Valdez Is The shotgun went off aimed at the wrong man, held in the wrong man's hands. A crowd had gathered to drink and laugh and shoot down at the old shack where a supposed killer was hiding out. Then Bob Valdez, humble town constable and stage-line shotgun rider, walked down to the shack. Moments later Valdez had killed an innocent man, and the crowd, sapped of its bloodlust, wandered off. But for Bob Valdez it was far from over. He wanted the wealthy landowner who had enginnered the scene to give the dead man's woman money for a wrongful death. They laughed at Bob Valdez. They taunted him and beat him until Valdez had no choice but to come back to them again. Only this time Valdez was coming with three guns--three guns and the will to teach a rich man's army how costly atonement can get.
Set in Arizona mining country, Hombre is the story of a stagecoach held up by outlaws. One of the passengers, John Russell, is a white man who was raised partly by Apache Indians, and knows first hand the indignities suffered by them at the hands of the whites who control the reservations. He has also learned to live and fight like an Apache. Combatting the outlaws, Russell finds himself faced with the decision of whether to save only himself or to save his fellow white passengers. John Russell becomes the key player in a drama examining man's responsibilities to his fellow man, acted out on a dusty stage in America's Wild West.
Elmore John Leonard lived in Dallas, Oklahoma City and Memphis before settling in Detroit in 1935. After serving in the navy, he studied English literature at the University of Detroit where he entered a short story competition. His earliest published novels in the 1950s were westerns, but Leonard went on to specialize in crime fiction and suspense thrillers, many of which have been adapted into motion pictures.
Novela de Elmore Leonard publicada 1961, la historia está situada en Arizona en 1884. Un hombre, llamado John Russell, se ve obligado a compartir un viaje en diligencia con otros pasajeros con los que no comparte nada y lo tratan con recelo.
John Russell fue raptado de niño por los apaches lo que hace que su aspecto y forma de comportarse no tenga nada en común con el resto de viajeros.
El escritor pone en juego esto para hacer una crítica social sobre el trato a los diferentes. En este caso el peligroso viaje que van a acometer juntos, pondrá a prueba los prejuicios raciales del resto de pasajeros cuando se den cuenta que su única oportunidad pasa por confiar en John Russell.
Para mí, la novela no es gran cosa. Sirve más bien como mensaje en la época que se escribió. Está considerada como una de las mejores del autor, que en su comienzo solo escribía western. En 1967 se hizo una película con Paul Newman en el papel de J. Russell.
Que Viene Valdez
Esta novela está situada en una época parecida a la anterior en un lugar fronterizo en el sur de Norteamérica. Publicada en 1970.
Aquí también, el autor introduce elementos discriminatorios y raciales. Una lucha desigual entre poderosos y un alguacil que busca justicia.
Bob Valdez es un alguacil que se ve obligado a asesinar a una persona de color por culpa de un poderoso que tiene un grupo de pistoleros a su mando. Cuando Valdez pide responsabilidades, es ignorado continuamente.
Esta novela sí que es buena, la acción es constante, como la actitud de Valdez, al que empujamos para que siga adelante. El trasfondo de la novela, esa ética, ese deber por hacer bien las cosas, con un final apoteósico, hace que sea una novela redonda. Por supuesto que se hizo película, en 1971, con… taaa chan… el gran Burt Lancaster como Valdez.
Los ojos del mexicano estaban vidriosos y humedecidos.
—¿Qué le has puesto a la munición?
—Ya te lo he dicho, algo para conejos. Escucha, voy a subirte al caballo y sentarte en la silla.
—No puedo cabalgar a ningún sitio.
—Claro que puedes —Valdez bajó el brazo del mexicano y le dio una palmada en el hombro. El mexicano se estremeció y Valdez sonrió—. Cabalga hasta el señor Tanner, ¿de acuerdo? Dile que viene Valdez. ¿Has escuchado lo que he dicho? Que viene Valdez. Pero mira, amigo, será mejor que te des prisa.
