Este es un libro importante, necesario, lleno de poesía y de belleza; de pensamientos que se narran, de ideas que flotan como luciérnagas en la oscuridad del campo. Se trata de una correspondencia entre dos mujeres, entre dos saberes, entre dos miradas. Como ellas mismas escriben, la idea es que "ese grito se haga compost con la fuerza creadora y desbordada de brujas vencidas, campesinas heréticas, cantadoras indescifrables, tejedoras pacientes, enigmáticos seres llenos de deseo, malabaristas de la cotidianidad, versadas en el recomenzar y en honrar a los muertos; danzadoras en el vacío, cuando todo parece perdido; serpientes y perras generosas, diosas sin reino, rebuscadoras de la hierba que crece en medio de lo agrietado; recicladoras del desperdicio, descreídas del éxito y los ritmos rápidos, amantes del tacto y los tiempos lentos; respetuosas del silencio y sus memorias tumultuosas, de las heridas que sanan aunque no se cierren, de la rabia que se desborda en ganas de cambiar lo que daña, aunque no deje de doler, y de la risa que libera y recompone, en actos sutiles o a veces rebeldes; extrañas, ajenas a este mundo de conquistas y terror, por ahora tal vez extraterrestres, pero muy mundanas, muy de la tierra, de otros territorios posibles también".
está escrito de forma hermosa, todas las cartas de las autoras entre ellas son preciosas y me encanta la forma en la que reflexionan sobre los eventos que están viviendo, sus vidas, sus familias y la poesía que incluyen. me habría gustado que se incluyera la fecha de la carta y la firma de quien la estaba escribiendo para tener un poco más de contexto pero fuera de eso me pareció un gran libro.
"Esos afectos voraces" es un libro de correspondencias entre Catalina Cortés Severino (profesora de antropología en Bogotá) y Laura Quintana (profesora de filosofía, también en Bogotá). Es un diálogo inspirado por un libro académico previo y ya canónico de Lauren Berlant, "El optimismo cruel", en el que la filósofa estadounidense desempaca las estructuras de sentimiento del capitalismo contemporáneo, para mostrar la combinación perversa entre cierto optimismo encantado, y las condiciones estructurales que impiden la eficacia del encanto. El sentimiento contemporáneo es una suerte de trampa en la que las vidas se escapan deseando algo que no solo no podremos alcanzar, sino que nos impide imaginar otras formas de vida. Aunque, cabe suponer, las correspondencias entre Cortés y Quintana formaban un diálogo personal, la decisión de publicarlas, es decir, de orientarlas hacia otros, hacia un público muy amplio y diverso, hace que, a mi parecer, este sea una narración bastante desafortunada. Las autoras hacen algo similar a lo que hizo Berlant, pero exclusivamente desde sus experiencias personales. Las voces y las miradas a las que asistimos son solo las suyas; todas las otras voces y miradas (de familiares, de hijos, de obreros, de campesinos, de líderes sociales), son en realidad las voces de ellas. Esto no está mal, per se; al fin y al cabo son correspondencias. Pero hay un aspecto general que a mí me incomodó mucho. En general, tiene que ver con reflexionar (críticamente) sobre nuestros propios privilegios a partir de ellos mismos. Aunque las autoras, de manera insistente, reconocen los privilegios que tienen, la construcción de las voces no permite el ingreso de ninguna otra que no sea las de ellas, es decir, las de dos mujeres intelectuales de clase alta ("qué más, gomela", saluda una indigente a una de ellas). Todo lo que leemos es un conjunto de reflexiones desesperanzadas que, paradójicamente, niegan el encuentro con otras personas. En uno de muchos ejemplos incómodos al respecto, una de ellas nos describe a un grupo de obreros que beben cerveza en un cantina; dice: "no se regodean en el esteticismo artificial de las experiencias {haciendo referencia a que no se toman selfies para instagram}. Hay algo inolvidable que encandila más allá de sus batallas perdidas". ¿Qué dirían esos obreros sobre sus "batallas perdidas" o sobre eso que "encandila"? Creo que, en su estilo, estas correspondencias reproducen las desconexión que las aqueja. Tal vez no sea suficiente "ir a las periferias, aunque sea por un par de días", como dice unas de ellas. El libro se convierte en una aburrida y pesada burbuja con ideas que se repiten una y otra vez y que, sobre todo, no muestra salidas. Es como si del optimismo cruel, hubiera quedado solamente la crueldad.
Laura y Catalina conversan a través de una correspondencia donde exploran, narran y piensan la cotidianidad, el cuidado, las fronteras, los huracanes, la maternidad y muchos otros temas tejidos desde diferentes latitudes Colombia
Es un libro muy bien escrito, bello, y que permite hacerse muchas nuevas preguntas.
Aprecié la mirada crítica de estas autoras colombianas sobre sus propios privilegios de clase y raza. Desafortunadamente, dichos privilegios son tan estructurales que suelen operar como muros o ventanas por las que nos asomamos a ver el dolor ajeno con binoculares, mientras nos asentamos en nuestras comodidades y seguridades. Son un lugar limítrofe que no se sabe —o no se quiere— atravesar.
Y eso es este libro también: una inmersión en dos miradas de mundo atravesadas por privilegios y que, aun siendo sensibles, no logran traspasar esos muros históricos que a veces cargamos. Un poco al estilo de Virginia Woolf.
Agradezco mucho las referencias bibliográficas que regala este libro y la mirada de género tan comprometida de las autoras.
Les regalaría una visión distinta del país y las enseñanzas que he tenido de que la mirada horizontal que ellas buscan sólo puede construirse escuchando a los menos privilegiados con el corazón entregado y dispuesto a gestar afectos profundos que reconocen la grandeza de sus saberes, luchas e historias. Es un compromiso radical con el amor y la dignidad que se vive en la cotidianidad. Obliga a ponerse botas, andar trochas, calles destapadas, ríos y saberse humilde aprendiz.