Conocí al Predicador gracias a su adaptación televisiva, The Preacher, producida por @hbomaxes, y debo admitir que me pareció una auténtica locura: brutal, irreverente y visualmente poderosa. Y aunque la serie fue mi puerta de entrada, descubrí que el cómic es una experiencia incomparable. Comprendí que la serie solo rozaba la superficie de lo que Ennis y Dillon habían creado. El cómic es mucho más crudo, salvaje y blasfemo. El guion de la serie suaviza ciertos aspectos, omite otros por censura o adaptación televisiva, y a veces se pierde en tramas secundarias que diluyen el impacto brutal y directo de la historia central. En cambio, las páginas del cómic no tienen filtros: son un disparo directo al alma y al sistema.
La historia sigue a Jesse Custer, un predicador texano poseído por Génesis, el hijo imposible de un ángel y un demonio. Este ser le concede el poder de “La Palabra”, una voz divina que obliga a cualquiera a obedecerle. Tras una tragedia que arrasa su iglesia y a sus feligreses, Jesse inicia un viaje por Estados Unidos acompañado de Tulip, su exnovia, y Cassidy, un carismático vampiro irlandés, en busca del mismísimo Dios, que ha abandonado el cielo para tomarse unas vacaciones.
En su camino se cruzan sectas fanáticas, ángeles, asesinos, corruptos y dementes, todo bañado por un tono de humor negro, violencia descarnada y crítica social demoledora.