"Aquella mañana del 7 de julio de 1983 me había desvelado. Di unas vueltas en mi cama mirando la pared blanquecina y el alto techado. Me sentía inquieto, con una sensación rutinaria que me estaba amedrentando por dentro y me desplazaba a vagos rumbos donde no lograba recobrar la razón. Medité por unos instantes si levantarse sería la mejor opción. Aunque, a fin de cuentas, el ventilador me ofrecía el respiro que mi intelecto era incapaz de procurar". Tal vez el secreto de este libro y sus palabras consisten en el ejercicio de regeneración espiritual producto de la memoria. En él los tropos de lo mundano confluyen con su carácter alegórico, donde el lenguaje potencia la conquista del tiempo y de su historia. Almería y su Cabo de Gata potencian esta experiencia de una serenidad melancólica, no exenta de amor, misterio y metáfora.