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El Bogotazo: Memorias del Olvido - Abril 9 de 1948

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653 pages, Paperback

First published January 1, 1987

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Arturo Álape

36 books7 followers

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Profile Image for José Vicente.
67 reviews2 followers
February 16, 2025
"Si yo oigo el himno nacional se me derraman siempre las lágrimas porque eso es mi papá, la bandera nacional es Gaitán, el escudo de Colombia es Gaitán, el mapa de Colombia es Gaitán. Porque cuando yo llegaba con él, di tú al Circo de Santamaría, el Circo entero se paraba. La banda de música que estaba tocando otra cosa paraba y tocaba «Vamos a la carga con Gaitán» y después el himno nacional. Si llegábamos a un restaurante se paraba el restaurante todo, yo no sé si en efecto se paraba todo el mundo, pero esa es la imagen que yo tengo de niña, se paraba el restaurante, la gente comenzaba a aplaudir. Si era por ejemplo el Hotel Granada, la orquesta comenzaba a tocar «Vamos a la carga con Gaitán» y después el himno nacional. Si nosotros llegábamos a cine, que mi papá adoraba el cine, entonces la gente se paraba y comenzaba a cantar y a sacar pañuelos. De manera que para mí ir a fútbol es pensar en Gaitán, porque cuando yo veo multitudes para mí es recordar lo que fue mi infancia"
502 reviews13 followers
May 13, 2023
El Bogotazo de Arturo Alape es un clásico de la historia colombiana. El episodio al que se refiere es el homicidio el 9 de abril de 1948 del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, jefe de un partido que era a la vez socio del gobierno conservador y oposición al mismo. Este no fue cualquier magnicidio no esclarecido, en un país lleno de ellos, comenzando con el del mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre en 1830, siguiendo con el Jefe conservador y liberal José María Obando en 1860, luego con Rafael Uribe Uribe en 1914, y los de Rodrigo Lara Bonilla en 1984, José Antequera y Luis Carlos Galán en 1989 y Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro en 1990, y el de Álvaro Gómez Hurtado en 1996. No. Es un episodio que, por consenso generalizado, partió en dos la historia del país: el momento en el que el país perdió su rumbo, el cual no ha terminado de recuperar más de 70 años después. Mejor dicho, es el momento en que se jodió Colombia, tal como escribió Plinio Apuleyo Mendoza, espectador de excepción, pues su padre, líder liberal, estuvo presente cuando Juan Roa Sierra le disparó cuatro veces a Gaitán, causándole la muerte.

El libro El Bogotazo es historia omnívora, que se alimenta de entrevistas con todo tipo de figuras relacionadas con los episodios del 9 y los días previos y subsiguientes. Con artículos de prensa. Con emisiones radiales. Con actos de la Administración. Con piezas procesales. El resultado es un mosaico enorme y lleno de detalles. Hablan los que acompañaron a Gaitán en la noche del 8 de abril, cuando obtuvo su mayor triunfo como penalista, al lograr la absolución al teniente Cortés por haber matado a un periodista que había ofendido su honor militar (tesis con escasa probabilidad de prevalecer hoy en los estrados). Hablan sus seguidores fieles, aguerridos líderes populares de La Perseverancia y Las Cruces, que temían por su vida y lo cuidaban cuando él lo permitía. Habla su hija, a quien adoraba. Ella tendría muchas aventuras, incluso supuestamente quedaría embarazada del presidente Allende de Chile, y el 11 de septiembre de 1973 tendría que refugiarse en ma embajada de Colombia en Santiago (contra la oposición del embajador), mientras los aviones de la Fuerza Aérea atacaban el Palacio de la Moneda. Hablan quienes lo visitaron en esa mañana de viernes, el dirigente del periódico Jornada. La esposa de Gaitán, como la de César, habría vislumbrado la muerte en ese día. Quienes vieron el atentado, la captura del asesino y su posterior linchamiento por el pueblo enfurecido. Los médicos que lo atendieron en la Clínica Central. Los insurrectos que se tomaron las estaciones de radio. Fidel Castro y los miembros de una delegación cubana que estaban en Bogotá asistiendo a un congreso estudiantil financiado por el general Perón, presidente de Argentina, para hacerle contrapeso a la IX conferencia panamericana presidida por el secretario de estado de Truman, general George Marshall (las declaraciones de Fidel Castro son tal vez las más entretenidas del libro, como narrador verbal el hombre era estelar). Los funcionarios de la embajada de Estados Unidos. El presidente Ospina Pérez y su valiente y apasionada esposa doña Bertha. Los funcionarios del Palacio de Nariño. Las tropas leales al gobierno y los policías de la quinta brigada que se insurreccionaron y pudieron tomar el poder, de pronto. Los líderes liberales que se abrieron paso por entre cadáveres, tanques, incendios un francotiradores para exigirle al presidente Ospina la renuncia y terminaron siendo parte de la administración. Los comunistas y los liberales de izquierda que trataron de adueñarse de la revuelta popular para hacer una revolución. Los familiares del homicida y quienes le vendieron el arma y las balas. Los periodistas y funcionarios judiciales. En fin, toda una ciudad presa del caos, en la mayor calamidad de su historia. Todas estas voces reviven por la enorme habilidad del autor. Sus simpatías políticas no están nunca en duda, pero deja que todos hablen y digan lo que quieran o deban. Realmente es como entrar en una máquina del tiempo y volver a vivir la Bogotá de cafés, inquilinatos y chicherías, de extremismo político, de heroísmo y crueldad, esa Bogotá fría y lluviosa de hombres cultos vestidos de negro, con gabardinas y sombreros, de la cual quedan solo retazos de casas y pocos sobrevivientes.

El libro nos muestra tantos momentos en que las cosas pudieron ser de otro modo. El revólver de Roa Sierra era de tan poca calidad y estaba en tan mal estado que es un milagro que haya podido disparar bien cuatro veces. La turba estuvo a punto de atrapar la limusina presidencial cuando el presidente y la primera dama volvían a Palacio después de visitar una exposición ganadera poco rato después del magnicidio. Oficiales liberales dirigieron tanques a Palacio por la carrera 7a, seguramente para presionar a renunciar al Batallón Guardia Presidencial, la única defensa que tenía el Palacio de Nariño contra la furia de la turba, pero murieron, aparentemente asesinados por oficiales leales al gobierno, antes de poder efectuar su plan subversivo. Los policías de la Quinta División eran mucho más numerosos y estaban mejor armados que el ejército en las primeras horas. Si hubieran acatado las recomendaciones de la junta revolucionaria provisional del exministro Adán Arriaga Andrade y del aprendiz de revolucionario Fidel Castro, hubieran de pronto podido tomarse el Palacio y forzar al presidente Ospina a entregar el poder a los líderes liberales, que en ese momento estaban prácticamente prisioneros en Palacio. Tantas opciones, tantos momentos de quiebre. Pero la historia, vista de delante hacia atrás parece monolítica e inevitable. El gran mérito de este libro es mostrarnos que no fue así realmente para quienes vivieron en esas fechas terribles. Quien quiera entender a Colombia debe leer este libro.
Profile Image for Juan Consuegra.
54 reviews5 followers
June 27, 2023
Buen documento histórico, llama mucho
La atención la cantidad de protagonistas de primera mano que el autor logra entrevistar para tener una perspectiva redonda de Gaitan y su entorno desde 1946. Después de la pagina 400, demasiado repetitivo, lo que le quita impacto y lo hace aburrido y complicado de terminar.
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