tardes").
"y la soledad ocupa tanta gente, que el nombre que no tienes me acompaña y el nombre que nada tiene crea un sitio en donde está de más la soledad"
"¿Es que al final estarán mis brazos abiertos para abrazarme?"
"Tal vez alguien pueda compartir la soledad, pero nadie podrá nunca explicarla"
Son poemas para leer despacito y me gusta que ha sido también una lectura muy compartida. Estoy segura de que volveré mucho a este libro.
"Ayer fuimos y mañana seremos él y ella, pero hoy somos el sitio donde es posible hallarlo todo. Quien pierda hoy algo puede buscarlo aquí. Toda la bruma del mundo se hace pan en tus ojos. Todo el sueño del mundo se despierta en mis manos. Toda el hambre del mundo se sacia en un cabello. Toda la muerte del mundo se enjuga como una sola lágrima con el borde lento de tu piel o mi voz"
"Así unos rostros detienen entonces a los otros, mientras el viento de la tarde parece doblar eternidades y convertirlas en miradas del tiempo"
"Cosidos a no sabemos qué, con algo más delgado y más fuerte que una aguja y un hilo, costura olvidada y perdida, justamente cuando hemos entrevisto una meditación más allá del pensar, una meditación de la letra, donde cada signo es una pregunta y cada palabra un abismo doblado, mientras el humo del lenguaje nos empaña los ojos y el humo de la vida nos empuja hacia nuestra propia sombra"
"Porque estamos aqui? Este não é o nosso lugar. Haverá um lugar para nós em algum outro sítio? Talvez nos defina, como a luz do dia, não ter lugar em sítio algum. Mas também nos define a capacidade De criar um lugar.
E só se encontra algo no lugar que se cria. Até encontrar-se em si mesmo, se for possível encontrar-se."
La poesía del autor me parece que evalúa las etapas de la vida en las que no sentimos completos y también las que queremos dejar atrás, las partes en las que realmente vivimos y sentimos la alegría y también como evaluamos la muerte.
Es un ejercicio donde amar es también reconocerse por dentro, por lo que somos y como le damos sentido a cada uno de nuestros comportamientos.
Cada uno tiene su pedazo de tiempo y su pedazo de espacio, su fragmento de vida y su fragmento de muerte.
Roberto Juarroz escribió una poesía lapidaria, sentenciosa, en muchos sentidos mucho más racional y abstracta que la de ese paisano suyo llamado Jorge Luis Borges:
“Detener la palabra un segundo antes del labio, un segundo antes de la voracidad compartida, un segundo antes del corazón del otro, para que haya por lo menos un pájaro que puede prescindir de todo nido. [...] La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia”. (P. 14).
El poeta nunca abre un espacio, por pequeño que sea, a la digresión personal, a la experiencia —como no se trate de un sobresalto metafísico ante la Nada— y sus imágenes, calculadas, frías, afiladas como un escalpelo, resuenan como fábulas impecables que carecen de toda moraleja:
“Solo lo incompleto es soportable, por lo menos transitoriamente, porque al final todo resulta insoportable, desde las apretadas aberturas del amor hasta el círculo abierto de las tumbas”. (P. 41).
La poesía de Juarroz transitó de la precisión quirúrgica de sus inicios, muy bien representados en esta antología, a una versión menos estricta y mucho más relajada de sí mismo. El título mismo de su gran obra —Poesía vertical—, que da también título a esta antología acompañada por las pinturas del chileno Roberto Matta, nos habla del impulso vital que acompañó su obra poética durante toda su vida: una mirada fulminante y perspicaz, donde cada oración tiene el peso específico de una máxima, y los grandes temas de la poesía (el amor, la muerte, la ausencia, etc.) están tratados desde una altura cercana al Idealismo: excepcionalmente bien escritos, pero no con ropas menos elitistas y aun extrañas para la experiencia concreta de sus lectores:
“Buscar una cosa es siempre encontrar otra. Así, para hallar algo, hay que buscar lo que no es.
Buscar al pájaro para encontrar a la rosa, buscar el amor para hallar el exilio, buscar la nada para descubrir un hombre, ir hacia atrás para ir hacia adelante.
La clave del camino, más que sus bifurcaciones, su sospechoso comienzo o su dudoso final, está en el cáustico humor de su doble sentido.
Roberto Juarroz ist einer der bedeutendsten südamerikanischen Dichter, in Deutschland allerdings völlig unbekannt. Zu unrecht, wie dieser Werkquerschnitt, erschienen in der Edition Delta, zeigt. Sämtliche Gedichtbände des Autors tragen den Titel "Vertikale Poesie", dazu eine fortlaufende Zahl. In den Gedichten wird die Hierarchie von Oben und Unten verhandelt, semantische Verknüpfungen der beiden vertikalen Richtungen ausgelotet und Worte umgewertet. Eigenwillig und sprachmächtig setzt Juarroz jedem Stück sein Gegenstück entgegen, so ist für ihn das Leben immer auch das Schattenleben eines anderen, zugleich aber auch ein Fragmentkonvolut an gemachten Erfahrungen und Erinnerungen sowie dem, was zukünftig geschehen wird, mehr Bedeutungsmenge als kohärente Erzählung. Diese und ähnliche Motive ziehen sich durch beinahe alle Gedichte, das einzige Manko des Buches: nicht alle Gedichte bieten eine neue Betrachtungsnuance, einige Texte wirken eher redundant. Dies fällt allerdings kaum ins Gewicht gegen den Imperativ, den die anderen Gedichte beschwren: Lest uns!
