Escrita en 1964, y ambientada entre el 17 de octubre de 1952 y el 15 de abril de 1953, esta novela de Beatriz Guido es de una vigencia refleja la división de una sociedad atravesada por el peronismo y se consolida como el testimonio de una época marcada a fuego en la Argentina, que parece condenada a revivir sus tensiones."Todo el mundo quiere visitar Bagatelle", se ufanan los Pradere, una familia aristocrática porteña, que presume de esa estancia de 30.000 hectáreas ubicada en el corazón de la provincia de Buenos Aires y que el gobierno de Juan Domingo Perón quiere expropiar. Para evitarlo solo pueden tomar una drástica decisió que uno de sus miembros se sume al cuerpo diplomático de una administración a la que detestan y padecen.Aunque escrita en 1964, y ambientada entre el 17 de octubre de 1952 y el 15 de abril de 1953, esta novela de Beatriz Guido, una de las autoras best seller de nuestro país e injustamente olvidada, es de una vigencia contundente. De manera magistral, refleja la división de una sociedad atravesada por el peronismo y termina siendo no solo un texto excepcional, sino también el testimonio de una época marcada a fuego en la Argentina, que parece condenada a revivir sus tensiones.
Al parecer Beatriz Guido aspiró a escribir El Gatopardo del fin del peronismo. Es decir, poder capturar el espíritu de una época, dar cuenta de los cambios políticos y sociales que se producen cuando una etapa importante de la Historia se cierra definitivamente. La novela fracasa en su objetivo por varias razones: La cercanía en el tiempo (el libro se publica apenas unos años después del momento que narra) no le permite a la autora tomar real dimensión del período que quiere retratar. Por empezar, el golpe de estado de 1955 estuvo lejos de significar el fin del peronismo, y a su vez, eventos marginales se confunden con los hechos trascendentes y decisivos de aquella década. Por otra parte, Guido no puede ni quiere ocultar el odio que siente por el peronismo. El sentimiento será válido, pero construir personajes sin abandonar esa emoción es un peligro. Los personajes resultan caricaturescos, en un mundo sin matices. Todo se divide de forma maniquea: El heroísmo y la nobleza son antiperonistas. La corrupción y la bajeza son peronistas. Esta configuración simplista del relato deja a la novela en no pocas encrucijadas. Por ejemplo, se espera que el lector empatice con una familia de terratenientes, dueños de grandes extensiones de campo improductivo, y que la idea de que esas tierras puedan utilizarse por los trabajadores y ciudadanos comunes como lugar de descanso nos resulte horrorosa. Son premisas bastante difíciles de aceptar para alguien que no comparte el mismo desprecio de clase que los protagonistas. Leer El incendio y las vísperas cincuenta años después tiene sin embargo el valor de funcionar como una radiografía involuntaria del pensamiento de buena parte del ambiente intelectual argentino de esos años. Sus limitaciones, sus pasiones, sus odios, y sus convicciones quedan expuestos de manera reveladora. Algo de espíritu de época queda en sus páginas, después de todo.
Esto se puede analizar desde el punto de vista literario o desde el político, pero en los dos casos la conclusion es la misma, es una porquería. En cuanto a lo literario, me resulto mediocre, poca acción, los personajes son planos, por momentos me los confundía porque son todos iguales. Las supuestas escandalosas relaciones sexuales son mas frías que un tempano, incluso para los 60. Pareciera que la única excusa para editar esto era el panfleto político. Y esa parte es aun peor, es un libro rabiosamente antiperonista, que no sirve ni como parodia. A los personajes solo les importa no perder sus privilegios, no les interesa nada mas. Y lo peor es que esto salió en la década del 60 con el peronismo derrocado, y sin cumplirse una sola de las cosas que predicen que iban a pasar en la Argentina. Se lo editaron solo por ser gorila, y para que la historia cierre, calla todos las cosas espantosas que hizo la clase a la que ella pertenece y defiende. una perdida de tiempo, quizás Fin de Fiesta sea mejor, por ahora la esquivare hasta que se me haya pasado la inidgnacion.
Es un libro muy polémico. Es un libro ubicado 100% en su época, eso lo hace difícil de leer; hay muchísimos nombres que solo se mencionan una vez y al buscarlos, pensando que eran personajes políticos, no encontré información, lo que me hace pensar que son personas que no lograron trascender históricamente, pero que en 1950-1960 fueron importantes. Con este punto comprobé que es un texto encriptado en su época y que tal vez fue relevante en su país y algunos años posteriores a su publicación. Me parecería interesante una edición crítica de la obra, pero honestamente no creo que fuera bien recibida en la actualidad y tampoco le reconozco alguna cualidad trascendente.
Por otro lado, en varias ocasiones se citan discursos políticos que no aportan nada a la narración y por eso coincido con otras reseñas en que parece un panfleto político.
Los personajes son planos y la narración es tediosa, la autora da muchísimas vueltas a las motivaciones de los personajes, y ni siquiera las complejiza: un hedonista rico, un anarquista antiperonista y una criada que no es peronista, pero que es "malagradecida" y cizañosa. En muchas ocasiones pensé que el odio de los protagonistas no era contra los políticos sino contra la clase social que los apoyaba. Muchas veces solo se lee como "ricos inteligentes y cultos; pobres tontos y sucios"
Se mencionan muchos temas que nunca se exploran del todo y que pudieron hacer más compleja e interesante la historia; los exiliados políticos en Uruguay, los homosexuales encerrados en la cárcel, la recuperación de las obras de arte.
Fue una mala decisión empezar a leer a Beatriz Guido con este texto, aunque todavía me interesa explorar su literatura.
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