Si por algo es conocido Elmore Leonard es por ser un maestro de la novela negra. Sin embargo, la carrera de este famoso escritor comenzó en un género más humilde y, a priori, alejado de los tiroteos en las grandes ciudades, la corrupción política y la sordidez urbana. Y digo a priori porque la única diferencia real entre el noir y el western es que en el primero el olor de la inmundicia no va cargado con matices de estiércol y cuero quemado. Comento la trayectoria literaria de Leonard no por añadir una pedante introducción a mi reseña, para demostrar que soy un muchachito con lecturas y que hago mis deberes. Sería mentira. Lo hago porque, en realidad, hay mucho de noir oculto en estas dos novelas cortas del oeste: el tratamiento de los personajes, amorales e incomodos hasta siendo los "heroes", los diálogos, contundentes como un puñetazo y afilados como una navaja, y la violencia, presente y constante.
La primera novela, Hombre, tuvo una adaptación al cine en la década de los sesenta. Una adaptación buenísima que sigue casi al pie de la letra la historia original, añadiendo únicamente un puñado de personajes más y cambiando el trasfondo a uno de ellos. En la cinta, Russell es interpretado por el hombre más atractivo que ha podido salir de útero humano, con permiso de Brad Pitt, el gélido Paul Newman, elección perfecta para interpretar a un blanco secuestrado por los apaches y criado bajo sus costumbres indias, cuyos acerados ojos azules son lo único que delatan su original condición civilizada. Russell, a caballo entre los indios y los blancos, habita un un territorio fronterizo en el que es imposible encajar. Este es el tema principal de ambas novelas: el racismo rampante del oeste americano en particular, y de Estados Unidos en general. En ambas historias vamos a comprobar como ser mexicano o apache era un estigma que te privaba de todos tus derechos. Podías ser violentado en cualquier momento, tu vida valía menos que nada y todo lo que tenías se te había cedido temporalmente, hasta que llegara un hacendado con sus sicarios a recordarte que eras un salvaje, peor que un perro. Pero Russell tiene la oportunidad de vivir como un hombre blanco, y así se lo recuerda su único amigo, un mexicano patrón de un negocio de diligencias a punto de desaparecer a causa del ferrocarril. En efecto, hubo un tiempo en que Russell vivió como blanco bajo la tutela de un hombre acomodado y este último, tras su muerte, ha dejado en herencia todas sus posesiones. Este es el punto de partida de la historia. Russell viaja en la diligencia de su amigo para reclamar su herencia. Dentro de esta diligencia cohabitará con el resto del plantel del personaje: su amigo mexicano, el empleado de éste y narrador de la historia, una joven misteriosa de la que solo se sabe que fue secuestrada por los apaches, un matrimonio compuesto por el administrador de la reserva apache y su señora, y un sospechoso jinete que insiste en tomar esa diligencia. En este viaje, Russell, reservado y taciturno, por sus silencios y ciertos comentarios pronto expone sus orígenes y se convierte en la percha de los palos, un ser monstruoso indigno al que ni siquiera se le permite ir en el interior de la diligencia. Pero, claro, esto es el salvaje oeste, y Leonard sabe a la perfección que en la tierra reseca cualquier chispa puede provocar un incendio. Así, el que en inicio solo parecía un jinete sospecho se revela como un forajido ladrón y asesino.
En su sencillez, Hombre habla mucho del ser humano, en especial de la sociedad blanca estadounidense y su cacareada civilización. Cuando el polvorín estalla, el que era despreciado por todos y quería mantenérsele alejado de uno en todo momento se convierte en un inesperado salvador. Los blancos fariseos se agarran a él como buenos parásitos, eso sí, juzgando en todo momento los actos de Russell como los propios de un salvaje, inhumanos, pese a que uno de sus compañeros se ha revelado como un facineroso homicida y el administrador de la tribu como un malversador, un corrupto que se ha apropiado de parte de los fondos destinados a alimentar a los indios de la reserva. Russell, cuyos métodos son en absoluto encomiables, se apropia de ese dinero, convirtiendose a ojo de los blancos en otro ladrón, cuando lo que busca es hacer justicia. Y es que Russell, pese a su flexibilidad moral, es el único personaje heroico, verdaderamente altruista del grupo. El resto, una panda de pusilánimes, cobardes y racistas, solo sirven para ser salvados, insultar a Russell y poner constantemente palos a las ruedas. En aras de un sentimiento de compasión, varios personajes blancos de la historia intentan socorrer a personajes que han tenido comportamientos repugnantes, e incluso han puesto en peligro la vida del grupo por egoísmo. Pero claro, esto es civilización, ayudar al prójimo. Siempre que este sea blanco, por supuesto. Mejor socorrer a un ladrón asesino antes que a un apache. Así, en una novela western, Leonard no solo critica el racismo, sino también la pusilanimidad y cobardía del hombre de a pie, cuya pasividad suele recubrirse con una pátina de hipocresía, limitándose a juzgar a los que tratan de sacar las castañas del fuego mientras ellos se refugian en la seguridad de su silencio e inmovilidad.
