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“Como sociedad, es momento de asumir que somos corresponsables de lo que sucede en nuestro México: el niño que porta un arma, la niña que accede a pasar droga de un estado a otro, el adolescente que en este momento entrena en la sierra para ser sicario… Todos son hijos de esta nación, son nuestro futuro y es nuestro deber cuidarlos”.
Como sociedad es un hecho de que hemos normalizado la violencia, corrección, nos hemos acostumbrado a ella. Nada nos impacta, nada nos sorprende, y no estamos conscientes que el normalizar algo es sumamente peligroso. El no sentir también lo es. El justificar acciones y pensamientos también lo es. Porque así como ellos justifican sus acciones diciendo: si no lo mataba, me mataban a mí. Nosotros como sociedad también justificamos esa violencia diciendo: andaba metido en malos pasos, pues los que mal empieza mal acaban. Y no somos conscientes de que estas muertes, estas torturas no pueden ser normalizadas. Porque hoy en día no conozco a nadie que me diga que no tiene un familiar o amigo desaparecido. Entonces, ¿por qué esta justificación de violencia?
El libro que nos presentan las autoras está dividido en tres partes. En la primera nos presenta testimonios de seis jóvenes que desde muy temprana edad fueron reclutados por los cárteles. Niños desde los nueve hasta los catorce años. Y es en estos testimonios, donde al leer todo lo que vivieron de niños, el ambiente en el que se desarrollaron, la cultura misma que va fomentado la sociedad, el dinero rápido de ganar, la ausencia o ejemplo de padres, las amistades, el consumo de drogas, todo esto influye para la vida que llevan.
Primeramente les comenté que es peligroso el normalizar algo, el acostumbrarnos a algo, porque eso nos insensibiliza, no le damos la importancia que debe tener y lo que va a influir en las próximas generaciones. Y esto va de la mano con esta cultura del narco; en canciones, series, películas, vestimenta y narco fiestas, perdón, buchón partys. Todo eso influye, y es por eso que como sociedad tenemos parte de culpa.
Odia el delito, compadece al delincuente. Es lo que tiene escrito Saskia en su perfil de Instagram, y ahora es cuando lo entiendo. Les hemos fallado a estos niños.
Ahora, porque cuando los leemos nos damos cuenta de que aun con esa paranoia, aun con esa reflexión dentro de las cuatro paredes, le tienen más cariño al cártel, más respeto. Porque ellos mismos han visto la corrupción de primera mano; policías comprados, gobiernos comprados. Cárceles y centro de reinserción, donde se supone que los ayudan para salir de ese torbellino de vida que llevan están corrompidos a más no poder, desde ahí pueden seguir operando. Se supone que el sistema debe ayudarlos, pero es más que claro que no lo hacen.
La segunda parte del libro viene con un contexto y con un análisis de cada caso, donde primeramente se nos dará un contexto criminológico y psicosocial de los adolescentes en conflicto con la ley, y donde también se nos dará un análisis personalizado de cada chico(a). Donde también se nos plantean varias preguntas, algunas con respuesta, otras no. Primeramente, ¿Cómo es que cada vez hay más niños en las filas del narcotráfico? Dejando de lado todos los factores que influyen, son caza fácil, puesto que no importa cuántos delitos cometan, al ser menores de edad no se les sancionará fuerte, he ahí lo genial de nuestro sistema, nótese el sarcasmo.
Por último, nos presentan casos de una reinserción a la sociedad exitosa. Porque si, es posible la reinserción, porque para ello se ocupa que alguien les tenga fe a ellos, pero también que puedan cambiar de lugar, de evitar ciertas amistades, de retirarse de las tentaciones. Si, esta última parte brinda un poco de esperanza.
No es lectura fácil este libro, y no sales indiferente de él, y es que si hablamos de cantidad, no pasa de las doscientas páginas y aun así les puedo decir que tengo casi todo el libro subrayado. Y es aquí cuando decimos que menos es más.