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The Haunted Man: A Portrait of Edgar Allan Poe

The Haunted A Portrait of Edgar Allan Poe by Phillip Lindsay in Hardcover.

256 pages, Hardcover

First published January 1, 1953

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About the author

Philip Lindsay

68 books5 followers
Philip Lindsay (1906–1958) was an Australian writer, who mostly wrote historical novels. He was the son of Norman Lindsay, an Australian artist.

His novels often treated his subject matter in a dark fashion, with his central characters depicted as brooding, depressed, or disturbed characters.

In addition, he did some work for the film industry. He was one of a team of writers on Song of Freedom and Under the Red Robe, and was a technical advisor on The Private Life of Henry VIII.

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Profile Image for Fernando.
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November 9, 2018
Edgar Allan Poe fue el primer escritor por el cual sentí una profunda devoción y cuya obra me atrajo poderosamente, llevándome a leer todo lo que escribió, además de haber conseguido con el tiempo diez biografías sobre su vida. De esas diez aún me quedan por leer dos.
Con el tiempo, desarrollé la misma admiración por Fiódor Dostoievski, de quien poseo cinco biografías, incluidas las que escribieran su esposa y su hija y dos de mi favorito, Franz Kafka.
A estas alturas, poco se puede agregar acerca de la dimensión que Edgar Allan Poe tiene en la literatura mundial. Creador del género policial 46 años antes que el Sherlock Holmes de Conan Doyle, genio indiscutido del terror, lo macabro y el thriller psicológico, que influenció a la mayoría de los autores que lo sucedieron, poeta, ensayista, crítico literario e incluso precursor de la ciencia ficción, todo esto lo resumo como un autor todo terreno.
En el caso de Poe debemos tener en cuenta que independientemente de lo que representó como escritor, su vida fue un verdadero calvario ya desde chico. De personalidad compleja y traumática, todo lo que le sucedió rozó la tragedia y el desencanto. La suerte nunca estuvo de su lado salvo en esporádicas oportunidades que no supo aprovechar cabalmente.
Atormentado por sus propios fantasmas, viviendo en la indigencia, falto de la mayoría de los recursos que muchos autores poseen y con el infierno de su adicción al alcohol y los estupefacientes a cuestas, su vida giró en un auténtico “maelström” hacia el desastre y en muchas ocasiones, él mismo contribuyó a que eso sucediera.
Su relación con las mujeres siempre fue compleja, dado que siempre idealizó a la mujer de manera proteccionista, buscando en ellas el refugio que más demandaba: el de una madre.
Huérfano desde muy chico, la completa necesidad de cariño fue lo que trastocó su carácter. La desgracia de la tuberculosis, que apagó la vida de la mayoría de las mujeres que más amó fue un signo en su vida.
Siendo hijo de humildes actores itinerantes, ya su madre, Elizabeth Arnold, la primera mujer en interpretar a Ofelia en un escenario de Estados Unidos, estaba muriendo de tuberculosis cuando estaba embarazada de él. Su padre, David Poe se había fugado, dejando a la pobre mujer en la miseria.
Tuvo dos hermanos, William Henry, quien también muriera muy joven, a los 24 años y Rosalie, que tenía un retraso mental y de la cual se resume era hija ilegítima de David Poe y presumiblemente la razón de su huida. Nada podía estar peor en la vida de Poe de cara al futuro.
Pero por un afortunado giro del destino fue adoptado por un rico hacendado tabacalero, John Allan, de quién Poe tomó su apellido. Su madre adoptiva, Frances Allan, a quien Poe amó con la fidelidad de un hijo verdadero, también murió de tuberculosis, al igual que Jane Stanard, su primer amor adolescente y especialmente Virginia Clemm, su amada Sis, que era su prima y con quien Poe se casó cuando ella tenía 13 años, murió de la misma enfermedad.
Todas aquellas personas quien él amaba, terminaban en la tumba. Paradójicamente, eran estas muertes las que alimentaban su obra y sobre ellas creó a sus típicas damas agonizantes, que tan magistralmente supo retratar en cuentos como Ligeia, Morella, Berenice, Eleonora y el poema “Annabel Lee” (que estaba dedicado a su esposa) entre otros.