Hombre es una novela como la copa de un pino, y la película es un clásico del western con todas las letras. Y qué guapo era Paul Newman, me cago en la leche.
Que viene Valdez también tuvo su adaptación al cine, esta vez protagonizado por otro hércules del cine de los cincuenta y sesenta, el portento de la actuación Burt Lancaster, que te vale para hacer de gerifalte nazi como de mexicano, aunque tenga de teutón lo mismo que Hitler y de mexicano la suculenta frondosidad capilar del labio superior. En esta historia, Leonard trata más el tema del racismo que el de la hipocresía, centrándose más en cómo tu condición te priva de todos tus derechos. Todo comienza cuando un rico hacendado, que ha amasado su fortuna de maneras bastante cuestionables, acusa a un soldado negro de desertor y de asesino, autor del crimen de un buen amigo suyo. El soldado se refugia en una cabaña junto a su mujer o concubina -nunca se aclara-, una india apache lipán, y responde con disparos cualquier tentativa de acercamiento. Aquí entra en escena Valdez, alguacil del pueblo y guardés de diligencias, que intenta dejar al lado la violencia para aclarar el enredo. El soldado, que ni es desertor ni es asesino de nadie, muere en la refriega a manos de Valdez, que solo quería detener este sinsentido. Porque, encima, luego de muerto, el hacendado reconoce que se equivocó, que ese no era el hombre que asesinó a su amigo. En ese momento Valdez se propone hacer justicia dando satisfacción a la apache, pagándole una compensación por haber asesinado a su marido. Su inocencia enternece el corazón del lector pero calienta, y mucho, al hacendado de turno, que veja, maltrata y se deshace de Valdez de la forma más violenta y humillante. Tras lamerse las heridas, Valdez, durante mucho tiempo tranquilo alguacil del pueblo y guardés de diligencias, se revela como lo que antaño fue, un soldado imbatible, y lanza un mensaje que estremece el corazón de todo aquel que sepa escuchar: que viene Valdez.
Si en Hombre nos encontramos con una historia fatalista, en la que desde el asalto a la diligencia el lector tiene la sensación de que nada va a salir bien, en Que viene Valdez Leonard nos ofrece justa satisfacción. Esta historia es como John Wick con caballos y revólveres. Cuando Valdez recupera su manto guerrero sabes que se viene lo bueno, y que da igual que el hacendado tenga 20 o 30 minions contratados, tú sabes perfectamente que nunca han tenido una oportunidad contra Valdez, que ha combatido con y contra apaches. Es un carnaval de tiros y mala leche que te lees de una sentada y no quieres que acabe. Estas con Valdez por el mismo motivo que estas con Russell, porque, pese a que sus métodos son cuestionables, son las únicas figuras heroicas que tratan de hacer lo correcto en un mundo de cobardes, hipócritas y sanguinarios. Son los únicos que se juegan el tipo por otro, no por dinero, ni por honor ni por sobrevivir: Russell por un grupo de hijos de puta que lo desprecian en todo momento, Valdez, por una viuda apache.
Conclusión, si no habéis leído nunca una novela del oeste no empecéis por aquí. Primero hay que estrenarse con Dorothy M. Johnson, la mejor escritora de western de la historia y madre de historias inmortales como El hombre que mató a Liberty Valance o Un hombre llamado caballo. Una vez disfrutados estos cuentos, entonces sí, tenéis que leer a Elmore Leonard.
