SINOPSIS:
Nos cuenta la vida de un hombre de la edad de piedra llamado Piojo. Primero sus vivencias de niño, que ha sido criado por un hombre, una especie de chamán proscrito que recorre poblado tras poblado, realizando sus profecías.
Posteriormente abandonará a este hombre y se unirá a un poblado de cazadores en donde conocerá y adoptará sus costumbres. Sus formas de caza, sus cuentos, historias y mitos, sus tradiciones tribales, etc.
Es en este poblado en donde se enamorará de una chica, Gata. Y ahí comienzan sus desgracias. Esta chica está prometida y no se puede romper el pacto de futuro matrimonio con otro guerrero. Tras unas diversas vicisitudes Piojo matará al prometido y se verá en la obligación de huir del poblado, internándose en un desierto inhóspito en donde casi muere. Allí será recogido por una tribu comedores de hombres, pero se ganará su respeto por su habilidad en la pintura y su facilidad de palabra que encandila a esta tribu.
Por fin puede escapar de estos comedores de hombres y vuelve al poblado de Gata (cinco años después), justo en el momento en que los comedores de hombre han realizado una incursión en esta tribu para conseguir mujeres jóvenes para procrear.
Piojo lucha para defender la vida de Gata y se gana el agradecimiento de su antigua tribu. Una vez obtenido el perdón se irá con Gata a recorrer mundo y se integrarán en otro poblado de hombres pacíficos y allí Piojo ganará su favor pintando en las cavernas.
COMENTARIO:
Es una obra que se puede leer pero aporta bien poco. No es nada del otro mundo y la historia tampoco es demasiado brillante, sin conseguir asimismo que la narrativa sea algo especial que enganche o encandile por su forma de describir las aventuras de Piojo.
Cabe destacar que el autor, Arsuaga, un afamado paleoantropólogo del proyecto Atapuerca, se ha permitido el lujo de dejar volar su imaginación atribuyendo comportamientos a estos hombres de la prehistoria que no están ni mucho menos demostrados. Pero también tenemos la garantía de que a pesar de que su imaginación se lanza a idear cosas, ninguna de ellas es una barbaridad desaforada. Es decir, puede que no fueran así en realidad, pero tampoco tienen por qué no serlo. Lo que imagina está dentro de un pensamiento lógico, no dice cosas por decir, sin sentido o anacronismos delirantes.
Una cosa también curiosa es que en el libro utiliza de forma consciente (lo dice en el prólogo) terminología muy rural, por llamarla de alguna manera. Arsuaga cuando ha podido ha utilizado siempre el término más simple, más rural, más agrario, para darle a la lectura un aspecto más acorde con una terminología basta y sencilla a la vez, no con los eufemismos y finuras que nos permite el lenguaje en la literatura actual, con muchos más cultismos y más sinónimos de los que puedan usarse en el campo.
En resumen, un intento del señor Arsuaga por introducirse en el mundo de la literatura de ficción, quizás aprovechando el tirón de su conocida fama como codirector del proyecto Atapuerta, pero que a la postre es de un pobre resultado. Es mejor divulgador que contador de cuentos.