En una noche desolada y fría de pleno mes de julio, Paloma escribía en su cuarto, frente a la ventana orientada hacia la plaza Alsina. Desde allí vio a una mujer sentada en un banco, leyendo un libro a la luz de un farol. La mujer llevaba un sombrero extraño, alto, de un azul intenso. Un sombrero antiguo. Ella también se veía como de otra época. Paloma no podía dejar de mirarla: la mujer allí sentada era una presencia inquietante y misteriosa, que parecía llamarla. Una novela apasionante en la que una joven logra desentrañar una compleja historia de ambiciones y engaños.
Norma Huidobro es una escritora argentina. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en el Instituto Cristo Rey, luego estudió Letras en la Facultad de Filosofía, desarrolló su carrera en escuelas secundarias y trabaja como correctora y redactora de una editorial. Su primera novela fue "¿Quién conoce a Greta Garbo?" en 1999.
segunda vez leído: febrero 2021 qué gran libro. qué recuerdos me trajo; mi infancia, los inviernos en buenos aires (que antes eran más fríos y húmedos), la época cuando lo leí por primera vez con nueve años...
—Me parece que va a llover—dijo Paula. Nadie agregó nada y siguieron caminando. Al llegar a Brasil, Alejandro propuso: —¿Un cafecito...? Tampoco hubo respuesta, pero los tres –tácticamente de acuerdo– doblaron por Brasil. Dentro de la U de la barra, el mozo leía el diario. En uno de los bancos del fondo, un viejo parecía dormitar ante un vaso de vino. No hicieron más que sentarse, cuando se oyó el primer trueno, ronco, lejano, y el cielo se oscureció aún más. —¿Vieron...? Yo sabía—murmuró Paula. Cuando el mozo les trajo el café retumbó el segundo trueno, y segundos después llegó la lluvia. Una lluvia fina y pareja, de esas que suelen durar todo el día.
es de esos libros que no solo te atrapa la historia, o el misterio por resolver en este caso, sino la ambientación. buenos aires en vacaciones de invierno, con su aguanieve y las facturas y el mate y el cafecito y sus calles llenas de gente yendo y viniendo sin fijarse en su alrededor. poesía y recuerdos. leerlo en estos días lluviosos, en donde parece más mayo que febrero, me hizo sentir la historia de otra manera. me dejó reflexionando mucho sobre mi vida y mi ciudad, y como ambas están conectadas lo quiera o no. nostalgic hours: [open]
Meh, leí este libro como summer reading y no puedo explicar lo que me costo empezarlo, leía una pagina y ya me quedaba dormida, pero una vez que me decidí a leerlo me lo terminé todo en un día. Supongo que no estuvo tan mal, no era tan predecible y además me gustó que el libro esté escrito como en argentino, poder reconocer todos los lugares y todos las abreviaturas y demás, eso estuvo bueno. Le doy tres estrellas porque no es un libro que yo leería si tuviera la opción de no hacerlo, pero estoy segura de que a mucha gente si le gustaría el libro.
Me pareció un lindo libro. Entre a el sin saber nada, y sin espectativas y me terminó sorprendiendo. Esta es la historia de una niña llamada Paloma que una noche al mirar por la ventana ve como a una señora que estaba leyendo sentada en un banco la secuestran. En el momento, quien la secuestra tira su libro a la basura y es ahí cuando Paloma reacciona y sale en busca del objeto. Paloma junto a su tío y la novia del mismo, Paula, intentarán descubrir que fue de esa señora. Cada capítulo es muy atrapante, cada uno termina de una forma que te obliga a no soltarlo, es un misterio simple pero adictivo. Paloma fue mi personaje favorito, ella y Paula hacen un gran equipo. Son todos unos genios a la hora de revelar el misterio.
En cuanto me decidí en hacer reseñas de los libros que pasaron por mis manos desde que tengo memoria, agarré este de la estantería, listo para cuando tuviese que copiar la sinopsis de la contratapa. Sin embargo, me quedé en blanco cuando llegó la hora de escribir sobre él para contar qué me pareció, qué opinaba. En cuanto di cuenta cuántos años pasaron desde la primera y única vez que lo leí casi me caigo de la silla.
Pasaron catorce años.
No puede ser, dije, no puede ser que catorce años atrás yo era un ser que ya tenía consciencia propia, libre albedrío dentro de los límites parentales, con la libertad suficiente para poder decidir qué es lo que quería hacer en mis momentos de ocio. Leer este libro, por ejemplo.