Mi primer y temeroso acercamiento al género del western literario. Habituado a los westerns de 13TV, spaghetti o no, cutres y repetitivos; Hombre / Que viene Valdez ha supuesto un soplo de aire fresco. No una reconciliación, sino un descubrimiento. La frontera es una excusa para desarrollar a dos personajes grises, muy interesantes. Y, por qué no decirlo, me sentí muy atraido por la ilustración de portada de Frank McCarthy. Quien diga que una buena portada no ayuda, miente como un bellaco. Gracias a Valdemar seguro que vuelvo pronto a la frontera.
Enésima demostración de la tontería de los géneros. Dos novelones. Y si hubiera por fuerza que adscribirlos a algún casillero, sería el de la novela negra. La neutra y fría objetividad de Hammett, el paisaje convertido en alma de McCarthy: pasado y presente están en Elmore Leonard. De los que llevo leídos de la colección, sube al escalón más alto. Hablamos del autor que inspiró a Peckinpah para su Grupo Salvaje. Excepcional. Más Leonard en Frontera.
Mi mejor lectura del año. Dos novelas cortas de unas 100 páginas cada una. Ya he comentado alguna vez que para mí, el género western no existe. Son novelas, simplemente basadas en un punto geográfico y temporal determinado, que es el de la conquista del Oeste Americano. Las dos son novelas de suspense. La primera, "Hombre". En una diligencia viajan Russell, secuestrado de niño por los apaches, y un grupo de pasajeros. Un grupo de malvados tratan de asaltarlos para robar un importante botín.., pero la segunda "Que viene Valdez"... Bueno bueno bueno..., una obra maestra; un honrado alguacil, Valdez pretende que Frank Tanner, un adinerado, malvado y poderoso del lugar, indemnice a una pobre india después del asesinato de su marido por error..., un hombre contra un ejército... Qué final, por dios!!!
Dos aventuras morales en la frontera, narradas con uno lenguaje transparente y que alcanzan la estatura de narraciones épicas. Se queda uno con ganas de más.
A pair of Western novellas courtesy of Leonard, a master of action and the sage of terse economical prose. Back in the day, these tightly-crafted tales were both made into films.
Race, revenge, and romance propel "Valdez," the story of an upright sheriff seeking justice for the wife of a slain man. However, the cruel gunrunner most responsible for the death is uninterested in pleas for compensation from Roberto "Bob" Valdez. The gunrunner's vicious rebuff unleashes a series of violent events that terminates in a showdown with reputations and lives at stake. The narrative is made more complex by racial status and an unsolved murder. Crisp and fast-moving.
"Hombre" is but one of many names carried by John Russell, a Mexican boy stolen by Apaches, rescued and schooled by whites, who returns for a time to live among the Indians on a reservation. During a stage coach journey, Russell is shunned as an outcast by his fellow passengers. But when all lives are menaced by a gang of ruthless outlaws, Russell's warrior skills and knowledge of the desert make him the leader of the passengers, a group roiled by greed and conflicting loyalties. In this taut little saga, Leonard questions the emptiness of racial prejudice as well the tricky nature of who to help and when.
Two well-written compact stories for those catching up on their reading in uncertain times.
This is a must read for anyone interested in "genre" literature.
Three volumes in the collection. I've read them all and all of it is incredible writing that every budding author should read! I write this as an aspiring novelist in the Elmore Leonard sense of that term.
Leonard began his career writing westerns, quite amazing because even from the beginning the same themes are already in place. The situations are always interesting and surprising, with smart and cool twists in the plot. Unlike his later books, the dialogue in the western books isn't as much of a feature. He became really known for the dialogue, which is the only reason i mention this.
With one or two exceptions, the western books feature white main characters, but quite often in these novels, Leonard is interested in subverting the racial stereotypes of the time. Some of these are written early, fifties or sixties.
Many of his characters are black or native American. Often these characters are severely underestimated by the racist whites, who believe them to be different classes of sub-human. He treats the characters as equally intelligent people, capable of using the white man's racism against him in very cool and smart ways.
