En este estilo que los hispanos hemos dado en llamar ultraísmo, el valor que más se valoraba era (aunque este término suela ser un topicazo) la frescura. La poesía de Girondo era, como la de varios congéneres, una palmadita en la espalda al Huidobro de Temblor de cielo, menos grave que el de Altazor: continuaron con las ideas creacionistas de la imagen como elemento independiente y novedoso, pero consintieron una mayor libertad formal, se exigieron un virtuosismo menor y, sobre todo, introdujeron el humor como elemento poético de pleno derecho.
Aquí no van a encontrar la belleza neobarroca de los autores del 27, ni sus raíces surrealistas. Todo en Girondo es leve. Las dos primeras obras que componen este libro, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y Calcomanías, son postales de viajero, bosquejos de animal nocturno, leves cuadros futuristas de ideas apenas dibujadas. En esta simplicidad encuentran estas obras su virtud y sus defectos. Puesto en corto, Calcomanías repite la fórmula de su predecesor, pero carece de su inspiración; o, si se quiere, le aplica una dosis demasiado elevada (relativamente hablando) de ortodoxia. Ante todo, la impresión general es que este segundo libro pasa de la metáfora como elemento fundador del poema a la metáfora como acompañamiento de una realidad extrapoética. Se pasa de la creación a la definición y, mientras esto no tiene por qué ser una tacha per se, el estilo se acaba viendo más constreñido, más cansado, incluso forzado en algunos fragmentos. La fortaleza de Girondo estaba, como la de todas las vanguardias, en su ruptura; en el momento en que el poema se domestica, pierde sus cualidades refractarias y se convierte en un objeto decorativo, hermoso pero intrascendente.
Esto último podría aplicarse también a la tercera obra incluida en este libro, Espantapájaros; una mezcolanza de microrrelatos, o, parafraseando al autor, "un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades" convertidas en textos breves. Una obra interesante pero, a estas alturas, quizás demasiado cándida, y demasiado limitada; citando de nuevo, "una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan" para acabar conduciendo a nada.
Una edición cuidada y a buen precio, un libro hermoso, simpático y agradable, pero, en última instancia (y salvo la brillantez de Veinte poemas...), intrascendente.