Un libro esencial para documentar y entender los 20 primeros años de RTVE (cuando todavía era un ente que pretendía entretener y divulgar en lugar del actual agujero negro de panoja que es para emitir propaganda 24/7 a las cinco personas que todavía ven la tele en este país) y las etapas intermedias de la industria cinematográfica española cuando aquello era por infraestructura (diversos estudios a lo largo de la península no tan a lo bestia como Cinecitá pero bastante apañados y versátiles), variedad (España en los 50 y 60 hasta tenía autonomías especializadas en géneros cinematográficos, siendo Cataluña la reina indiscutible del cine negro, por ejemplo, y las proximidades a Levante cortijo del fantaterror) y riesgo, que es algo que se omite bastante cada vez que se estudia de forma académica o con afán historiográfico el Cine Español y es un festival de productos locos, febriles e irrepetibles. Verbigracia, el propio Mariano Ozores y su notable La Hora Incógnita, la cual, debido a arriesgar su patrimonio para sacarla adelante y ser un fracaso tremendo, condicionó toda su carrera posterior al punto de obligarle a mirar siempre la peseta -y cómo valoraba dicha moneda el público al ir a tal o cual peli en un cine- por delante de cualquier otra consideración o aspecto de la peli a realizar.
Un gigante que hasta se ocupa de momentos de los que todos nos hemos reído pero que son bien curiosos y amenos de conocer (su famosa "etapa video", con aquellas infamias que sacaba adelante en un fin de semana en la sierra madrileña y que resultaban rentables gracias a la popularización del afamado electrodoméstico y los videoclubs y la imprescindible y necesaria ansia del españolito medio por ver unos cuantos pares de tetas al aire en cada peli desde su sofá entre chistes chocarreros y/o mongolos) y que es Historia de la Cultura española pese a quien pese.
Un libro esencial junto a la Autobiografía de Antonio Ozores y la de Jesús Franco para saber cómo fueron 50 años de producción televisiva y cinematográfica aquí, y quizá sólo superable si existiese un libro similar del que se ocupara la única persona que anduvo más tiempo y en más producciones que todos ellos: el inabarcable Ignacio F. Iquino.