Dos novelas pequeñas pero qué novelas pequeñas. Leonard prescinde de todo lo accesorio y casi desde el primer capítulo sabe dónde poner el acento: sus dos protagonistas y sus misterios personales, su ética inquebrantable a pesar del entorno hostil y el conflicto que los envuelve y los arrastra hasta situaciones épicas. Aunque parece secundario, el lugar narrativo compartido por ambas es de aúpa: la Arizona de finales del XIX donde las correrías de los Apaches de Cochise y Gerónimo están en el recuerdo y son los blancos quienes desatan una violencia sin sentido fraguada en la codicia y el racismo. Es fácil sentir predilección por Que viene Valdez, donde gracias al narrador omnisciente los personajes tienen un desarrollo más convencional, pero Hombre quizás le gane la mano en intensidad. Todo un acierto por parte de Valdemar el publicarlas en un volumen conjunto. Se complementan perfectamente.
Dos relatos de Elmore Leonard, el primero de ellos, Hombre trata de un viaje en una especie de diligencia, que va a ser asaltada. Hay una serie de personajes muy interesantes en su interior, uno de ellos Hombre (John Russell) que ha vivido con los indios. Mi personaje favorito es la chica que vuelve a casa después de haber sido raptada por los indios, aunque hasta casi hasta el final no conocemos su nombre. La historia tiene un final notable, en la versión cinematográfica el papel de Rusell lo hizo Paul Newman. El segundo relato, Que viene Valdez es también bastante notable. Recuerda mucho, pero está escrito un par de años antes que la historia de Rambo de David Morell, así que es un claro antepasado de Rambo. Tienen en común las dos novelas que presentan personajes bien construidos, con sus ambigüedades, que se hacen muy atractivos, a la par que varios giros narrativos hacen mas atractivas las dos historias. Estupendas.
Dos novelas cortas entretenidísimas. Ahí se quedan rozando las cuatro estrellas. "Que viene Valdez" me ha gustado más que "Hombre", sobre todo el primer capítulo, que es una muestra demencial del racismo de la época. Destacables también las protagonistas femeninas, bastante independientes para lo que se suele ver en estas historias.
Elmore Leonard escribe de maravilla. Sus historias tienen lo justo, nada de paja y con unos personajes que puedes imaginar con sólo un par de pinceladas. Lo mejor son los diálogos; realistas, ingeniosos y verosímiles. Para mí, que no soy un apasionado de los Western, este libro es un buen libro con el que empezar a introducirse en el género, además de un buen libro a secas.
En Hombre, John Russell pasa de ser indiferente ante los problemas del prójimo a comprometer su propia vida ayudando a los demás. Los diálogos son estupendos (la conversación en la galera acerca de las experiencias vividas por la chica McLaren en la reserva de los indios es tensa)
Qué Viene Valdez es todavía mejor. Un retrato brutal de los avatares que debe atravesar un hombre en busca de retribución y justicia. El desenlace es sorprendente, al menos para mí. Esperaba una suerte de catarsis violenta tradicional y en su lugar descubrimos que después de todo, Bob Valdez, al igual que San Francisco de Asis, es un hombre compasivo.
Más allá del género, ambas novelas guardan en común el tema de la discriminación racial.
Both stories in this volume are riveting. Leonard’s prose is economical (but not skimpy), which stylistically fits the sparse desert landscapes where the stories take place. If you’re a writer --as I am -- that may be one of the most striking aspects of immersing yourself in these two novellas. You’ll experience how a master writer handles laconic characters in a harsh environment -- from thoughts to dialogue to scene description. Are you someone who just wants to escape into a good story? No problem! The plot, characterization, and setting are going to make you want to saddle up and ride next to Valdez and company in the hot, dusty Southwest, and watch the drama unfold.
Ambas historias son sorprendentes y adictivas. El estilo de "Hombre" más pobre, diría que debido a la traducción al castellano. "Que viene Valdez" trepidante, un estilo muy fluido (traductor distinto) y un desenlace brillante.
Aunque Elmore Leonard sea más conocido como escritor de novela negra que como escritor de western (al menos aquí en nuestro país), su obra es importante tanto en un género como en otro. No tan abundante, pero ni mucho menos escasa. La edición de Valdemar, en su imprescindible colección Frontera, de dos de sus obras en un solo volumen, Hombre y Que viene Valdez, no solo viene a suplir esa cadencia y a darle su lugar en ese Oeste, sino que además nos ofrece una visión particular del género. Frente al concepto de frontera, tan presente (y al que no son ajenas) nos encontramos con dos obras sobre el territorio, dos obras instaladas en una geografía alejada de cualquier pueblo, exploraciones de esa geografía y del hombre a través de ella. Del hombre convertido en héroe a pesar suyo. Del héroe convertido en hombre pese a todo.
