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201 pages, Paperback
First published August 15, 1964
—¡Has deshonrado tu apellido! ¡Y con un cualquiera! ¡Con un extranjero aprovechado!
Emelina negó con vehemencia.
—Él no… no me iba a hacer nada malo. Sólo me iba a enseñar la vida.
Cuando adquirió plena conciencia de que la oportunidad había pasado, Emelina se puso a aullar, como una loca, como un animal.
Enrique se apartó de ella. Que se quedara aquí, que regresara a su casa como pudiera. Él no podía tolerar más ese aullido salvaje, inconsolable.
Enrique echó andar sin rumbo por las calles desoladas. De lejos le llegaba el eco de las marimbas, de los cohetes, de la feria. Pero no se apagó siquiera cuando Enrique golpeó, con los aldabonazos convenidos, la puerta del burdel.