No me entraba en la cabeza y sigue sin entrarme, pero no estamos acá para hablar de cómo me está agarrando la crisis de los 40 a los 23 años, porque cada vez que soy consciente de que en 7 meses cumplo 24 la vida me pasa por delante como si tuviese 91 y empiezo a cuestionarme qué carajo hice de todo este tiempo y dónde está mi juventud.
Pero no dramaticemos. —Me lo digo a mí misma más veces de las que me gustaría admitir.
Así que agarré el libro y lo miré. Lo miré, lo miré y lo miré. No me acordaba de absolutamente nada. En mi cabeza se dibujaba el vago recuerdo de su contenido solo por la sinopsis, y esa era toda la información que podía acumular. No tuve ningún sentimiento y decidí que, si en mi más prematuro subconsciente no se despertaba nada, entonces el contenido de esas páginas nunca significó nada tampoco.
Si no me marcó hace catorce años, menos lo iba a hacer hoy en día. Asumiendo, claro, que, si me hubiese parecido bueno, debería recordarlo de pies a cabeza (ahora me rio, tengo buena memoria, pero tampoco para tanto). Esa simple conclusión me desmotivó lo suficiente como para no querer ni hojearlo para sacarme las dudas, así que pretendí hacer trampa. Googlear resúmenes, buscar reseñas de más personas, con la esperanza de que alguna palabra, algún hecho en concreto activara mi cerebro y recordase algo, al menos poder encontrar el punto exacto de mi memoria en el que la yo de nueve años formó su opinión sobre este libro. Pero no encontré nada.
Me propuse hacer una reseña muy vaga, limitándome a deducir equívocamente lo que comentaría a día de hoy, basándome en que, si lo leí siendo tan chica, entonces sus líneas deberían ser lo suficientemente infantiles como para aburrirme a día de hoy, y concluir categorizándolo «para niños».
Y con eso no solo subestimé a la autora, sino que, como de costumbre, también a mí.
No me gusta hacer las cosas de manera mediocre, y sin siquiera haber empezado a escribir me parecí insoportable, no pude tolerar ni la idea de escribir una reseña y sacar conjeturas sin fundamentos. Así que suspiré y abrí el ejemplar en la primera página, todavía con la esperanza y la mala predisposición de que si leía unas pocas palabras podría recordar.
Pero eso no pasó. Y a cambio, cuando leí la primera oración, no pude hacer más que responder a la ironía con una sonrisa comprensiva:
«Aquí estoy otra vez, escribiendo para no matar a alguien».
La simpleza de la empatía me obligó a querer saber por qué, quien sea que se estuviese expresando, estaba tan sumergido o sumergida en la frustración como para, no siendo la primera vez, recurrir a la escritura como desestresante.
Cuando me quise dar cuenta, había llegado al final del libro.
Resulta que Paloma tiene 13 años y está cansada de su mamá escribana, su papá escribano y su hermana mayor Guadalupe que también está estudiando para ser escribana. Extraña a su hermana Mora, que resultó ser «la decepción, la oveja negra de la familia» por tener sus propios intereses y no querer estudiar escribanía como toda su familia, y que después de responder con la frente bien en alto a cada guerra que su madre le declaró por no ser lo que la familia esperaba, consiguió una beca para una universidad de danza, su pasión, en París. Y ahora a Paloma le toca lidiar, no solo con la ausencia de su hermana favorita, sino también con su parlante madre que todo el tiempo le picotea la cabeza, alegando que con una sola hija descarrilada ya es suficiente como para tener otra más y que ni se le ocurra seguir sus pasos. Aguantando las comparaciones con Guadalupe, que fue una alumna ejemplar toda su vida, por el contrario a Paloma, que no le interesa tener las mejores notas en la escuela con tal de simplemente aprobar. Así que vive metida en su habitación, sobre todo porque Guadaulpe se la pasa en la casa con sus compañeros de universidad, estudiando y fumando, usurpando cada rincón a tal punto que Paloma no se siente cómoda ni para ir a la cocina a buscar un vaso de agua.
Aunque todavía no haya dicho nada, Paloma tiene bien en claro que no quiere ser escribana, y tiene grabadas en su memoria las palabras exactas que su hermana Mora le dijo a su madre cuando declaró que la decisión de su futuro la tomaba ella y nadie más. Porque pensaba hacer exactamente lo mismo, encontrar su pasión e intereses, y usar las mismas palabras que su hermana en el futuro.
