Durante las casi cuatro décadas que ejerció su gobierno, Francisco Franco tuvo en la política exterior uno de los frentes fundamentales en los que defender la continuidad de su dictadura. Nacida al calor del auge de los fascismos, debió adaptarse después a las presiones de los aliados vencedores, se vio favorecida por el desarrollo de la guerra fría y hubo de hacer frente, en sus últimos años, a una profunda crisis, fruto de los problemas exteriores acumulados o mal resueltos y de las propias dificultades del Régimen en el interior. Dirigida en gran medida por el propio Franco, desarrollada por su Gobierno sin apenas control legislativo o influencia de la opinión pública, la política exterior franquista alternó férreos principios doctrinales - anticomunismo, confesionalidad católica, nacionalismo militante - con pragmáticos y afortunados giros y tomas de posición impuestas por las circunstancias, en una larga travesía que tenía como único norte la perpetuación del Régimen. Al final, todo el tinglado se vino abajo mientras el general agonizaba y la diplomacia española vivía uno de los peores momentos de su história.