Una maravilla la combinación entre poesía y filosofía en cada verso de su obra poética, no recuerdo haber leído un libro así. Sin embargo, esa misma combinación obliga a todo lector a leer con calma, como si el tiempo se detuviera.
si hay algo que me sorprende de este libro es los momentos de lucidez que se encuentran entre algunos poemas y luego una demencia absoluta, la necesidad completa de poder entenderse a uno mismo, a lo que lo rodea y si existe o no un algo más arriba. con este libro me llevo que a juarroz hay que leerlo, reelerlo y rebuscarlo, con calma y cuando la vida te esta agitando. a veces se torna un poco pesado entre tanta metafísica y filosofía (mas para alguien como yo, que a pesar de disfrutar de la lectura la concentración le falla) pero hay que rebuscar entre estas paginas para encontrar verdaderas joyas. es un fiel compañero para los viajes en trenes y las esperas en plazas
Me doy cuenta de que, cuando los poetas maduran (o comienzan escribiendo con una vocación inconmensurable) siempre terminan dándose cuenta de que sólo hay un par de temas de los que en verdad vale la pena hablar. Juarroz recuerda a los poetas filósofos de la antigüedad, que buscaban en la poesía una forma de reflexión y de búsqueda de la verdad. El argentino, en su caso, es un poeta de la oscuridad, encuentra sus versos en esos intersticios sombríos donde las únicas certezas son sobre la propia ignorancia del mundo y de nosotros mismos. De lo mejor que he leído en este año.
La lectura intermpestiva de Roberto Juarroz, tengo que admitir, me agarró de sorpresa. Me dieron un vale de 500 pesos de la gandhi y me compré este y otro libro prque me sabía familiar el nombre y porque uno siempre tiene que hacer caso a sus intuiciones. Desde el primer poema de su poesía vertical, aquel que con la imagen de alguien poniéndosé un sombrero comprueba su existencia sabía yo que estaría frente algo diferente.
La poesía de Roberto Juarroz es, en cierto sentido, como la de Louis Gluck. Digo en cierto sentido porque la temática de su poesía y la forma estética de su estructura son bien distintas pero comparten algo: el tono. Ambos ocupan un tono que llamaría de imposible o ideal: se alejan obviamente de la construcción nerudiana de la imagen y metáfora compleja, del raciocinio intelectural de Paz pero también evaden la coloquialidad de Parra y el lenguaje raso de Huerta. De alguna forma pareciera que ambos cuentan con la complejidad temática con una forma que pareciera simple. Las imagenes que elabora Juarroz con inéditas, profundas, existenciales y nocturnas. Su lenguaje no podría decirse que es otro que el mismo que ocupamos pero tampoco otro.
La poesía de Juarroz atraviesa el infierno de la existencia, pero me atrevería a decir que no es un poeta existencialista. El primer poema nos predispone hacia dicha tendencia, pero en realidad, su poesía excede en los límites de lo que vivimos socialmente, se preocupa por una vida que es esta misma pero que no acontece; se preocupa por aquello que quiséramos ser y no somos, de esa vida anhelada a la habría que hallarle el revés. Su poes+ia configra una crisis en la que las desigualdades del mundo se vuelven en una preocupación estética: la metonimia desacelerar para acelerar, es decir que vuelve lo grande minúsculo para que lo minúsculo se vuelva enorme: así, en el centro de su poesía las jerarquías se rompen porque los árboles son bosques, el cielo estrellas, el hombre todos, y la palabra ninguna. El sentido de las equivalencias y las identidades a la hegeliana rompe su paradigma ya que halla en el centro de su utopía nop la identidad absoluta entre palabra y objeto sino su desorientación: en la emancipación nos tendremos una relación identitaria: nos quedaremos en momentos con las palabras y en momento no habrá necesidad de palabras para designar a los objetos para vivirlos.
La poesía de Juarroz es un poesía sobre la poesía, sobre la noche, sobre la espalda de Dios, sobre la palabra, la memoría, los revesés, el sentido arqueado de las situaciones, una poesía espejada y difractada que pone en su centro un no-centro, una desigualdad de velocidades que se equivalen y se rompen, y se contraponen.
Una poesía fundamental, porque como él dice:
"El poema respira por sus manos, que no toman las cosas; las respiran como pulmones de palabras, como carne verbal ronca de mundo.
Debajo de esas manos todo adquiere la forma de un nudoso dios vivo, de un encuentro de dioses ya maduros.
La mnos del poema reconquistan la antigua reciedumbre de tocar a las cosas con las cosas."
En realidad yo tengo una antología, porque la serie de libros (que son como 14) son inconseguibles y carísimos. Lamento que Juarroz nunca haya titulado sus poemas porque de esa manera le hubiese sumado una capa más de significado a sus producciones que de por sí ya son geniales (salvo que tomemos el primer verso como tal, obteniendo un poema nuevo en el índice). El manejo no sólo de las imágenes y conceptos sino del sonido de las palabras de Juarroz es alucinante, el tipo te habla de metafísica con una soltura como de café de sobremesa. Dice como quien consulta en voz baja, como sugiriendo sin querer llamar la atención. Y entendés todo y te preguntás todo y volvés a inquirir, porque no hay otra manera de responderle. Admirado por Cortázar (que le escribe una carta divina), me llegó por el curso que daba Sandri en la SADE. Y gracias a él llegué tanto a Wittgenstein como a Paul Klee o el monstruo de Antonio Porchia. Lo estaba leyendo cuando le compré el último disco de Duratierra a Tomás Pagano sobre Avenida de Mayo y sirvió de puente para que luego se acuerde de mí cuando nos cruzamos en el Club de la Música en Villa Ballester, yo había ido a verlos. Supe que Juarroz murió el mismo día que yo cumplía 2 años -esperemos que no signifique nada.