A pesar de ser tímida y no contar con las clásicas amistades del colegio, ni encontrar el atractivo en los dramas adolescentes que le corresponden a esa edad, lo que la lleva a ser vista como el bicho raro entre sus pares, Paloma cuenta con una personalidad marcada, dueña una independencia más que definida, valiente, arriesgada, mandada y con el valor e inteligencia suficiente como para saber convertir las voces de su familia en algo insignificante y pasajero, y, sobre todo, cuenta con una curiosidad desmedida por todo lo que la rodea.
Esa curiosidad es lo que la lleva una noche a levantar los ojos de la computadora, en la que escribía como diario sus reportes familiares, hacia la ventana de su habitación. Justo ahí, en frente, en el medio de la noche había una señora sentada en un banquito de la plaza, leyendo tranquilamente. Llevaba puesto un sombrero azul bastante particular y un enorme tapado gris que le iba perfecto. Fue su aspecto tan ataño y diferente lo que ancló a Paloma a no dejar de mirarla. Todo era silencioso, hasta que, de repente, un auto clavó sus frenos en la avenida, un hombre se bajó velozmente del vehículo, forcejeó con la mujer de manera violenta, le arrancó el libro de las manos haciéndolo caer en la basura y la metió de prepo en el auto. Aceleraron y desaparecieron.
Como «shock» no es una palabra que está en el diccionario de Paloma, lo primero que hizo ella fue escabullirse por las escaleras de su casa, evitando que Guadalupe o alguno de sus compañeros la vean, y cruzar a los trotes a la plaza de enfrente para agarrar el libro. Al otro día, en el desayuno con su tío Alejandro (otra oveja negra de la familia por no querer estudiar escribanía), le contó todo lo que vio y juntos fueron a hacer la denuncia a la policía. Quien los recibió en la comisaría se despojó de ellos casi sin importancia, pidiéndoles nada más un número de teléfono, asegurando que, si en los próximos días había una denuncia de desaparición de una persona con las características mencionadas, les avisarían. Sin nada más que hacer, devuelta en la casa de Alejandro, hojeó el libro hasta su contratapa y encontró un nombre completo y una dirección. Y como no podía ser de otra forma, una sobrina tan hambrienta de curiosidad y un tío tan paciente, compañero y, no vamos a mentir, picado también por la curiosidad, le dieron inicio a esta historia.
¿Saben? No fue hasta mis 17 años que yo dejé de cerrarme a la idea de lo increíble y excelentes que son los productos argentinos, en cuanto a arte se refiere. En “La mujer del sombrero azul” no hay un plot twist tremendo, hay un misterio por resolver, y no se podría realizar si no fuese porque una sola personita prestó atención en el momento justo a su alrededor, y fue, encima, lo suficientemente altruista como para preocuparse.
Es una historia muy entretenida, simple, con el toque de misterio justo para dejarte al borde de la silla todo el tiempo, ansiando saber a dónde se va a desembocar el rastro de pistas que se encontraron por casualidad. Al principio de la entrada de hoy conté que había asumí que de chica esta historia no me hubiese parecido la gran cosa, sin embargo, ahora veo muy claramente que, siendo el segundo libro que leí en mi vida, es probable que éste sea el que me haya empujado a fascinarme los policiales; como a los 10 años llegué a tener un manual para (niños) detectives (todavía lo tengo, por supuesto), no me sorprendería que este haya sido el libro que me abrió la puerta a este género, hasta llegar a las narrativas más serias, tensas, complejas y rompecabezas como a las que me gusta someterme ahora.
Para el disfrute de este libro los personajes son clave. Paula, la novia de Alejandro, quien también se sumó a la locura de descubrir quién era la mujer del sombrero azul, es mi personaje favorito. Ellos tienen una manera de desenvolverse que hasta, literalmente, me hizo pararme y aplaudir. Tuve que cortar la lectura un momento para reírme de orgullo y aplaudir negando con la cabeza, incluso anoté en la misma hoja lo que me acababa de pasar y la fecha. Si en algún momento en el futuro (otros catorce años) vuelvo a abrir el libro, quiero recordar lo que me causó.
Para mí, la magia de esta historia está en que es argentina. La manera de narrar, de expresarse, de desarrollar situaciones y personajes, me hizo sentir como en casa. Es muy fácil hacerme reír cuando en los párrafos existen jergas que son solo nuestras y que solo se comprenden y te sacan una sonrisa si estás acostumbrado a ellas. Cuando la palabra adecuada para definir algo es la misma que pensaste en tu cabeza.
