Cuando te internas en un género que no sueles leer, que siempre se queda algo de lado y te gusta, transmitiéndote tanto, es cuando te das cuenta de que no lo habías hecho antes por algún tipo de rechazo interior. Agradezco haber entrado de lleno en la obra de esta joven autora, a la que ya había leído antes y deseaba poder encontrarme de nuevo con su pluma.
He podido comprobar su evolución, no solo como persona, si no como escritora. Hay un gran abismo entre una obra y otra, no es justo compararlas porque esta es un poemario muy íntimo y la anterior una obra de narrativa, pero la veo tan cambiada, tan profunda y tan entregada a su escritura, que no podía dejar de sorprenderme a medida que iba leyendo y disfrutando los poemas.
No es la primera vez que leo un poemario, eso está claro. Pero en este caso me he visto reflejado en el abismo en el que se encontraba la autora. Rara vez he sentido esa empatía en un escrito, sentir que hablaba de mí, de que yo también había sufrido esas cosas. Por no hablar de que al terminar he visto la luz de la paz al final del túnel. Ahí, esperándome.
Todos merecemos las cosas buenas de la vida, salir de ese agujero donde nos encontramos metidos y sin alguien que nos rodee con un brazo y que nos diga que todo está bien, pensando que esa flecha que tenemos en el corazón seguirá envenenada y que ya no podrá salir nunca más, porque sin ser conscientes, nosotros mismos la empujamos aún más profundamente.
No hay luz sin oscuridad, también a la inversa. No pueden existir si no existe su extremo, al igual pasa con la vida. Si existen las cosas malas, también las buenas, a pesar de que no nos creamos merecedores de todas ellas. Cuesta más aprender a recorrer el camino si sabemos que habrá obstáculos complicados por el camino, pero lo que hay que hacer es abrazarlos, aprender a saltarlos y a saber que queramos o no, estarán en nuestras vidas, por más que lo evitemos.
Una experiencia que me ha cambiado. No soy la misma persona que fui antes de abrir este libro, he comprendido situaciones de mi pasado, he aprendido a actuar frente a las cosas que me daban miedo y sobre todo, me ha abierto los ojos con respecto a la vida. Unos poemas que esconden una enorme superación detrás de sus páginas. Lacerantes, avinagradas y llenas de cicatrices a medio curar, pero que finalmente, hay una persona detrás que ha aprendido a reconstruirse.