Having set global warming in irreversible motion, we are facing the possibility of ecological catastrophe. But the environmental emergency is also a crisis for our philosophical habits of thought, confronting us with a problem that seems to defy not only our control but also our understanding. Global warming is perhaps the most dramatic example of what Timothy Morton calls “hyperobjects”—entities of such vast temporal and spatial dimensions that they defeat traditional ideas about what a thing is in the first place. In this book, Morton explains what hyperobjects are and their impact on how we think, how we coexist with one another and with nonhumans, and how we experience our politics, ethics, and art. Moving fluidly between philosophy, science, literature, visual and conceptual art, and popular culture, the book argues that hyperobjects show that the end of the world has already occurred in the sense that concepts such as world, nature, and even environment are no longer a meaningful horizon against which human events take place. Instead of inhabiting a world, we find ourselves inside a number of hyperobjects, such as climate, nuclear weapons, evolution, or relativity. Such objects put unbearable strains on our normal ways of reasoning. Insisting that we have to reinvent how we think to even begin to comprehend the world we now live in, Hyperobjects takes the first steps, outlining a genuinely postmodern ecological approach to thought and action.
Timothy Bloxam Morton is Rita Shea Guffey Chair in English at Rice University. They are the author of Dark Ecology: For a Logic of Future Coexistence; Nothing: Three Inquiries in Buddhism (with Marcus Boon and Eric Cazdyn); Hyperobjects: Philosophy and Ecology after the End of the World; and other books.
Los hiperobjetos del título (sí, les puso así por la Hyperballad de Björk) son aglomerados de objetos interconectados que incluyen a sus observadores. Su presencia permea tanto que no hay afuera ni metalenguaje desde el cuál inventar algún tipo de distancia. Morton señala correctamente que el procedimiento de buscar un metalenguaje de mayor orden al de cada discusión particular es tan culpable de la confusión actual como el posmodernismo sin urgencias que pretende que todas las metáforas son igual de buenas.
Morton menciona muchos ejemplos de hiperobjetos (demasiados capaz), pero se centra en el cambio climático. Según él, su irrupción trajo el fin del mundo - no como amenaza o vaticinio sino como hecho consumado. Desde entonces, pensar en totalidades sistémicas como "mundo" es como mínimo insuficiente, y propone en cambio un pensamiento fundado en agregados de unidades discretas pero interconectadas de formas numerosas e inaccesibles.
Algunas de las propiedades de estos hiperobjetos serían la viscosidad (se pegan a los objetos involucrados con ellos), la multidimensionalidad (no meramente espaciales) la no-localidad (no puede ser reducido ni aislado a sus manifestaciones locales) y la interobjetividad (no en el sentido de Ken Wilber, sino en uno que abarca como objetos también a los sujetos observadores o afectados).
El concepto que presenta es muy estimulante, pero Hyperobjects tiene varios problemas. La autoadscripción del autor a la Object Oriented Ontology y las citas a Harman y Heidegger en ocasiones ocupan el lugar de una argumentación explícita. Además a estas alturas las referencias a cultura pop a lo Zizek y las páginas dedicadas a la física cuántica no convencen a nadie, son un estorbo a la lectura, y lo primero que una edición responsable quitaría. Tal como está, el libro me pareció un vehículo imperfecto para un concepto valioso.
Es evidente que Hiperobjetos quiere ser una obra total, la culminación de los nuevos materialismos y el giro especulativo. Morton construye con la Ontología Orientada a los Objetos de Graham Harman una teoría del todo, y combina ontología, epistemología, ética y estética en un tratado que, a su vez, se presenta como una fusión de teorías: de Lacan y Heidegger a Latour y Haraway.
Y sin embargo, el libro nunca logra articular todas estas partes en una filosofía coherente. La contradicción entre las temporalidades múltiples de los hiperobjetos y el hecho de que estemos ingresando ahora, en el siglo XXI, en su Era propiamente dicha, nunca tiene solución. Los distintos niveles en que Morton intenta hacer funcionar su teoría se contradicen demasiado, y en particular la oposición entre la influencia postestructuralista y la del materialismo especulativo está directamente irresuelta. Morton va algo así como un paso más allá que Zizek, en sus libros dedicados a la ontología (Less Than Nothing: Hegel and the Shadow of Dialectical Materialism o The Parallax View), pero es un paso demasiado lejos. Si bien suelo celebrar a los autores del giro especulativo que admiten la herencia recibida del giro lingüístico, en lugar de forzar un rechazo radical reaccionario (como hace Maurizio Ferraris, o a veces el mismo Harman), en este caso el pasaje no está resuelto sino simplemente obviado.
Leerlo da la misma sensación que estar subiendo una escalera y saltearse sin querer un escalón. Los párrafos a veces no parecen seguirse uno de otro, y algunas de las reflexiones estéticas (en particular cuando Morton comienza a describir obras de arte contemporáneo) son abrumadoras y bastante irrelevantes. Debo decir que la primera parte es muy superior, como lo es la reflexión acerca de la ecología y el "fin del Mundo".
El libro ha ido de menos a más, me ha refrescado mucho la memoria acerca del realismo especulativo de Quentin Meillasoux y la ontologia orienteda a los objetos (OOO) de Graham Harman, pero dándole un tinte político y ecológico que me faltaba quizá de estos autores. Como digo creo que las ideas se terminan entendiendo bien pasada la primera mitad del libro. Una apertura al infinito desconocido de todo lo que nos rodea que sinceramente me parece muy enriquecedora.
Cuidado, en algunos momentos roza el descrédito a algunos movimientos ambientalistas y ecologistas (aunque realmente casi todos los movimientos orientados alrededor de la problemática del cambio climático sea en positivo o negativo reciben palos) pero creo que merece la pena seguir adelante con la lectura y entender bien a lo que se refiere. En todo caso diría que Timothy Morton es uno de los extremos del ecologismo.
En la última parte del libro se dedica un buen cacho a hablar sobre el papel del arte y cómo reacciona este antes esta nueva era de los hiperobjetos que la verdad me ha gustado mucho.
Lo recomiendo!!!
PD: porfavor señoras editoras pongan notas a pie dedica página no al final del libro que horror.