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No Apocalypse, No Integration: Modernism and Postmodernism in Latin America

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Winner of the Premio Iberoamericano Book Award in 1997 (Spanish Edition) What form does the crisis of modernity take in Latin America when societies are politically demobilized and there is no revolutionary agenda in sight? How does postmodern criticism reflect on enlightenment and utopia in a region marked by incomplete modernization, new waves of privatization, great masses of excluded peoples, and profound sociocultural heterogeneity? In No Apocalypse, No Integration Martín Hopenhayn examines the social and philosophical implications of the triumph of neoliberalism and the collapse of leftist and state-sponsored social planning in Latin America.
With the failure of utopian movements that promised social change, the rupture of the link between the production of knowledge and practical intervention, and the defeat of modernization and development policy established after World War II, Latin American intellectuals and militants have been left at an impasse without a vital program of action. Hopenhayn analyzes these crises from a theoretical perspective and calls upon Latin American intellectuals to reevaluate their objects of study, their political reality, and their society’s cultural production, as well as to seek within their own history the elements for a new collective discourse. Challenging the notion that strict adherence to a single paradigm of action can rescue intellectual and cultural movements, Hopenhayn advocates a course of epistemological pluralism, arguing that such an approach values respect for difference and for cultural and theoretical diversity and heterodoxy.
This essay collection will appeal to readers of sociology, public policy, philosophy, cultural theory, and Latin American history and culture, as well as to those with an interest in Latin America’s current transition.

184 pages, Hardcover

First published March 1, 1997

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About the author

Martín Hopenhayn

17 books2 followers
Martín Hopenhayn (Nueva York, 1955) es un filósofo chileno. Estudió en las Universidades de Chile y Buenos Aires. Magíster en Filosofía de la Universidad de París VII en 1979, bajo la dirección del filósofo francés Gilles Deleuze. Fue Director División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Desde el año 1983 hasta la fecha publica artículos y libros de ensayo, pero sobre todo en países de América Latina, donde toca temas de la crítica cultural y la educación; los impactos de la globalización en la cultura, la educación y el trabajo; el debate modernidad-postmodernidad; los cambios en paradigmas del desarrollo en América Latina; y los cambios socioculturales de la juventud que se da en latinoamericana.
Entre sus obras destacan "¿Por qué Kafka? Poder, mala conciencia y literatura" (Paidós 1983 y LOM 2000); "Ni apocalípticos ni integrados. Aventuras de la modernidad en América Latina" (FCE, 1994); "Del vagabundeo y otras demoras" (Andrés Bello, 1996); "Después del Nihilismo: de Nietzsche a Foucault" (Andrés Bello, 1997); "Así de frágil es la cosa" (Aforismos, Editorial Norma, 1999); "Repensar el trabajo: historia, profusión y perspectivas de un concepto" (Norma, 2001); "Crítica de la razón irónica: de Sade a Jim Morrison" (Editorial Sudamericana, 2001) e "Historia, profusión y perspectivas de un concepto" (Norma, 2001).2

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Profile Image for Diego Mora.
61 reviews8 followers
September 12, 2015
Es un libro muy teórico, basado en el análisis de Latinoamérica desde la visión filosófica de Lyotard, analizando los efectos de la postmodernidad en la región. La planificación del desarrollo es en lo que más se enfoca, planteando escenarios y con un toque de utopía: La utopía es una imposibilidad fáctica, absolutamente deseable, que sirve como marco de inteligibilidad de lo real, como horizonte orientador, y como patentizador de lo potencial-reprimido. En tanto construcción imaginaria, es la expresión de un deseo, pero no de cualquier deseo, sino de un deseo colectivo por un orden colectivo. A la vez que da sentido, pone límites a lo deseado. Si por un lado otorga contenidos, por otro lado marca el terreno de los contenidos posibles. Esta ambigüedad es intrínseca a la utopía (278). Utopía que es imposibilidad fáctica; pero también necesidad cultural, reto político, sueños para burlar tanto a los apocalípticos como a los integrados (281).

La incertidumbre respecto del futuro tiene más que ver con el temor que con la creatividad, pero obliga a la creatividad a conjurar el temor (43).
Octava paradoja: para ser consecuente nada mejor que empezar siendo inconsecuente. En medio de estas paradojas –de las cuales no estoy exento- tanteo fórmulas hetedoxas, busco en el lenguaje otras tantas expresiones paradojales para tratar de inventarme un fundamento para la acción, un “vínculo otro” con el mundo, o al menos un esbozo de actitud. Barajo aleaciones retóricas que tienen más ingenio que eficacia, y así hago ambiguas referencias a un desencanto profundo, una resignación amenazante, una sana ironía, una inconsistencia subvertida. En fin: nada que pueda pensarse como nuevo cimiento para acciones universalizables. Puede que el escepticismo sea la dieta de la inteligencia, pero no debiera ser la inteligencia misma. Permanecer allí demasiado tiempo podría convertirse en un lamentable exceso de coherencia, una nueva forma de obesidad. Tal vez mejor buscar otra forma de coherencia en este temple sincrónico de la contemporaneidad donde nada es demasiado coherente. Parece una contradicción, y seguramente lo es. Pero no se trata de renunciar a la esperanza de otra forma de integración, ni a la posibilidad de una acción cuyo sentido transformador refuerce nuestras fantasías de mundo; sino de reconocer, en primer lugar, que esas fantasías todavía tienen que redefinirse y que, al mismo tiempo, no podemos suspender toda acción mientras procesamos dicha redefinición. Para ser consecuentes, tal vez haya que sumergirse en una decidida inconsecuencia: celebrar esta orfandad de relatos parciales que aunque no nos convenzan del todo, pueden ser parte de un itinerario cuyo destino, claro está, es incierto. ¿Por qué no explorar en los intersticios de la política, en el esoterismo y su proliferación de sentidos, en la acción simbólica, en la cultura popular, en las intuiciones sugerentes, en la revuelta espasmódica, en las economías de los desplazados, en el hermetismo de tribus vernáculas y postmodernas, en las razones de la pasión, en la conversación intimista? … ¿Por qué no aventurarse a hacer un poco de literatura con el entorno y con la propia biografía, aunque sólo sea para volver a barajar las cartas? 69-70.
La diversidad postmoderna es inseparable de esta maleabilidad de los horizontes: la sorpresa no está en una información nueva, en la producción de un conocimiento adicional, sino en la destreza para cambiar los referentes de lugar. 117
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