Hay libros que no planeas leer, simplemente te “caen” en la vida. «La sinfonía del tiempo breve» llevaba ya tiempo en mi estantería (muchos años de hecho), esperando su turno desde que lo cogí en una librería de segunda mano. Fue una de esas compras que haces un poco a lo loco, porque sale más rentable llevarte tres o cinco de golpe que uno solo, y entre todos los lomos que me miraban desde la balda, elegí este casi al azar. Y mira, a veces el azar se porta.
La historia nos presenta a Green Talbot, un personaje que se mueve en esa línea fina entre lo real y lo fabuloso. Hay algo de fábula, algo de surrealismo, incluso un aire a cuento infantil… pero con un trasfondo más adulto.
Lo que más me gustó fue esa capacidad del libro de generar imágenes muy visuales, casi poéticas. Escenas que parecen sacadas de un sueño, con animales que hablan, con paisajes imposibles, con personajes que parecen más metáforas que personas. No todo está perfectamente hilado —de hecho, más bien lo contrario—, porque la narración pega unos saltos temporales bruscos que al principio descolocan bastante. Pero cuando entiendes que esa es la intención, que Signorini quiere dar la sensación de “tiempo breve” y de vida que pasa volando, cobra sentido.
Ahora, no voy a decir que sea una obra redonda. Hay momentos en los que se siente un poco simplón, en los que el estilo roza lo infantil y hasta cae en algunos tópicos. Y si lo lees buscando una trama continua, con un desarrollo clásico y bien atado, probablemente te frustre. Pero creo que esa no es la gracia de este libro. Aquí lo importante no es tanto la historia “lineal” como la experiencia de leerlo, de dejarse llevar por lo fantástico y por las reflexiones que se esconden detrás de las aventuras de Green.
Al final, lo que me quedó fue la sensación de que estaba leyendo una especie de parábola sobre la vida: que el tiempo pasa, que la vida no se mide solo por dónde empieza o dónde acaba, sino por lo que hacemos en medio. Ese mensaje, aunque sencillo, me pareció muy bonito. Y creo que es el tipo de libro que vale más por lo que te deja pensando que por su perfección literaria.
En fin, no es perfecto, tiene momentos confusos y un estilo que puede no gustarle a todo el mundo, pero como fábula moderna funciona. Me entretuvo, me dejó imágenes preciosas en la cabeza y una reflexión valiosa al final. Y eso, para un libro que cogí casi a boleo, ya es bastante regalo.