«Salvador Dalí, supremo déspota que rompe con todo, pisoteando cuantas leyes divinas y humanas existen, capaz de montar un concurso de hípica en un escaparate de la 5ª Avenida de Nueva York, arrestado por la policía, y al que se puede, repito, situar entre el Dalí poseído por un delirio furiosamente dionisíaco y el Dalí “ávido de dólares” (Avidadollars), sereno, apolíneo, católico, apostólico y romano, jesuíticamente gastronómico, monárquico (y partidario de la monarquía), respetuoso tanto de las estructuras blandas y legítimas como de la genética regia del ácido desoxirribonucleico, o de las arquitecturas no menos regias de la estética legítima...» De la «Introducción»
Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, 1st Marquis of Púbol, was a Spanish surrealist painter born in Figueres, Catalonia.
Dalí was a skilled draftsman, best known for the striking and bizarre images in his surrealist work. His painterly skills are often attributed to the influence of Renaissance masters. His best known work, The Persistence of Memory, was completed in 1931.
Salvador Dalí's artistic repertoire also included film, sculpture, and photography. He collaborated with Walt Disney on the Academy Award-nominated short cartoon Destino, which was released posthumously in 2003. He also collaborated with Alfred Hitchcock on Hitchcock's film Spellbound.
Dalí insisted on his "Arab lineage", claiming that his ancestors were descended from the Moors who occupied Southern Spain for nearly 800 years (711-1492), and attributed to these origins, "my love of everything that is gilded and excessive, my passion for luxury and my love of oriental clothes."
Widely considered to be greatly imaginative, Dalí had an affinity for doing unusual things to draw attention to himself. This sometimes irked those who loved his art as much as it annoyed his critics, since his eccentric manner sometimes drew more public attention than his artwork. The purposefully-sought notoriety led to broad public recognition and many purchases of his works by people from all walks of life.
Me suelo obsesionar cuando me gusta un artista y leo y veo todo de él o de ella (libros, documentales, entrevistas). Tal vez por eso al tiempo ya puedo adivinar por dónde va a ir. En el caso de Dalí tiene su estilo tan marcado que sorprende en la primera lectura pero luego termina siendo previsible: el autoelogio constante, la denostación a los mismos de siempre (Turner, Le Corbusier), el panteón de los ilustres (Valázquez, Vermeer, Rafael), salpicado con pseudo-ciencia (métale a toda frase “ácido ribonucleico”, “helicoidal” y así) para oscurecer las aguas y hacerlas parecer profundas. No deja de todos modos de ser un tono original y potente entre tanto almíbar que suele leerse en libros de arte.
No es un libro biográfico sino entradas donde reflexiona -o más bien declama- sobre sus creencias acerca del arte. Es para leer con una sonrisa, cómplices de su delirio planificado y ejecutado a la perfección. Los treinta y tres dibujos que lo acompañan suman poco. Sí le da un color pícaro -acorde al contenido del texto- la tabla con la que cierra el libro: allí se compara junto a varios artistas en genialidad, autenticidad, técnica, originalidad, nobleza, perversidad, sentimentalismo, bastardía, dandismo, sentido estético y legitimidad. Ningunea a Pollock y Lindestein dejando su columna en blanco (“desconocido” les pone), a sus ídolos le pone “+++++10” en varias categorías y a Turner -0.