La calavera cumple con solidez su función ensayística: analiza, argumenta y sostiene una tesis clara sobre el contraste en la percepción de la muerte entre las culturas mesoamericanas y la europea. A través de un relato no lineal pero bien articulado, el autor recorre diversos ejes: el dios Tezcatlipoca y su cuchillo de obsidiana, la memoria cultural transmitida en códices, artesanías y relatos orales, y la evolución de la danza macabra en Europa. Todo esto gira en torno a una figura central, que da título al libro: la calavera.
Aunque por momentos puede resultar abrumador por la densidad de referencias, Westheim enriquece el texto con citas visuales, antropológicas y literarias que fortalecen su argumento. Su prosa es sobria, académica y directa, permitiendo que las obras y símbolos hablen por sí solos sin necesidad de adornos innecesarios.
Es un texto valioso que ilumina el contraste entre dos maneras de entender la muerte: una que la teme, y otra que la integra como parte de un ciclo vital. Altamente recomendable para quienes se interesan por el arte, la historia o la antropología. En mi caso, como lector principiante en estos temas, fue una experiencia exigente pero profundamente enriquecedora.