No me arrepiento para nada de haber leído otra vez este libro. Y por más que siga sin recordar cómo fue y qué concluí en aquel entonces, anoche, cuando navegaba entre las páginas de este libro, presa de una aniñada emoción, me di cuenta de que siempre leí de la misma manera, acostada en la cama boca abajo. Y entonces, no sé, quizá fue el deseo de poder encontrarme catorce años atrás en algún lugar de mi memoria, o tal vez, en serio en una fracción de segundo me encontré... Me vi a mí misma, de 9 años, leyendo “La mujer del sombrero azul”.
El momento fue demasiado corto, pero la nostalgia perduró en mi garganta, y yo sonreí.
«Mucha gente no quiere saber nada de su vida pasada, es como si estuvieran peleados con los que fueron antes, con ellos mismos como eran antes. Yo quiero mucho a la nena chiquita que fui. Dentro de diez o veinte años, ¿querré también a la chica de trece que soy ahora?»
le daría 3 estrellas y media si pudiera desde la computadora. en fin, AL FIN leí este libro que tengo hace AÑOS guardado y traté de leer 3 veces a los 13. la verdad me dió un poco de pena no haberlo terminado ahí, cuando tenía más o menos la edad de la protagonista. leerlo ahora me hizo sentir como una grandulona, se re notó que ya no soy la target audience pero bueno.
resalté 1 sola frase: "yo quiero mucho a la nena chiquita que fui". yo también, me dio ternura <3
Recuerdo estar en la biblioteca de la escuela a los 9 años y que la maestra se acercara a decirme "Llevate este libro que seguro te va a encantar". Efectivamente me encantó, es parte de los libros a los que les guardo mucho cariño porque me hicieron dar cuenta de cuanto amo leer. Debe haber cosas negativas pero leerlo se siente como estar en casa así que no estoy siendo muy objetiva. Encima es argentino, say no more
Amo como escribe esta mujer. Tiene una forma de ir narrándote la historia hasta determinado momento donde todo cobra absoluto sentido. Ame la parte en la que habla de como Alejandro Le explica a Paloma que cuando se lee un buen libro de misterio, hay pistas y cuando terminas el libro entiendas esas pistas. Naannaa que grande Norma.
muy buen misterio, un poquito perturbador para chicos, pero sigue siendo bueno para empezar con los policiales, tiene modismos argentinos y eso le da un toque especial, tiene un estilo de escritura bastante sencillo y fácil de seguir
Me gusto, pero no me pude imaginar los escenarios muy bien para mies un libro qie te lo podes leer en una tarde pero para pasar el rato (Me encant que este escrito en argentino)
Releí el libro. Sin duda fué mi mejor decisión. Es un libro policial, por lo que las pistas que conducen al culpable, en la segunda leída, son muy evidentes para el lector. Eso es lo bueno de leer un policial por segunda vez. Realmente recomiendo con todo mi ser este libro. Si bien es para preadolescentes, no es para nada infantil ni cliché. Puede ser tranquilamente leído por cualquier persona de cualquier edad, y ser disfrutado igualmente. Se lee super rápido, tarde menos de 24 horas en leerlo. También tiene pocas páginas, un poco más de doscientas. Me siento una fan, jaja, pero es mi opinión. Igual, cabe destacar que una parte de mi gusto por este libro es la nostalgia que me da. Aunque siendo objetiva o subjetiva, "La mujer del sombrero azul" es un gran libro -que como he dicho- recomiendo plenamente.
Fue un libro que, literalmente, agarré sin pensarlo y, por lo tanto, no tenía ninguna expectativa sobre él: fue la mejor decisión que tomé. Es un libro que me atrapó desde el primer momento a pesar de que esté dirigido a un público más joven. Me encantó la manera en la que está escrito y pude sentirme dentro del libro ya que describe lugares y los personajes tienen modismos bien porteño/bonaerense. Otro punto que realmente disfruté es la relación que hay entre Paloma, la protagonista, y su tío Alejandro quienes tienen una complicidad que pocas veces leí en un libro. Me parece un buen libro para adentrarse en el género policial ya que si bien la trama es inesperada no es muy compleja. Cómo saben, no me gusta puntuar los libros así que simplemente lxs invito a leerlo y a adentrarse por la bella ciudad de buenos aires y sus alrededores mientras resuelven junto a Paloma el misterio de la mujer con el sombrero azul.
Personalmete no me gustó demasiado a diferencias de otros de la autora. Me he tardado casi un año ya que se me hacía muy pesado al pricipio. Sin embargo, amo el humor que tiene Paula, es algo que he disfrutado. También la reacción de los personajes me parece realista.