Hombre es la historia de un viaje en diligencia. Una diligencia improvisada en una ruta que se cierra, porque el ferrocarril está acabando con eso. Y no es lo único que está acabando. Sí, podríamos hablar de obra crepuscular, pero es una sensación que nos alcanza siempre que vemos a alguien con unos principios incorruptibles, da igual la época y el género. Siempre serán personajes más propios de un final de los tiempos. Así es, en todo caso, John Russell, nuestro protagonista. Ha pasado tanto tiempo entre los indios que los demás, los blancos, lo ven como uno de ellos y él no pretende otra cosa. O le da igual. Contada a través de los ojos de un joven empleado del servicio de transporte, su figura solo puede ser mítica, la del único capaz de enfrentarse a un trayecto a través de un paisaje desolado, de unos caminos abandonados, y, con él, a los demás. A los bandidos o a los corruptos. Y a sus compañeros de viaje, dispuestos a juzgarle, a juzgar sus silencios, a partir de la desconfianza hacia un personaje que no se ajusta a nada, que no encaja en ningún sitio.
Leonard construye un relato que limita con todo y siempre va un paso más allá, atravesando los lugares del género para ofrecernos la desolación sin demasiadas esperanzas, en la que lo único que se entiende es la muerte, en un mundo de apariencias, de dudas, de incertidumbre. La frontera también es algo interior y va en cada uno.
Que viene Valdez comparte ese gusto por el héroe que no pretende serlo y que hace las cosas porque cree que debe hacerlas, sin preguntarse demasiado y sin pretender dar lecciones a nadie y mucho menos explicarse. Roberto Valdez, Bob, es otro John Russell. Menos solitario, igual de indio blanco o blanco indio, se ve envuelto en algo que no le corresponde pero que debe asumir, porque ningún otro lo hará ni puede hacerlo. La muerte de un negro, confundido con otro, su viuda india, el convencimiento de Valdez de que deben pagarle una indemnización a ella, le llevará a enfrentarse Frank Tanner y sus hombres. A pesar suyo y por una pura razón de justicia. Lo que es, tiene que ser. Y ahí empezará su aventura, su viaje a través de la muerte, en un ir y venir por los parajes desolados (porque siempre tenemos esa sensación de desolación, no necesitamos desiertos). Una desolación que parecen llevar también encima los hombres, hasta llegar a ese instante en que ya nadie sabe lo que está haciendo ni las razones por las que lo está haciendo y ni tan siquiera si tiene que hacerlo.
Al igual que Hombre, Que viene Valdez es una obra prodigiosa en la que nada sobra, ni un puñado de tierra, y en la que todo responde a un movimiento perpetuo de fatalidad, de unas cosas que llevan a otras, de un acto que trae sus consecuencias y consecuencias que traen otros actos. Leonard atraviesa una y otra vez los espacios del western y, como sus personajes, solo responde a sus razones, las razones del hombre bueno o del escritor bueno. Es una cuestión de raza, de existencia. Las dos obras trascienden los territorios del Oeste para ir más allá, para proyectarse a través de unos hombres, de una humanidad, de unas razones. Y de un paisaje. Un paisaje existencial. Esencial.
Gran descubrimiento el que he hecho con este autor. Los dos relatos son espectaculares y tengo la impresión, de que este señor da igual que escriba sobre la frontera del oeste americano como de los hábitos del caracol manzana. Siempre dará gusto leerle.
En este volumen se recogen dos relatos que bien podrían estar protagonizados por la misma persona. Si el primero, "Hombre", me pareció estupendo, el segundo "Que viene Valdez" es sencillamente genial. Redondo, excelentemente contado, con una tensión narrativa espectacular.
Mejor leerlos, preferiblemente sentado junto al fuego en algún rincón del desierto de Sonora.
Two of the great westerns from Leonard's early career. The sad thing is that the vast majority of Leonard fans only know these pieces through the films. Even though both have tremendous strengths that they bring to the table, much of the subtleties of his writing have to be set aside for the film making experience. Great reads any time of the year, but do yourself a favor and dive in when you have the time to finish them quickly.