La mala relación con su padre adoptivo empujó a Poe a buscar suerte por sí mismo, luego de abandonar la universidad y de haber probado infructuosamente suerte en el ejército. Decidió apostar por su carrera como poeta y literato e intentó por todos los medios trabar relaciones con los editores de los diarios y revistas como el Southern Literary Messenger, la Burton’s Gentleman Magazine y la Graham Magazine.
En estas revistas hasta llegó a ser editor en jefe y merced a su destreza literaria, elevaba la irrisoria cantidad de suscriptores a decenas de miles con lo cual en cierta medida fue agigantándose su figura y comenzaron a reconocerlo en los distintos circuitos literarios de las ciudades en las que trabajó, teniendo en cuenta que vivía como un nómade llevando a su esposa y a la madre de esta, Mary Clemm o “Muddie”, como el afectuosamente la llamaba, a vivir en la más absoluta pobreza entre Richmond, Boston, New York y Filadephia, donde vivió con la idea de publicar su propia revista, la “Penn magazine”, algo que nunca sucedió.
Su consagración llegaría con la publicación en 1835 de su más grande poema, y uno de los mejores de la historia, “The raven”, "El cuervo", que le valió el reconocimiento y el prestigio que tampoco supo aprovechar.
Lamentablemente, su adicción al opio y el constante problema del alcoholismo (podía emborracharse con sólo tomar una copa de vino) fueron minando las posibilidades de tener éxito en la vida posicionando a Poe un horroroso tobogán que lo llevaría al mismísimo infierno para no poder regresar jamás.
Como periodista y crítico literario supo ser extremadamente despiadado, lo que le llevó a ganarse terribles enemigos. Desde su puesto de editor Poe acostumbraba a denunciar por plagio a renombrados autores como Henry Longfellow, quien supo decir alguna vez que “el tintero de Poe contenía ácido en vez de tinta” o a poetas de la talla de Russell Lowell, quienes ofendidos lo atacaban sin piedad.
Publicar sus libros siempre fue un escollo para él y mucho tiempo después de su muerte y gracias a Charles Baudelaire quien desde Francia tradujo toda su obra, pudo hacer que Poe se consagrara como uno de los más grandes exponentes de las Letras no sólo de Estados Unidos sino del mundo.
Esta reseña que escribió el autor australiano Philip Lindsay refleja bastante de cerca lo que significó Edgar Allan Poe para la literatura, y enfocada en su vida nos ofrece ricos detalles de la vida de este genio aunque no es la mejor que he leído.
A mi entender la que más refleja a Poe es esta, escrita por John H. Ingram, “Edgar A. Poe: vida y obra”, ya que tuvo la suerte de entrevistar en vida a la mayoría de las personas que lo conocieron, incluyendo a Rosalie, su hermana.
Otras dos biografías digna de leer son las escritas por Edmond Jaloux, “Edgar Poe y las mujeres”, un estudio que ahonda en la complejísima relación que Poe tuvo con las ocho mujeres que tuvieron mayor implicancia en su vida y “Edgar Poe: el genio de América”, escrita por el escritor español Ramón Gómez de la Serna.
No debo dejar afuera otras biografías muy interesantes, la de Vincent Buranelli, que se orienta más específicamente a su obra y a su costado como crítico y periodista, la de Peter Acroyd, “Poe: una vida truncada”, más correcta y resumida y una muy rara, que mezcla fragmentos de su obra con sus propias frases y que fuera escrita por el bisnieto de Herman Melville, Paul Metcalf.
El 7 de octubre de 1849, en circunstancias completamente confusas y que nunca se aclararán, se apagaba la vida de Edgar Allan Poe en un hospital de Baltimore, enloquecido por el delirium tremens.
En dos frases el mismo Poe se auto define con asombrosa perfección “Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura” y “Dios me dio una chispa de genio, pero la apagó en la miseria”.
Cuando uno mira el daguerrotipo más famoso de Poe de 1848, tomado por un supuesto “amigo”, en el que lo vemos con los ojos hinchados, la boca torcida, completamente acuciado por la miseria y la locura, atormentado por la muerte de su esposa, vistiendo a los 39 años el mismo capote negro que usara en el ejército cuando tenía 18 y horas después de un intento de suicidio por sobredosis al ingerir una exorbitante cantidad de láudano, podemos decir las mismas últimas palabras que él exclamó antes de expirar, pero cambiándola levemente: “¡Que Dios se apiade de su pobre alma!”


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