Novelist, journalist, and playwright. He has written numerous books, stories, and plays, including a theatrical adaptation of Oscar Lewis's The Children of Sanchez. He was awarded the Premio Xavier Villaurrutia in 2001, and the following year he received the Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (National Prize of Arts and Sciences) for literature and linguistics.
Vicente Leñero (Guadalajara, 1933) es uno de los escritores jaliscienses más reconocidos en la actualidad y el más importante de su generación, posterior a la de grandes figuras como Juan Rulfo y Juan José Arreola. Su obra ha recibido varios premios internacionales como el Biblioteca Breve (1963) por Los albañiles y el Xavier Villaurrutia (2001) por La inocencia de este mundo. También ha escrito guiones teatrales y cinematográficos, como la adaptación de Los albañiles (1970) y El crimen del Padre Amaro (2002). La gota de agua (1983) es una de sus novelas menos conocidas, cosa que es una desgracia pues se trata de una obra de gran calidad y actualidad. En ella el personaje principal es nada menos que el propio Leñero, quien un día como cualquiera ve su mundo trastornado por la falta de agua. Así es como empieza la novela: “No hay agua”. Tal contratiempo acaba volviéndose una verdadera tragedia con el paso de los días. Leñero pierde el sueño, la tranquilidad, la higiene. Las autoridades prometen que el servicio se restablecerá en tres días, cuatro, una semana, pero pasan cuarenta días y el agua no vuelve. Leñero se lamenta entonces por no haber escuchado al ingeniero que levantó su casa y quien le sugirió construir una cisterna previniendo lo que entonces (a mediados de los setenta) se veía venir: la transformación de la ciudad de México en una urbe monstruosa y superpoblada. Entonces Leñero decide que esa tarea debe hacerse ahora: se propone la construcción de una cisterna cuyos planos se incluyen en el libro. El ingeniero con el que hizo su desastroso servicio social cuando estudiaba le hace cambiar de opinión: bastará con poner un tinaco a modo de cisterna bajo la escalera. Parece que todo va a resolverse de la mejor manera, pero conseguir el tinaco se torna tarea imposible. Siendo los tiempos de la crisis económica de José López Portillo y estando la devaluación a la vuelta de la esquina los comerciantes esconden su mercancía en espera de aumentar los precios y sacar beneficio. Leñero llama a todas partes, visita muchas tiendas, pero no encuentra lo que busca. Sólo al final, en una ferretería de segunda atendida por un español fracasado encuentran un tinaco marca Eureka. “¡Eureka!” Exclama Leñero. Sólo que el tinaco está defectuoso. De hecho, toda la producción está defectuosa, apenas se llenan de agua se cuartean. Tardan mucho tiempo en hacerle el cambio, pero el nuevo tinaco a los pocos días muestra una pequeña fuga que Leñero decide resanar con cemento. El técnico de Eureka le propone cambiarlo de nuevo, pero ante la perspectiva de la tardanza, Leñero decide quedarse con su tinaco dañado. Es difícil saber hasta que punto es ficción lo narrado por Leñero, hasta que punto son cosas que realmente le tocó vivir. La falta de agua, la incompetencia de los funcionarios, sus continuas mentiras, el “influyentismo” del que el propio Leñero se vale durante toda la novela al tratar de beneficiarse de su trabajo de subdirector en Proceso, lo cual le vale que le sea enviada una pipa para llenar sus tinacos, una pipa arrancada a los pobres y los enfermos, y que le dura tan sólo un fin de semana. También dentro de la novela Leñero cuenta que trabaja en una novela distinta a todas las que ha escrito, sin tantos malabarismos temporales ni técnicas narrativas y lingüísticas, sino “una narración convencional en primera persona”. La novela finaliza con Leñero rompiendo el manuscrito de esta obra que le parece insulsa, pero curiosamente La gota de agua está narrada de esa manera: una narración convencional en primera persona. Leñero recuerda sus malas experiencias como ingeniero civil, retoma a sus “queridos” albañiles retratando su forma de trabajar, rescatando incluso a Saúl Mercado, el plomero miope de Los albañiles que vuelve a aparecer en esta novela como subordinado directo de Leñero. Aquí vuelve la pregunta sobre el nivel de la realidad y ficción de la novela. ¿Es Saúl Mercado entonces una persona real? Quizá también Los albañiles es una historia de la que Leñero fue testigo directo durante esta época y que después pasó a la ficción. Además de todo esto, hay también que decir que La gota de agua es una novela divertidísima. Los problemas en los que Leñero se mete en la búsqueda del tinaco, el modo de ser de los albañiles, plomeros y electricistas que pueblan la novela, las constantes malas palabras que Leñero suelta ante las circunstancias son capaces de arrancar sonrisas y una que otra carcajada. Pero también es una novela que sin buscar moralizar nos hace pensar en nuestra actitud con respecto al agua, la falta de cuidado que tenemos, la poca importancia que le damos a este líquido que no bien nos falta un día vemos como nuestro mundo se voltea de cabeza. Por todo esto, La gota de agua es una novela altamente recomendable.
Aunque Vicente hace una narración fluida y entretenida de este gran problema de la escasez de agua, no es el mejor trabajo de este autor. A lo largo de esos terribles 45 días de falta de agua, Vicente describe la problemática de una familia de clase media alta, la propia familia de Vicente, y su cambio de estado de ánimo. El jefe de familia, el mismo Vicente, no cree al inicio, que pudiese faltar el agua en su colonia en el D.F.; nunca ha faltado agua, ¿por qué habría de faltarnos? Este sentimiento es precisamente el culpable del derroche y desperdicio del preciado líquido, millones de "capitalinos" que nunca han sufrido la falta del agua, se enfrentan por primera vez a una sequedad en el servicio distribuido del D.F. La novela sirve para crear conciencia y revaluar el uso del agua en nuestras vidas diarias. El tener una cisterna no resolvera la falta de abastecimiento ininterrumpido. Y precisamente es, este punto, el más rescatable de la novela, el enfoque de conciencia social. Si quieres ver lo que Vicente puede lograr en cuanto a narración, te recomiendo "El Evangelio según Lucas Gavilán".
Se siente bien gacho cuando falta el agua, y te identificas de inmediato con el subdirector de proceso. Lo qie me gustó más del libro fue su retrospectiva de su pasado como plomero, era como ley de murphy aplicada.
No me gustó el ensayo inmerso en el libro y el final se me hizo algo apresurado, como si de toda la historia no se aprendiera absolutamente nada, pero el relato en general es bastante llevadero.
A ratos divertido, a veces aburrido, es un poco irregular y a veces he perdido el interés. De una anécdota se puede escribir un gran libro pero a éste le falta profundidad en mi opinión.
Es un libro interesante que me hizo reir una que otra vez pero no lo volvería a leer en muchas partes de este se me hizo tedioso leerlo y me pareció monótono y aburrido también me dio la impresión de que tenía mucho relleno.
Yo estuve a punto de hacerme arquitecto y seguramente hubiera sido tan malo como Vicente Leñero lo fue de ingeniero civil. Un libro para no parar de reír.