Los Soprano es una serie de culto, un hito en la historia de la televisión, una producción destinada a convertirse en un clásico del relato audiovisual de nuestro tiempo.
La gente de Errata Naturae Editores no hemos conseguido —por ahora— convencer a David Chase, productor de la serie, para que nos prometiera una segunda era de Los Soprano o una película para la gran pantalla. Pero podemos hacer otras cosas. De momento hemos reunido a un conjunto de destacados escritores, pensadores y críticos de ambos lados del Atlántico y les hemos pedido que escriban sobre este hatajo de gordinflones horteras de Nueva Jersey.
¿Sobre qué trata entonces este libro? Sobre Los Soprano y nuestra simpatía por el diablo, por supuesto, pero también sobre Los Soprano y Dios, Los Soprano y la paranoia familiar que (¡ay!) tanto nos suena, Los Soprano y la soledad multitudinaria, Los Soprano y el buen sexo, Los Soprano y el jodido problema del mal, Los Soprano y la obesidad (y de paso: Los Soprano y obscenidad), Los Soprano y el nihilismo que nos toca, Los Soprano y el verdadero striptease de la realidad, Los Soprano y las lecciones vitales del cine negro, Los Soprano y el bienestar infeliz, Los Soprano y el viejo doctor Freud, Los Soprano y el oscurísimo final de Los Soprano, Los Soprano y la frágil verdad de los colosos, Los Soprano y esos cuatro que deben reírse para que a otro le corten un dedo, Los Soprano y la nostalgia infinita de los buenos tiempos, Los Soprano y las cosas que de verdad nos importan, Los Soprano y…
Los Soprano viven la fantasmagoría salvaje en que se ha convertido la sociedad contemporánea
Si tuviera que elegir un solo texto sería la Coda Soprano de Rodrigo Fresán, en primera porque, como yo, aguardó con ardua paciencia para verla de un sentón -más o menos al mismo ritmo, unas insanas dosis diarias de cuatro a seis episodios por día-. En segundo, porque comparte la creencia que el final es perfecto y contundente, como deberían ser todos los finales de las series para no acabar como Lost, y que la decepción de la parte contrario proviene, en sí misma, de la decepción de enfrentarse al doloroso hecho de un final a un asunto que, mínimo, se le han dedicado 86 horas de tu vida. Tercero, que la edad gloriosa de la TV -más allá de la calidad intrínseca- nace de la gloriosa función de la disposición absoluta del DVD y los streaming, que sacian la perenne ansia de ver más, experimentar más. Cuarto, que todo, TODO nace de Los Soprano. Se puede poner en un pináculo o decir sencillamente que es buenísima, pero es innegable que esta serie cambió para siempre la televisión y la cultura popular. Quinto, que Woke Up This Morning es indisociable de la serie a un nivel cuasi metafísico. Sexto, que la serie no tiene seguidores, sino devotos dispuestos a devanarse los sesos con teorías propias atemporales -a lo Tío Junior hablando de Kennedy- que conmueven e inquietan, admito ser uno de ellos.
(«No había —escribió Alexandra Stanley en The New York Times— un buen final posible, así que Los Soprano terminó sin final. El último y abrupto capítulo era una travesura. Los espectadores agonizaban ante el cierre de una de las series de televisión más adictivas de los últimos tiempos. El suspense creado por la última escena era casi cruel. Y la última canción Don't Stop Believing, de Journey, tenía que ser una broma»)
Algunos capítulos son filosóficamente densos, los iba salteando párrafo a párrafo. El último, de Rodrigo Fresán, fue mi preferido. Gracias Errata Naturae por poner libros gratis en su web durante el confinamiento.
No es una novela, son ensayos. La profundidad de esta serie única e irrepetible va mucho más allá del Bada Bing o las imitaciones de Pacino por parte de Silvio.